Mostrando entradas con la etiqueta Timoleón Jiménez Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Timoleón Jiménez Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de enero de 2013

“La guerra no puede ser el destino de la nación”: Timochenko

Timochenko
Comandante del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP, Timoleón Jiménez  


Por primera vez “Timochenko”, máximo jefe de las Farc- EP,  habla sobre el proceso de paz en La Habana, en entrevista exclusiva al periódico Voz. 




VOZ: Se ha cumplido lo que podríamos llamar el “arranque” de la Mesa de Diálogos de La Habana, que culminó el pasado 21 de diciembre, ¿qué balance se podría hacer? ¿Pinta bien el proceso o la perspectiva es de otro fracaso como lo anuncian los pesimistas?
Timochenko: Me parece que la expresión “el arranque”, que ustedes usan, es apenas la más apropiada para describir lo cumplido hasta ahora. Se han producido anuncios, actos formales de instalación, ruedas de prensa y múltiples declaraciones, pero la verdadera discusión de los temas de la agenda apenas comienza. El Foro sobre desarrollo agrario integral abrió la puerta a la participación de la población colombiana en el proceso. También han llegado a la Mesa por otros conductos innumerables propuestas sobre la materia. Se ha empezado a hablar en la Mesa con distintos sectores vinculados al problema de la tierra. Todo eso tiene gran importancia, es indicativo de que las cosas marchan bien, sobre todo porque como informan los delegados nuestros desde La Habana, esa oleada de voces coincide en un auténtico clamor por cambios estructurales.
La posición del gobierno ha sido pública y enfática, en el sentido de no admitir debates sobre modelos de desarrollo  en ninguno de sus aspectos. Pero bueno, es su posición, la posición de una de las partes que se sienta con otra a buscar la solución política al conflicto. Por eso creemos que dicha posición está sujeta a cambios en el curso de las conversaciones. Para eso es una mesa de diálogo. Nosotros podríamos partir de exigir el poder o la extinción total de la gran propiedad rural, que siguen siendo parte de nuestras metas, pero sabemos que de ese modo no llegaríamos a ningún lado. El gobierno debe tener compromisos políticos y pactos de lealtad con intereses muy poderosos en el campo, sin embargo, ellos no pueden constituir la exclusiva guía para su conducta. La dinámica política puede conducir a la prevalencia de otros intereses. Al respecto somos optimistas. No cabe duda que las movilizaciones sociales que seguramente se producirán este año tendrán grandes repercusiones en todo esto.
 VOZ: Respecto a la duración de este proceso que es complejo y difícil, ¿Cuál es el “tiempo razonable”, para las FARC-EP, por que el gobierno nacional tiene un plazo hasta noviembre del presente año?
Timochenko: Lo razonable es no comprometer plazos, aunque voces interesadas interpreten esto como la eternización de unos diálogos inocuos. Los enemigos de las paz y de este proceso siempre se hayan prestos a las exageraciones y distorsiones. Se trata es de partir de realidades. En Mayo cumpliremos 49 años de confrontación armada que se prolongarán quizás muchos más sino se logra un acuerdo de reconciliación. Frente a esto ¿Qué sentido tiene armar un escándalo por unos meses más o un par de años más de diálogos, cuando de lo que se trata es de consolidar la terminación del conflicto y la paz en nuestro país?  Tras uno o más lustros de guerra siempre se volvería a una Mesa; así que es mejor, sin afanes, ahorrarle toda esa sangre a Colombia.
VOZ: La participación social y popular ha sido uno de los temas de debate. Es evidente que el gobierno nacional prefiere un proceso aislado de la realidad nacional, sin “ruido” como dicen con desprecio. ¿Cree que la positiva experiencia del Foro Agrario debe repetirse en los siguientes puntos de la Agenda contenida en el Acuerdo de la “Fase exploratoria”?
Timochenko: Le decía que la experiencia del Foro Agrario Integral abrió la puerta a la participación popular en el proceso. En adelante, esta debe crecer como una bola de nieve que rueda nevada abajo. El pueblo Colombiano no necesita permisos del gobierno para pronunciarse y movilizarse. En gran medida esa es la paz que buscamos, la de la participación decisoria de la nación en las grandes definiciones que atañen a su futuro. Eso ya no se puede seguir prohibiendo en Colombia.
VOZ: El gobierno al parecer tiene dos discursos respecto al proceso de paz.  Algunos voceros gubernamentales dicen que el Ministerio de Defensa suele salirse del “libreto”, pero nadie lo pone en cintura.  ¿Será una táctica del Gobierno en el sentido de que unos hagan de “buenos” y otros de “malos”? ¿O es abierto desafío al presidente Santos del sector ultraderechista y guerrerista en el gobierno?
Timochenko: No creemos que se trate de tácticas o desafíos de la extrema derecha al presidente Santos.  Más bien es el reflejo político de los distintos intereses económicos que bullen en las alturas.  El actual gobierno es heredero de la seguridad democrática, un practicante devoto del credo neoliberal, desempeña a cabalidad su papel de agente del imperio en el sur del continente, confía ciegamente en la Espada de Honor, su plan militar de exterminio.  Su apuesta a la paz por vías del diálogo pone de manifiesto la fuerza que en el interior de su coalición toman determinadas conveniencias de momento, pese a la tozudez de algunos contradictores internos.  Lo que está claro es que su idea de paz no coincide con la de las grandes mayorías desfavorecidas, y ese es el verdadero debate.
VOZ: a propósito de este tema, algunos “analistas” de la derecha le atribuyen la misma conducta a las FARC-EP (la de los libretos) y  ponen como ejemplo la ausencia del Bloque Sur en la delegación de Paz que está en La Habana. ¿Qué opina al respecto?
Timochenko: Gran parte de la intelectualidad y  la academia cooptadas por el unanimismo neoliberal desde los años 90, se especializó, no sabemos de qué modo, en el estudio de las FARC. Ustedes los escuchan o leen todo el tiempo pontificando sobre nosotros. En realidad todos ellos son agentes a sueldo del gran capital, cumpliendo con su deber de satanizar las alternativas políticas y sociales al modelo depredador, cuando no hacen parte de las operaciones sicológicas desarrolladas por la inteligencia militar. No hay una sola declaración de Joaquín Gómez o Fabián Ramírez que exprese algún tipo de discrepancia con el resto del Estado Mayor Central de las FARC. En aras de la información objetiva, podemos entregarles para su publicación, la circular emitida por el Blo0que Sur de las FARC a todos sus combatientes con relación al actual proceso de paz. Ella sola pone en su lugar toda esta charlatanería barata
VOZ: En las organizaciones sociales y populares existe una preocupación, porque el gobierno nacional mientras hace presencia en La Habana, en Colombia tiene una agenda antipopular, neoliberal y reaccionaria, como el fuero militar (ya aprobado), la reforma tributaria (ya aprobada), la reforma pensional en camino y otras medidas para descargar el peso de la crisis sobre los trabajadores. Son mensajes equívocos gubernamentales. ¿Cómo hacer para que ello no le quite legitimidad y peso a La Mesa de La Habana?
Timochenko: La Mesa de La Habana esta muy lejos de ser la Notaría encargada de avalar las antipopulares y antipatrióticas políticas del gobierno de Juan Manuel Santos. Precisamente allá estamos sentados también las FARC con el propósito indeclinable de denunciar y contradecir esas políticas que por servir de modo exclusivo a unas elites se convierten en combustible  permanente del conflicto. La Mesa es una conquista del pueblo Colombiano, una ventana a la verdad, una puerta que se le abre a la muralla de la intolerancia y la violencia, para luchar por grandes transformaciones en el país. Su legitimidad y peso real se encuentra en el protagonismo que el movimiento popular y social de Colombia asuma por la conquista de una nueva patria. En esa lógica, las políticas neoliberales de Santos solo podrían fortalecer la importancia de la Mesa de Habana como instrumento de lucha para combatirlas.
VOZ: ¿Están las FARC dispuestas mantenerse en La Mesa, hasta el final, cuando haya un acuerdo de paz estable y duradera?
Timochenko: Eso está fuera de toda duda.
VOZ: El ELN y el EPL están planteando la decisión de abrir el diálogo con el Gobierno, ¿cómo lo ven las FARC-EP y cree que en algún momento esos procesos puedan encontrarse?
Timochenko: Nos parece un planteamiento correcto, la guerra no puede ser el destino de esta nación. De hecho en el primer punto del Acuerdo General quedó planteada la invitación a los demás grupos insurgentes a sumarse a este proceso. Guardamos el más absoluto respeto por las decisiones de las direcciones de esas organizaciones revolucionarias, lo que no nos impide considerar que en una sola Mesa la unidad del movimiento popular tendría mucha mayor relevancia. Sobre todo cuando voceros de la oligarquía, como Enrique Santos Calderón, se han expresado en términos tan despectivos con relación a la importancia de esas organizaciones.
VOZ: Para algunos partidos y sectores de la izquierda, los procesos de paz de las guerrillas deben ser útiles para estimular la unidad popular, para una nueva realidad democrática y social que le dé al pueblo colombiano la opción de poder. ¿Cree usted eso posible?
Timochenko: No solamente es posible, sino absolutamente necesario y urgente.

jueves, 26 de julio de 2012

Respuesta de Timochenko a la carta de la organización indígena ACIN dirigida al jefe de las FARC


Respuesta de Timoleón Jiménez, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo, a la carta enviada por la ASOCIACIÓN DE CABILDOS INDÍGENAS CXHABWA LA KIWE (DEL NORTE DEL CAUCA)
Compañeros: 

ASOCIACIÓN DE CABILDOS INDÍGENAS CXHABWA LA KIWE (DEL NORTE DEL CAUCA)

Montañas del departamento del Cauca.

Apreciados compatriotas: 
Timoleón Jiménez.
He tenido conocimiento de la comunicación recientemente dirigida por Ustedes, la cual cuidé de leer con sumo respeto y atención. Con la misma claridad y franqueza con que su Asociación expresa su pensamiento y propósitos, procedo a responder sus inquietudes en mi condición de Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, organización que como ustedes conocen, nació en 1964 a la vida política colombiana como expresión de la resistencia popular a la guerra de agresión contra el pueblo, y se acerca a cumplir cincuenta años de lucha indeclinable por la paz.
Que ustedes expresen con tanto fervor su anhelo por la paz, confirma nuestra convicción de que las grandes mayorías colombianas claman en las cuatro esquinas del país por ese preciado bien. La guerra civil colombiana no ha sido una decisión del pueblo de este país, sino una imposición de sus clases pudientes dominantes. Es natural que el pueblo que la sufre la rechace con ahínco. Nosotros somos los primeros. Por eso la combatimos en todas las formas posibles.
Es un hecho reconocido por numerosos estudiosos de la realidad colombiana, que la guerra en nuestro país responde a un modelo de acumulación de capital. El despojo de la propiedad rural y su concentración en cada vez más pocas manos, ha coincidido de manera asombrosa con las sucesivas agresiones contra las zonas agrarias por parte de las fuerzas oficiales y paraoficiales. Pretextos para ellas nunca han faltado. Las FARC no estamos integradas por soldados pagos ni conscriptos, sino por gente sencilla del pueblo de Colombia que se ha levantado a la resistencia. Campesinos, indígenas, negros y mestizos que decidimos enfrentar con las armas la agresión.
Helicópteros desembarcando tropas en el Cauca.
Es absolutamente cierto que el despojo contra los indígenas americanos lleva más de cinco siglos. Razón de más para luchar por su justa reivindicación. Compartimos completamente todas las aspiraciones de las comunidades indígenas y de hecho las estamos apoyando al riesgo de nuestra propia vida. Pero la fuerza de los hechos históricos impone también que los indígenas no son las únicas comunidades violentadas y perseguidas en Colombia.
A veces parece desprenderse de sus sinceras alegaciones, que las comunidades indígenas sólo miran por ellas mismas, desconociendo la suerte de los demás desposeídos y perseguidos de Colombia, que suman por lo menos treinta millones de compatriotas. El grave conflicto colombiano no puede ser solucionado sólo para las comunidades indígenas, simplemente porque ustedes hacen parte de Colombia, habitan en territorios codiciados por los mismos terratenientes e inversionistas que despojan a colonos, mineros, trabajadores y demás sectores explotados.
Con todo el respeto y la consideración que merecen, me permito expresarles que no es aislándose del resto de colombianos que claman fervientemente por la paz y la justicia social, como van a lograr conquistar sus viejos anhelos. El Ejército colombiano no sólo ocupa resguardos indígenas, sino que cumple su labor predadora por todo el territorio nacional. Su misión es prestar seguridad a inversionistas, empresarios y terratenientes nacionales o del extranjero, al precio de aplastar cualquier oposición al modelo de saqueo y empobrecimiento que defienden.
Nosotros no sólo creemos que el Ejército debe salir de las comunidades indígenas, sino de todo el campo colombiano. Su misión natural es guarnecer las fronteras en defensa de la soberanía nacional, pero las clases dominantes lo han convertido en una máquina al servicio de poderosos intereses extranjeros, dirigida directamente por generales norteamericanos.

La guerra del Estado se sostiene en todo territorio nacional.
El reconocimiento de la autonomía y la autoridad de las comunidades indígenas no nos hacen ciegos ante la suma de intereses que llegan a ellas. Si los conquistadores españoles se valieron de la Iglesia, los halagos personales y hasta de la corrupción de muchos caciques como mecanismos de avanzada para su presencia expoliadora, sabemos que igual sucede hoy con diversas organizaciones de rostro humanitario, benefactor o clientelista. Fenómenos así minan la credibilidad de muchos liderazgos en la propia base indígena y descomponen su organización.
Sentimos sincero respeto por su oposición al empleo de la violencia como mecanismo de lucha. En una humanidad civilizada, ajena a los intereses de clase, seguramente que tal pretensión será generalizada. Por eso luchamos. Pero no es menos cierto que las realidades de Colombia, gobernada secularmente por una casta violenta y agresora, terminaron por producir la respuesta digna de los de abajo. Y esa también es una forma respetable de lucha, que no puede ser condenada por principio sin borrar de un plumazo la historia y rozar los límites de la utopía.
Como se infiere de su aspiración de poder desarrollar un proyecto de vida, sin que cambien las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que dominan el resto del país. El problema de ustedes no puede ser examinado a la simple luz de la no presencia del Ejército o la guerrilla en los resguardos, porque como dice Santos, el Ejército jamás va a abandonar sus bases. Porque su presencia encarna un modelo de dominación nacional, continental, de aspiraciones mundiales. Lo que hay que derrotar es ese modelo, y para ello hay que comenzar por el cambio del régimen.
Esa es nuestra lucha y la de millones de colombianos que estamos seguros los apoyan en este momento, los cuales verían fortalecidas sus aspiraciones si ustedes también apoyaran sus reivindicaciones. El asunto en la hora es unir fuerzas, no separarlas. 

Las guerras son cruentas, más las que enfrentan a los pueblos con regímenes terroristas al servicio de potencias imperiales. Toda la maquinaria militar, económica, ideológica y política es puesta en juego por estos últimos en aras de su victoria. Ella incluye la propaganda negra, los infundios y provocaciones más groseras. Nosotros más que nadie somos víctimas de todo eso junto.

Si a nuestra gente llegan muchachos indígenas sanos, desesperados por la miseria en que crecieron, ansiosos por luchar para mejorar la suerte de su pueblo, no los rechazamos. No podemos, así es la lucha. Igual sucede con campesinos, mineros, obreros, estudiantes y toda la juventud colombiana que decide unirse a la lucha. Las normas del Derecho Humanitario que ustedes citan prohíben ubicar bases y cuarteles de guerra en medio de la población. Nosotros jamás lo hacemos, ustedes saben que la tropa sí, y de manera permanente y dolosa.
Una parte del pueblo alzado en armas contra la guerra declarada por el Estado

Ustedes exigen que no empleemos nuestras armas con riesgo para la población civil. Nosotros somos población civil a la que la violencia estatal y paramilitar obligó a alzarse. Jamás podríamos tener en la mente la idea de afectar gente inocente. En eso compartimos por completo su reclamo con plena disposición a evitar que ocurra. ¿Pero qué hacer con las fuerzas terroristas de ocupación? Consideramos válidos y legítimos los heroicos esfuerzos que ustedes cumplen hoy.
Si en Colombia cesan las operaciones militares, los bombardeos y ametrallamientos, los desplazamientos forzados, el despojo de la tierra, los crímenes contra el pueblo y la impunidad, con toda seguridad que no tendrá sentido la existencia de las guerrillas. Si el Ejército, la Policía y los paramilitares salen del Cauca, si termina su guerra contra indígenas, campesinos, mineros y pueblo en general, nosotros no tendremos problemas para salir también.
En toda Colombia crece un ruidoso clamor por la paz. Por una salida política a la confrontación. Esa ha sido entre todas la más vieja de nuestras banderas. Es el régimen el que jamás se ha aprestado a poner fin a su predilección por la violencia. Es a él al que hay que obligar a abrir un diálogo. Ustedes, que hoy más que nunca sufren el estilo característico de responder en Colombia a las aspiraciones de paz, son bienvenidos sin duda al trabajo por ella. Con su presencia combativa estaremos mucho más cerca de ella.
Reciban todo mi afectuoso abrazo, que es el de todas las FARC-EP, el de todo el pueblo colombiano que los admira, aplaude y respalda.
Timoleón Jiménez, 

Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP 

Montañas de Colombia, 20 de Julio de 2012.

NOTA: ACIN: Carta a las FARC, Miranda, julio 15 de 2012:


Más sobre el tema:
Video:
http://youtu.be/VZey5hInQRk



FARC-EP: Comunicado y recomendaciones a la poblacion civil del Bloque Occidente Comandante Alfonso Cano FARC-EP
La ofensiva militar del gobierno en campos y ciudades está llevando el conflicto armado a todo el país. La permanente utilización de la población civil como escudo por parte de la Fuerza Pública, hace que ciudadanos inocentes sean afectados en esta confrontación. LEER MÁS.


OPINIÓN: El Cauca, síntoma del agotamiento de la Unidad Nacional y desafío para el movimiento popular. Por José Antonio Gutiérrez D.
No puede existir la llamada “neutralidad” ante un enemigo que actúa como el estado colombiano, sostiene el autor de este importante documento. LEER MÁS