Unidades de las fuerzas especiales del bloque
comandante Alfonso Cano asaltaron una base militar de la brigada 14 a las 14.35 horas, sitio la
Torre, en el casco urbano de Corinto, Cauca.
Resultados:
5 militares muertos entre ellos el comandante de ese pelotón, 12 militares
heridos.
Material de guerra recuperado:
3
fusiles galil 2.23 - 2 cananas de ametralladora calibre 7.62 - 1 canana de
ametralladora calibre 2.23 - 8 granadas de mano - 1200 cartuchos de 5.56 - 14
proveedores de 2.23 - 3 granadas de humo – 3 chalecos antibalas – 3 equipos con
toda la dotación – 3 toallas. Propias tropas sin novedad.
NOTA:
El apoyo llego a una hora, dos helicópteros artillados a evacuar los muertos y
heridos. El asalto se hizo en medio de todo el dispositivo militar, a 150 metros del pueblo.
Abril
4 de 2013
Unidades
del bloque occidental comandante Alfonso Cano hostigaron una patrulla del
ejército por espacio de 4 horas en el sitio Guatemala donde permanece un puesto
del ejercito haciendo reten compuesto por 4 tanquetas que permanecen en el
caserío. Se hostigó con morteros 115 y 160mm y a la misma hora se hostigó otra
patrulla del ejército que se encuentra en el sitio la Chivera, se desconocen
bajas enemigas; a los 15min llega el apoyo aéreo. Propias tropas sin novedad.
Nota:
Los daños a propiedades civiles es causado porque el ejército mantiene a los
lados de las casas.
Respuesta de Timoleón
Jiménez, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
Ejército del Pueblo, a la carta enviada por la ASOCIACIÓN DE CABILDOS INDÍGENAS
CXHABWA LA KIWE (DEL NORTE DEL CAUCA)
Compañeros:
ASOCIACIÓN DE CABILDOS INDÍGENAS CXHABWA LA KIWE (DEL NORTE DEL CAUCA)
Montañas del departamento del Cauca.
Apreciados compatriotas:
Timoleón Jiménez.
He
tenido conocimiento de la comunicación recientemente dirigida por Ustedes, la
cual cuidé de leer con sumo respeto y atención. Con la misma claridad y
franqueza con que su Asociación expresa su pensamiento y propósitos, procedo a
responder sus inquietudes en mi condición de Comandante del Estado Mayor
Central de las FARC-EP, organización que como ustedes conocen, nació en 1964 a
la vida política colombiana como expresión de la resistencia popular a la
guerra de agresión contra el pueblo, y se acerca a cumplir cincuenta años de
lucha indeclinable por la paz.
Que ustedes expresen con tanto fervor su anhelo por la paz, confirma nuestra
convicción de que las grandes mayorías colombianas claman en las cuatro
esquinas del país por ese preciado bien. La guerra civil colombiana no ha sido
una decisión del pueblo de este país, sino una imposición de sus clases
pudientes dominantes. Es natural que el pueblo que la sufre la rechace con ahínco.
Nosotros somos los primeros. Por eso la combatimos en todas las formas
posibles.
Es un hecho reconocido por numerosos estudiosos de la realidad colombiana, que
la guerra en nuestro país responde a un modelo de acumulación de capital. El
despojo de la propiedad rural y su concentración en cada vez más pocas manos,
ha coincidido de manera asombrosa con las sucesivas agresiones contra las zonas
agrarias por parte de las fuerzas oficiales y paraoficiales. Pretextos
para ellas nunca han faltado. Las FARC no estamos integradas por soldados pagos
ni conscriptos, sino por gente sencilla del pueblo de Colombia que se ha
levantado a la resistencia. Campesinos, indígenas, negros y mestizos que
decidimos enfrentar con las armas la agresión.
Helicópteros desembarcando tropas en el Cauca.
Es absolutamente cierto que el despojo contra los indígenas americanos lleva más
de cinco siglos. Razón de más para luchar por su justa reivindicación.
Compartimos completamente todas las aspiraciones de las comunidades indígenas y
de hecho las estamos apoyando al riesgo de nuestra propia vida. Pero la fuerza
de los hechos históricos impone también que los indígenas no son las únicas
comunidades violentadas y perseguidas en Colombia.
A veces parece desprenderse de sus sinceras alegaciones, que las comunidades
indígenas sólo miran por ellas mismas, desconociendo la suerte de los demás
desposeídos y perseguidos de Colombia, que suman por lo menos treinta millones
de compatriotas. El grave conflicto colombiano no puede ser solucionado sólo
para las comunidades indígenas, simplemente porque ustedes hacen parte de
Colombia, habitan en territorios codiciados por los mismos terratenientes e
inversionistas que despojan a colonos, mineros, trabajadores y demás sectores
explotados.
Con todo el respeto y la consideración que merecen, me permito expresarles que
no es aislándose del resto de colombianos que claman fervientemente por la paz
y la justicia social, como van a lograr conquistar sus viejos anhelos. El Ejército
colombiano no sólo ocupa resguardos indígenas, sino que cumple su labor
predadora por todo el territorio nacional. Su misión es prestar seguridad a
inversionistas, empresarios y terratenientes nacionales o del extranjero, al
precio de aplastar cualquier oposición al modelo de saqueo y empobrecimiento
que defienden.
Nosotros no sólo creemos que el Ejército debe salir de las comunidades indígenas,
sino de todo el campo colombiano. Su misión natural es guarnecer las fronteras
en defensa de la soberanía nacional, pero las clases dominantes lo han
convertido en una máquina al servicio de poderosos intereses extranjeros,
dirigida directamente por generales norteamericanos.
La guerra del Estado se sostiene en todo territorio nacional.
El reconocimiento de la autonomía y la autoridad de las comunidades indígenas
no nos hacen ciegos ante la suma de intereses que llegan a ellas. Si los
conquistadores españoles se valieron de la Iglesia, los halagos personales y
hasta de la corrupción de muchos caciques como mecanismos de avanzada para su
presencia expoliadora, sabemos que igual sucede hoy con diversas organizaciones
de rostro humanitario, benefactor o clientelista. Fenómenos así minan la
credibilidad de muchos liderazgos en la propia base indígena y descomponen su
organización.
Sentimos sincero respeto por su oposición al empleo de la violencia como
mecanismo de lucha. En una humanidad civilizada, ajena a los intereses de
clase, seguramente que tal pretensión será generalizada. Por eso luchamos. Pero
no es menos cierto que las realidades de Colombia, gobernada secularmente por
una casta violenta y agresora, terminaron por producir la respuesta digna de
los de abajo. Y esa también es una forma respetable de lucha, que no puede ser
condenada por principio sin borrar de un plumazo la historia y rozar los límites
de la utopía.
Como se infiere de su aspiración de poder desarrollar un proyecto de vida, sin
que cambien las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que
dominan el resto del país. El problema de ustedes no puede ser examinado a
la simple luz de la no presencia del Ejército o la guerrilla en los resguardos,
porque como dice Santos, el Ejército jamás va a abandonar sus bases. Porque su
presencia encarna un modelo de dominación nacional, continental, de
aspiraciones mundiales. Lo que hay que derrotar es ese modelo, y para ello hay
que comenzar por el cambio del régimen.
Esa es nuestra lucha y la de millones de colombianos que estamos seguros los
apoyan en este momento, los cuales verían fortalecidas sus aspiraciones si ustedes
también apoyaran sus reivindicaciones. El asunto en la hora es unir fuerzas, no
separarlas.
Las guerras son cruentas, más las que enfrentan a los pueblos con regímenes
terroristas al servicio de potencias imperiales. Toda la maquinaria militar,
económica, ideológica y política es puesta en juego por estos últimos en aras
de su victoria. Ella incluye la propaganda negra, los infundios y provocaciones
más groseras. Nosotros más que nadie somos víctimas de todo eso junto.
Si a nuestra gente llegan muchachos indígenas sanos, desesperados por la
miseria en que crecieron, ansiosos por luchar para mejorar la suerte de su
pueblo, no los rechazamos. No podemos, así es la lucha. Igual sucede con
campesinos, mineros, obreros, estudiantes y toda la juventud colombiana que
decide unirse a la lucha. Las normas del Derecho Humanitario que ustedes citan
prohíben ubicar bases y cuarteles de guerra en medio de la población. Nosotros
jamás lo hacemos, ustedes saben que la tropa sí, y de manera permanente y
dolosa.
Una parte del pueblo alzado en armas contra la guerra declarada por el Estado
Ustedes exigen que no empleemos nuestras armas con riesgo para la población
civil. Nosotros somos población civil a la que la violencia estatal y
paramilitar obligó a alzarse. Jamás podríamos tener en la mente la idea de
afectar gente inocente. En eso compartimos por completo su reclamo con plena
disposición a evitar que ocurra. ¿Pero qué hacer con las fuerzas terroristas de
ocupación? Consideramos válidos y legítimos los heroicos esfuerzos que ustedes
cumplen hoy.
Si en Colombia cesan las operaciones militares, los bombardeos y
ametrallamientos, los desplazamientos forzados, el despojo de la tierra, los crímenes
contra el pueblo y la impunidad, con toda seguridad que no tendrá sentido la
existencia de las guerrillas. Si el Ejército, la Policía y los paramilitares
salen del Cauca, si termina su guerra contra indígenas, campesinos, mineros y
pueblo en general, nosotros no tendremos problemas para salir también.
En toda Colombia crece un ruidoso clamor por la paz. Por una salida política a
la confrontación. Esa ha sido entre todas la más vieja de nuestras banderas. Es
el régimen el que jamás se ha aprestado a poner fin a su predilección por la
violencia. Es a él al que hay que obligar a abrir un diálogo. Ustedes, que hoy
más que nunca sufren el estilo característico de responder en Colombia a las
aspiraciones de paz, son bienvenidos sin duda al trabajo por ella. Con su
presencia combativa estaremos mucho más cerca de ella.
Reciban todo mi afectuoso abrazo, que es el de todas las FARC-EP, el de todo el
pueblo colombiano que los admira, aplaude y respalda.
Timoleón Jiménez,
Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 20 de Julio de 2012.
NOTA: ACIN: Carta a las FARC, Miranda, julio 15 de
2012:
FARC-EP: Comunicado y recomendaciones a la poblacion civil del Bloque Occidente Comandante Alfonso Cano FARC-EP
La ofensiva militar del gobierno en campos y ciudades está llevando el conflicto armado a todo el país. La permanente utilización de la población civil como escudo por parte de la Fuerza Pública, hace que ciudadanos inocentes sean afectados en esta confrontación. LEER MÁS.
OPINIÓN: El Cauca, síntoma del agotamiento de la Unidad Nacional y desafío para el movimiento popular. Por José Antonio Gutiérrez D.
No puede existir la llamada “neutralidad” ante un enemigo que actúa como el estado colombiano, sostiene el autor de este importante documento. LEER MÁS
El avión Supetucan cuyo costo es diez millónes de dólares, valor que contrasta a la pobreza en las regiones indígenas en el Cauca. El gobierno de Uribe compró 25 aviones de ´Lula´.
"Usted no se imagina la emoción de todos,
camarada; era como si el propio Santos se hubiera estrellado de cabeza contra
el piso".
Así tumbamos el Supertucano
Tomado de un correo de la Columna
Jacobo Arenas fechado el 12 de julio
“…Estaba anunciado que Santos
vendría a Toribío a presidir el Consejo de Seguridad. Sabíamos que más que
disponer de asuntos militares, venía era a hacer propaganda a su gobierno;
porque los planes de guerra ya están elaborados y en plena ejecución; los diseñan
los comandantes militares y sus jefes gringos.
Estamos claros de su contenido:
sacar la guerrilla, matar a sus jefes, poner fin a cualquier influencia nuestra
sobre la población, correr a la gente que protesta; aquí todo el mundo sabe
eso. Muchos terratenientes y empresarios tienen planes parapara el Cauca. Para
ellos los indios, los negros, los mineros y campesinos son lo de menos; o se
someten, o se largan, o se mueren.
Pero Santos no venía a decir esas
verdades, sino a echar sus cuentos mentirosos de prosperidad; a tomarse la foto
con los pobladores; a mostrarle a Uribe que su gobierno tiene el control; a
comprarse a los líderes indígenas; a anunciarnos a nosotros que nos va a
acabar.
Por eso los camaradas le
organizaron la recepción para el 11; y nos ubicamos regados por todos esos
filos. También hay mucha tropa por ahí; pero nosotros aprendimos hace tiempo a
permanecer bien cerca. A pelearles si se arriman mucho; y acolarnos entre sus
patrullas para golpearlos en los caseríos y sus alrededores. Son descarados,
camarada; se toman los pueblos y montan ahí sus cuarteles, sus bases, sus
trincheras.
Con ametralladora Punto 50 fue derribado el Supertucan.
Hay que ver cómo se la montan a la
pobre gente; para ellos todos son apoyos nuestros, o milicianos. Por todas
partes tienen retenes con fotos que les han tomado en actos de la comunidad en
el pasado; quién sabe quién se las da. La tropa viene de verdad muy ofendida
con los civiles; les preguntan rabiosos por qué no les colaboran; es fácil
concluir que quieren aburrirlos para que se vayan. Más cuando la mayoría vive
de sus pequeños sembrados de coca; y como ahora no pueden recogerla, sus
familias están pasando física hambre.
El caso es que todo el día
estuvimos dándonos plomo con el Ejército y la Policía. Y a eso de las 16 horas
aparecieron los dos Supertucanos; entraron de los lados de Silvia, en dirección
a Jambaló. Como el personal estaba regado, los prendieron de una vez a plomo
desde distintos puntos; hasta con ametralladoras punto 50 les tiramos.
Después de pasar, uno de los
aviones se regresó; seguramente con intención de arrojarlas bombas, así es
siempre. Se ubicó en medio de los grupos nuestros; volvimos a dispararle hasta
que se vino a tierra. Usted no se imagina la emoción de todos, camarada; era
como si el propio Santos se hubiera estrellado de cabeza contra el piso.
Un comando fue enviado a registrar
el área donde se vio caer. No se podía enviar más gente; estábamos peleando por
todos lados. Lo encontraron. Los dos pilotos estaban muertos; había 4
ametralladoras punto 50, 4 bombas de 500 kilos de puro TNT, unos diez mil tiros
para las ametralladoras.
Demasiadas cosas para un grupo
pequeño; desprender y llevarse todo ese material resultaba imposible dadas las
condiciones. Los muchachos cargaron con una sola de las pesadas punto 50; y el
cuerpo de uno de los pilotos. Con la idea de entregarlo al otro día a alguna
comisión de periodistas y Cruz Roja; para que el Ejército no pudiera negar el
hecho.
Todavía estamos peleando; el
Ejército se encuentra a unos mil metros del avión derribado. Lo mantenemos a
raya con mortero de 90 milímetros y minas…”
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La bofetada de las FARC a Santos en Toribío
11 de julio 2012: La guerrilla de las FARC-EP derriba un avión de guerra Super Tucan y rodea prácticamente a Santos que reune su Consejo de Ministro en el municipio de Toribío.