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lunes, 24 de septiembre de 2012

El Mono Jojoy, capaz de hacer temblar el imperio

Al disfrutar el “tinto” (café en Colombia), comandante Jorge Briceño, ´Mono Jojoy´,
(´Mono=rubio o ojos azules)



De principio a fin, el entorno de El Mono Jojoy giró siempre alrededor de la grandeza, lo cual se evidenciaba hasta en sus más pequeñas acciones.
Por Gabriel Ángel
En el afán porque los guerrilleros se alimentaran bien, El Mono no escatimaba esfuerzos. Durante la vigencia de la zona de despeje del anterior proceso de paz, en los campamentos ubicados de camino al casco urbano de La Macarena, tenía organizados criaderos de peces, fundamentalmente cachamas, con el propósito de enriquecer el menú de las comidas consumidas por los miles de guerrilleros distribuidos en la zona. Su ingenio no desaprovechaba esa empresa, para transmitir además la idea de que las FARC éramos capaces de alcanzar grandes cosas.
En ocasiones, unidades guerrilleras pescaban enormes especímenes de cachamas en el río Guayabero, las cuales le llevaban vivas con evidente alegría. El Mono las hacía echar en los pozos destinados a criaderos, con el aparente fin de que crecieran y engordaran aún más. Si una personalidad nacional o extranjera, en el desarrollo de los contactos derivados de los diálogos del Caguán, era invitada a ingresar en alguno de esos campamentos, el Camarada disponía que de manera naturalles exhibieran esas cachamas como si fueran producto de la cría.
Después se reía divertido de las expresiones de asombro y felicitación expresadas por los sorprendidos visitantes, que no terminaban de creer lo que veían sus ojos. Por encima de la inocente broma, era fácil comprender que aquellas cachamas giganteseran en realidad un reto para él, y que ya tenía fija en su mente la idea de producirlas de igual tamaño en los pozos guerrilleros. En él todo era así.Pollos y gallinas crecían por millares en galpones bien organizados, para que tampoco faltaran la carne de ave y los huevos.Hasta mandaba vender los sobrantes.
Desafortunadamente, el transporte en camionetas de estaca desde centenares de kilómetros por polvorientas carreteras destapadas, producía el efecto de desprender las yemas de los huevos, por lo que el negocio no prosperó. Pero sí creció hasta el hastío el consumo generoso de tortillas y huevos revueltos en los campamentos. Pese a ello, no había uno en el que El Mono no tuviera dispuesta un área para el levante de marranos, que se sacrificaban al completar ocho o diez arrobas, añadiendo también esta carne a la del ganado vacuno que crecía en las sabanas anexas.
Enel campamento que se llamó Piscinas por su gigantesca represa,llegaron a concentrarse hasta tres mil guerrilleros. Como muchos otros, se trataba de una completa instalación en la que nunca faltaba el agua, la luz, el alojamiento, los transportes, la economía, la logística de armas, comunicaciones, salud, educación, propaganda y la buena alimentación. El Mono organizaba y materializaba aquello mediante una planificación rigurosa y bajo un orden impresionante, sin que transcurriera mucho tiempo entre la concepción de la idea y su realización práctica.
Y lo hacía al tiempo con un tren de actividades diarias que no le dejaba un minuto libre. Se lo veía  levantarse varias veces en la noche a atender correos y personal que llegaba de fuera, para volverse a acostar sin molestarse porque más tarde apareciera algún otro mensajero. Y sin embargo, a las dos y media de la mañana ya estaba de pie, cuidadosamente afeitado y bañado, dedicado a estudiar al menos una hora diaria, antes de que llegaran los mandos de cincuenta o más unidades cercanas a la infaltable reunión general de todos los días.
Cuando a eso de las cinco y media, atendidas todas las novedades y problemas de las distintas unidades, los mandos comenzaban a dispersarse, procedía a celebrar rápidas y ejecutivas reuniones con algunos de ellos a objeto de despachar asuntos puntuales. Inmediatamente salía a desayunar y alistarse para recibir el  parte general en formación, asunto que siempre consideró de importancia cardinal, y momento que aprovechaba para informar de asuntos importantes o emitir órdenes generales relacionadas con el orden del día y los trabajos.
Eso cuando no era que las camionetas encendidas y calentando motores lo esperaban al terminar la reunión, para embarcarse con sus escoltas en ellas y salir a velocidad impresionante por las interminables carreteras de las sabanas del Yarí, a atender asuntos relacionadas con puentes y vías en construcción, conferencias o maniobras en uno u otro curso de comandantes, artillería, salud, fuerzas especiales, organización política u otra materia, entrevistas acordadas con Manuel Marulanda Vélez, otro miembro del Secretariado o algún personaje importante.
Antes de la hora del almuerzo ya estaba de regreso de nuevo a su sede, sin importar que hubiera tenido que trasladarse cien kilómetros de allí en cumplimiento de sus tareas. No era sino bajarse de los carros y ya estaba asumiendo otras labores, como reuniones para acordar planes de acciones militares o celebrar balances de las ya realizadas. En medio de ellas, o una vez terminadas, sacaba tiempo para recorrer a pie su campamento y verificar el adelanto de todos los trabajos, así como sostener conversaciones informales y fraternas con sus subordinados.
En ellas se enteraba de la mínima novedad que ocurría,al tiempo que celebraba con ruidosas carcajadas aquellas que le producían gracia.Esos rápidos acercamientos, en los que salía a flote un singularafecto y comprensión hacia sus tropas, le ganaban el cariño y la admiración de ellas. Sin que fuera a modificarse un ápice su exigencia disciplinaria, su rigor para imponer las sanciones reglamentarias en los mecanismos indicados. Se molestaba de veras al enterarse de conductas o procedimientos abusivos o indignos de la condición revolucionaria de algún combatiente.
La tarde se le iba también en uno y otro trabajo. Hasta sus almuerzos se convertían en reuniones ejecutivas. Solía convidar a aquellos con los que tenía alguna cuestión pendiente, que a su juicio podía solucionarse de modo rápido en el intercambio de opiniones de la merienda. Si en la mañana, por obra de sus compromisos de trabajo, no había podido reunirse con los integrantes de las unidades de su guardia, no dejaba de sacar un espacio en la tarde, o en la hora cultural de la primera parte de la noche, para dictarles alguna conferencia o estudiar un material con ellos.
Pese a las enormes diferencias en las circunstancias, terminada la zona de despeje y lanzadas contra las FARC todas las iras de los planes Colombia y Patriota, el Mono nunca se apartó demasiado de su esquema de trabajo diario. Ni siquiera en las largas y duras marchas que implicaban los desplazamientos de la guerra. Tras caminar durante 7 u 8jornadasabriéndose paso en la selva, ordenaba detenerse en un lugar para descansar por dos o tres días. Entonces, en a lo sumo tres horas, eran levantadas bajo su orientación verdaderas ciudadelas guerrilleras.
Y por esos cortos días volvía a vivirse la vida de un campamento estable. Con la diferencia de que se incrementaban mucho más las seguridades. Varias avanzadas y exploraciones permanentes se encargaban sin excepción de esperar o descubrir al enemigo. Y no había sonido, trillo o movimiento extraño registrado por algún combatiente, del que no estuviera pendiente El Mono, presto en todo momento a suministrar el más contundente recibimiento a la patrulla del Ejército que se atreviera a penetrar hasta sus lugares de estación.
Porque lo preparaba todo de manera minuciosa. Pensando en grande, en propinar al Ejército golpes fuera de serie. Cada una de las compañías móviles que se movía a su lado tenía una misión precisa, un flanco, un armamento, una tarea de combate. Los desplazamientos y maniobras que cada una debía ejecutar, los explosivos que debía usar, la resistencia que le correspondía hacer, formaban parte de un plan mayor, de paulatino cerco, de aniquilación final. Los mandos militares siempre lo supieron. Por eso temían atacarlo como quisieran.
Al Mono Jojoy no podían enfrentarlo por tierra, porque había concebido en su mente un modelo operativo de resistencia guerrillera en grandes unidades. Una manera de librar la guerra irregular que desconcertaba por completo a los expertos del Pentágono. Si intentaban cercarlo y arrinconarlo en grandes operaciones, varias de sus compañías móviles se dispersaban en comandos que paralizaban las enormes patrullas con la sorpresa y rapidez de sus ataques, mientras el grueso de las fuerzas al mando de El Mono se esfumaba del terreno.
Para esperar pacientemente, un poco más allá, que alguna de  grandes unidades enemigas, separadas de las otras, se ubicara en el punto ideal para ser copada. Una posibilidad que conocían con certeza los generales norteamericanos y colombianos, y que les hacía correr un sudor frío por la espalda. Por eso preferían los bombardeos, uno tras otro. Y cada vez el uno más grande e intenso que los anteriores. De ese modo se llevaron al Mono. Con la más grande operación aérea jamás ejecutada sobre el suelo colombiano. Siendo quien era, habría sido imposible de otro modo.
Así no lo reconozcan, los hechos posteriores han demostrado su error. El Bloque Oriental de las FARC supo recibir el golpe con la misma serenidad con la que Mono recibía las malas noticias. Todo ese cuerpo de mandos, toda esa inmensa ola guerrillera entendió que el camarada Jorge, enfermo y disminuido físicamente, había decidido partir para inspirar desde el lugar donde jamás el enemigo podrá alcanzarlo, la lucha de todos ellos, sus continuadores. No hubo rendiciones ni deserciones masivas. Simplemente relevos y juramentos de vencer. De nueve mil Monos nuevos.
Montañas de Colombia, 22 de septiembre de 2012.

sábado, 22 de septiembre de 2012

FARC-EP: Evocando al Comandante Jorge Briceño en su segundo aniversario ¡Nacimos para vencer, y no para ser vencidos!

¡Nacimos para vencer, y no para ser vencidos!

– 22/09/2012

¿Quién nos va atajar a nosotros en este país? Nadie. Ni los ríos, ni el sol, ni nada.
Por eso queremos hablar. Buscar otra salida para que no haya tanto muerto.

Comandante Jorge Briceño, enero de 1999,  a la revista Semana.

El epígrafe ilustra de modo singular el optimismo y el convencimiento revolucionarios del Camarada Jorge Briceño. Nunca hablaba en primera persona, porque sabía que no se trataba de una lucha de él, como individuo, sino del esfuerzo colectivo de miles de guerrilleros de las FARC-EP, que encarnaban el sentir de un pueblo rebelde y perseguido que los animaba y respaldaba totalmente en su empeño por el poder, la paz y la justicia social.
Por eso, en los días del desmedido e infernal acoso que terminó por arrebatarle la vida, decidió rescatar y hacer suya, y de toda la gran familia fariana, aquella consigna con la que lo recordaremos siempre: ¡Nacimos para vencer, y no para ser vencidos! De esa manera transmitía el sentido de pertenencia a la clase trabajadora, a su organización partidaria, a su ejército invencible. Sabía, como Gaitán, que no era cuestión de un hombre, sino de un pueblo.
También decía al periodista en la entrevista citada: Los generales siempre han dicho que nosotros no tenemos corazón, que nosotros no tenemos ideales políticos, ni principios. Pero en eso se han equivocado toda la vida. El Mono sabía bien que no sólo los generales se equivocan con nosotros, sino el conjunto completo de las clases dominantes, de su clase política, de sus voceros y analistas. Son incapaces de interpretar la realidad desde la óptica de los de abajo.
Como aves de presa, contemplan el panorama desde las alturas. Así, para todos ellos la paz no es otra cosa que la desaparición de las guerrillas, como sea. Tal percepción les permite soñarcon satisfacción en los puntos que crecería el Producto Interno Bruto, en los beneficios que reportarían las inversiones, en los negocios que podrían celebrar al calor de su seguridad. Ninguno piensa que la paz implica desaparecer los absurdos índices de inequidad social.
Ni en que para que pueda materializarse la misma, se requerirán profundos cambios democráticos en el régimen político. Ni uno solo de los integrantes de la burguesía o el latifundismo mide la paz en términos de vidas, de solución a las carencias más sentidas de la gran población empobrecida. Menos aún en términos de respeto a la existencia de una verdadera oposición política. Para reformas está el Congreso, lleguen ahí con votos, repiten.
Como si no fuera la violencia criminal emanada del Estado la principal causa del conflicto armado colombiano. Como si las instituciones a las que nos invitan a insertarnos confiadamente no fueran mal olientes antros de corrupción política. Como si no existieran  las escandalosas evidencias diarias en torno a la vinculación de la más rancia clase política con el paramilitarismo y el narcotráfico. Como si el alto mando militar fuera ajeno a tales prácticas.
La oligarquía entreguista en el poder se regocija en la idea de que en los últimos diez años la situación mundial y nacional se transformó enormemente. Tanto que las cosas están maduras para la terminación del conflicto. Pero no porque la injusticia y la desigualdad alcancen niveles indignantes capaces de generar un irresistible estallido social. Sino porque aseguran que las guerrillas fueron vencidas estratégicamente y carecen de porvenir.
Cuando nos citan el caso de países del continente en los que fuerzas de izquierda accedieron al poder por vías electorales, disimulan su profundo desprecio hacia las fórmulas económicas, políticas y sociales del vecindario. Así como su velado anhelo de que la conspiración imperialista consiga aplastarlos. Sus monopolios mediáticos tachan esos gobiernos de odiosas dictaduras y no esquivan el afán por vincularlos al tráfico de drogas o el apoyo al terrorismo.
Manuel y Jorge Briceño, el “Mono Jojoy”

Pero donde más se pone de presente su talante soberbio y elitista es en el tema de la participación popular en el proceso de paz. No sólo parten del criterio de que la insurgencia carece del más mínimo derecho a representar la vocería del pueblo colombiano, sino además consideranque mucha gente metiendo la nariz en un asunto de tanta importancia,únicamente puede traer bochinches y entrabar los progresos en la discusión.
Así que de lo que se trata es de ser serios, de proponer cosas sensatas, de ser pragmáticos y aspirar tan solo a lo que la oligarquía está dispuesta a conceder. Que está decretado desde mucho antes, en su Plan Nacional de Desarrollo, en su ley de víctimas y restitución, en su marco legal para la paz, en su proyecto de ley de desarrollo rural. Es a esos personajes y argumentos que vamos a enfrentarnos abiertamenteen la nueva Mesa de Conversaciones.
Ya lo decía el camarada Jorge Briceño: Las FARC son muy serias en sus planteamientos sobre el proceso de conversaciones para buscar una salida civilizada distinta a los tiros… Estamos dispuestos a hacer lo que sea para buscar salidas dialogadas.Por eso mismo supimos asimilarsu muerte, y la de Alfonso, transformándolas en una superior fuerza moral, en un agudo acicate para perseverar, en una férrea decisión de victoria.Es claro que la gigantesca agresión de los últimos diez años no logró amellar un milímetro el filo de nuestras ideas.
Y éstas han demostrado suficientemente que son mucho más más fuertes que el más poderoso de los ejércitos. Nuestra inquebrantable unidad interna, nuestra elevada moral revolucionaria y el incesante apoyo popular nos garantizan que saldremos victoriosos de esta nueva prueba. Sabemos bien que el pueblo colombiano no va a quedarse callado, que siente llegada su oportunidad para reclamar y exigir, y que se movilizará masivamente por los cambios.
Refiriéndose al Presidente de entonces, el Mono expresó con su habitual desenfado: Pastranaparanosotros es un hombre de la oligarquía, un neoliberal y un delfín. Pero que tiene voluntad de hablar. Entonces vamos a ver hasta dónde le aguanta el calzón. No parece desacertado pensar en su vigencia con relación al actual primer mandatario. Las cosas en una década cambian, pero quizás no tanto como quisieran algunos.
SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 22 de septiembre de 2012