jueves, 9 de agosto de 2012

Carta de la Prisionera de Guerra Marinelly Hernández Orozco


Inquebrantable, la Prisionera de Guerra MarinellyHernández Orozco que se negó a declarar ante los jueces por pertenecer una organización politíca-militar que combate en vez de reconocelas leyes colombianas. ESCUCHA SU DECLARACIÓN: https://www.box.com/s/05be4b0e1feac8ecc4d7




Carta de la Prisionera de Guerra Marinelly Hernández Orozco


48 años de resistencia en Colombia
Por Marinelly Hernández Orozco
Martes, 07 Agosto 2012
La CRB-VR presenta un escrito de la Prisionera de Guerra Marinelly Hernández Orozco, quien con motivo del 48 aniversario de las FARC-EP nos hace llegar sus saludos: "Les escribo a todos ustedes en este mayo de 2012, en que todos los guerrilleros de las FARC-EP estamos conmemorando 48 años de resistencia y lucha político-militar, contra este régimen oligárquico capitalista, que apoyado por potencias guerreristas extranjeras han impuesto una guerra salvaje a nuestro pueblo colombiano, al más alto costo de “vidas humanas”.
Mayo 27 de 2012
Saludo al pueblo colombiano y en general a los pueblos hermanos de lucha en el mundo entero, que reivindican los derechos en los diferentes escenarios. Honor y gloria a nuestro comandante camarada Manuel Marulánda Vélez, indómito revolucionario, padre creador de nuestra hermosa organización guerrillera, las FARC-EP.
Honor y gloria a nuestros comandantes miembros del Estado mayor Central de las FARC-EP y su secretariado, a los combatientes, milicianos bolivarianos, militantes del Partido comunista Clandestino, campesinos, y todos los que en el transcurso de esta ardua guerra han entregado sus vidas por la concreción de esta noble causa.
Les escribo a todos ustedes en este mayo de 2012, en que todos los guerrilleros de las FARC-EP estamos conmemorando 48 años de resistencia y lucha político-militar, contra este régimen oligárquico capitalista, que apoyado por potencias guerreristas extranjeras han impuesto una guerra salvaje a nuestro pueblo colombiano, al más alto costo de “vidas humanas”.

Orgullosa de pertenecer a las FARC-EP quiero reivindicar la lucha revolucionaria desde la parte trasera de los barrotes que me impiden estar de cuerpo en la libertad y en compañía de todos y todas ondear las banderas de la dignidad y la lucha, así como el más hermoso compromiso con nuestro pueblo.
En este 27 de mayo las FARC-EP tenemos más razones para continuar luchando y combatiendo al enemigo de clase. Las amenazas guerreristas han existido en contra de nuestra organización a lo largo de estos 48 años de lucha. Guerras hemos vivido todos los colombianos hace muchos años, la misma que ha venido desangrando nuestra patria desde el año 1492 y cuya punta de lanza hoy son los militares y paramilitares.
Por eso, las amenazas de aniquilar a los integrantes de las FARC-EP, hechas por el señor Juan Manuel Santos, ilegítimo presidente de Colombia, causan cierta hilaridad. Lo que santos deja ver son los ataques de histeria en el afán de camuflar el desconcierto que produce su incapacidad para derrotar la protesta social. Les resulta complicado luchar contra un ejército revolucionario, armado ideológicamente, con principios y razones de lucha, que aplica una táctica acertada y una estrategia para la toma del poder.
Debe ser vergonzoso quedar mal en público con falsas desmovilizaciones pues años atrás han pretendido engañar al mundo mostrando una guerrilla derrotada, cuando la realidad es de lucha y dignidad.
El Estado colombiano nos ha cerrado todas las puertas para vivir en paz y con justicia social dejándonos como único camino el de la lucha.
Nuestra lucha es la prolongación de las luchas históricas por la primera independencia, que hoy alimentada por las multiples luchas reivindicativas y estructurales, se encamina a la consecución de la segunda y definitiva independencia, que acabe con la expoliación y las masacres.
En 1492, fue el año que el imperio español interrumpió la tranquilidad, la sana convivencia de los pueblos indígenas americanos, más concretamente en Suramérica, donde a su paso arrasaron con costumbres culturales, religiosas y riquezas naturales del suelo y el subsuelo convirtiendo nuestra patria en territorios desolados y en socavones como consecuencia de la irracional explotación y robo de las riquezas de la nación. Lo mismo sucedió con los experimentos, la mezcla de razas a través, torturando y despareciendo poblaciones enteras, como en la actualidad está sucediendo con el imperio capitalista que gobierna.
Desde 1492, Nuestra América está bañada por mares de sangre en una confrontación de los poderosos contra los más pobres, llevándose a su paso todas las riquezas que nos pertenecen: tierras, recursos, la tranquilidad, la paz. Hacen uso de su poder bélico, apoyados en la más desarrollada tecnología y en la guerra sucia.
Simón Bolívar El Libertador, el padre de nuestra patria luchó contra los españoles liderando batallas al frente de un numeroso ejército revolucionario, para conseguir la libertad e independencia de cinco repúblicas. Bolívar liberó a esclavos, que eran víctima de la crueldad de los españoles hasta causarles su muerte. Bolívar devolvió a los indígenas y mestizos las tierras que los españoles habían robado. Con su ejército revolucionario y su incansable lucha devolvió la tranquilidad a las naciones golpeadas por los invasores; lastimosamente las oligarquías traicionaron su ideario y torcieron su proyecto de dignidad y garantías sociales.
Qué vergüenza que en la historia oficial, esta brutal invasión aparezca como el “descubrimiento de América”, cuando tristemente fue la puerta de entrada al genocidio, al destierro, a la esclavitud de indígenas y negros, fue el comienzo de una guerra recrudecida sin regreso a la normal tranquilidad, la guerra infinita que ha azotado por décadas a nuestros pueblos.
Son estos hechos causa de la rebeldía de las pobrerías, heredada por los marquetalianos, que un 27 de mayo decidieron no permitir que el gobierno capitalista de Colombia siguiera tratando los problemas de los pueblos como le viniera en gana, como sucedió con la masacre de los trabajadores bananeros el 6 de diciembre de 1928 porque reclamaban sus derechos. O como el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de Abril de 1948, sin numerar los otros miles que conocemos y que permanecen en la impunidad.
Cuando el gobierno niega la ayuda a los campesinos de Marquetalia para carreteras, escuelas, puestos de salud, inversión agraria, y se inclinó por la guerra, declarando a Marquetalia como república independiente para justificar la agresión militar al movimiento agrario, es que se produce el levantamiento en armas de 48 campesinos que bajo un gigantesco operativo compuesto por 16.000 efectivos con el apoyo de los EEUU llevaban la misión de exterminarlos.
Abandonaron a sus mujeres, hijos y los pocos bienes para organizarse en un ejercito revolucionario que nace el 27 de mayo de 1964, desde esa fecha venimos luchando de manera ininterrumpida al lado del pueblo colombiano. Una lucha a conciencia buscando la igualdad social y el respeto de nuestra soberanía.
Son 48 años donde hemos sido incansables en la búsqueda de una salida política dialogada al grave conflicto social y armado , para lograr la paz, pero la oligarquía colombiana ante nuestras propuestas de paz ha respondido con planes de guerra terrorista y la justificación para sabotear la esperanza del pueblo de que se abra un camino hacia la paz con justicia social, que tanto queremos los colombianos, quedando claro que tenemos que luchar y que las FARC-EP estamos más vivas que hace 48 años.
¡VIVAN LAS FARC-EP!
¡CON BOLIVAR, CON MANUEL, CON EL PUEBLO AL PODER!
MarinellyHernandez Orozco.
Complejo Carcelario de Ibague Tolima.

Recomendaciones a la población civil de las FARC-EP

“La población civil debe abstenerse de abordar vehículos
militares de cualquier tipo
”


Por FARC-EP
2012-08-07-abpnoticias-farc-ep-La ofensiva militar del gobierno en campos y ciudades está llevando el conflicto armado a todo el país. La permanente utilización de la población civil como escudo por parte de la Fuerza Pública, hace que ciudadanos inocentes sean afectados en esta confrontación.
Con el fin de impedir que esto continúe sucediendo, las FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA (FARC-EP), hacen las siguientes recomendaciones:
  1. La población civil debe evitar que los cuarteles militares y de policía sean ubicados cerca a sus casas de habitación o a lugares de concentración pública.
  2. La población civil debe evitar que militares y policías les utilicen sus vehículos particulares o vehículos de transporte público en servicio. Si los propietarios o conductores son obligados, es preferible bajarse y entregar las llaves del vehículo, dejarlo a responsabilidad de los militares y exigir la firma de un papel que así lo señale.
  3. La población civil debe abstenerse de abordar vehículos militares de cualquier tipo.
  4. Los vehículos civiles en las carreteras, deben conservar una distancia mínima de 500 metros respecto de vehículos y caravanas militares.
  5. La población civil debe abstenerse de servir de guía a las patrullas de la Fuerza Pública en las zonas rurales.
  6. La población civil debe abstenerse de ingresar a guarniciones militares o a cuarteles de policía. Tampoco debe dormir en ellos.
  7. En zonas de conflicto, los vehículos de prensa y de organismos humanitarios deben transitar con distintivos perfectamente visibles y a mínima velocidad.
ESTADO MAYOR CENTRAL
FARC-EP

¡No más! a los acólitos del neoliberalismo: Rubén Zamora, FARC-EP




URIBE EN CÚCUTA

Por Rubén Zamora, FARC-EP

2012-08-08
Mala fortuna de los cucuteños, venir, el expresidente Uribe, a buscar nuevos ruidos con las autoridades del gobierno bolivariano. Este encomendero del diablo urdió conspiraciones y ejecutó agresiones contra países vecinos alborde de impredecibles consecuencias. Que no se olvide la causa de la gravísima caída de las exportaciones colombianas a la República Bolivariana de Venezuela. Estas tenían un techo superior a los 7 mil millones de dólares y descendieron vertiginosamente hasta ubicarse por debajo de mil millones.
Aquellos días difíciles, marcaron un hito en que parece haberse anclado la dinámica productiva y comercial de algunos sectores de la economía regional con consecuencias que trascendieron en la economía de decenas de miles de familias cucuteñas, que como casi todas las del país, también se desencantaron de la llamada prosperidad democrática.
La mayor parte de la dirigencia política regional y local asumió complaciente actitud con esa hidra que se revuelca presa de odios y venganzas. Monstruo que engendró las peores criaturas con arsenales suficientes para sembrar terror, descuartizar seres humanos indefensos, desplegar un modelo económico como el monocultivo de la palma africana basado en el robo de tierras, desplazamiento, humillaciones, extorsiones, robo de viviendas, vehículos, ganados, establecimientos comerciales y otros bienes, como ocurrió en Norte de Santander.
Esa misma dirigencia seguramente llame a respaldar iniciativas como la Constituyente promovida por el uribismo, con el irrefutable propósito de blindarse de las investigaciones en curso por los crímenes que se le imputan relacionados con íntimos vínculos con el paramilitarismo, el narcotráfico, la corrupción, las chuzadas del DAS, el cohecho para su reelección y tantas infamias que destilaron de la Casa de Nariño, que por cierto,deshonra el nombredel primer defensor de los derechos humanos en nuestra patria.
Uribe, también en Cúcuta, vomitó lenguaradas de aversión fascista con el aplauso de unos y el silencio cómplice de otros. Más les importan las nefastas aspiraciones de los exponentes de la seguridad democrática, la confianza inversionista (multinacional) y la cohesión social, que el sentir de una región profundamente deprimida económica y socialmente. Ellos, institucionalizaron la influencia de las mafias del narcotráficoapresurando la descomposición del Establecimiento. No tienen autoridad moral para elevar una sola voz disonante. Claro que no, si los encontramos en el sainete de espectacular actuación parlamentaria que firman las leyes sin leer la letra gorda ni la menuda, como la del expresidente del Congreso, senador Juan Manuel Corzo Román, uno de los deudospolíticos del paramilitar Bloque Catatumbo al mando de Salvatore Mancuso.

SUFICIENTE, UN POCO de sentido común, para comprender las culpas de esta corrompida clase política con la embarazosa situación de crisis regional. Con la credencial que se presenten, no son más que una extensión de un fenómeno anacrónico, enfermizo, de esa pandemia violenta del capitalismo salvaje que ha degenerado en todas las miserias, conduciendo al país a ser uno de los finalistas mundiales en desigualdad, pobreza y terrorismo de Estado.
La tozuda realidad, reafirma que la orientación de la verdadera perspectiva política está en la más amplia unidad hacia una opción democrática y popular que blinde a los colombianos de los efectos de la crisis mundial, sobre la base de impulsar un desarrollo económico, ambiental y socialmente sostenible y sustentable, como influjo de la iniciativa creadora de las mayorías, que además, están llamadas a edificar la nación política, social y culturalmente en los más preciados valores de humanidad.
Los odios, conducen a la deshumanización y a la guerra como un instrumento ciego de dominación y destrucción. Que la guerra no sea una condición insuperable como camino de liberación. Nuestro pueblo, debe ganar los escenarios que rompan esa doctrina corrupta, mafiosa, violenta y nefasta que ha inspirado al Estado, con graves impactos en la sociedad. Es necesario entonces, construir una política sobre la base del diálogo y el análisis colectivo y constructivo, que defina un proyecto representativo e incluyente, con una clara orientación estratégica dela nueva Colombia.
La llave de la paz debe girar por el lado que se abren las puertas a la esperanza, de la solución política al grave conflicto del país. Llegó la hora de los colombianos decentes, de reivindicar el acervo patriótico y democrático que se quiso sepultar con el crimen político, de decirles:¡no más! a los acólitos del neoliberalismo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

VIDEO: La lucha permanente por la segunda y definitiva independencia



VAMOS AVANZANDO

En este siete de agosto el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia reivindica la lucha permanente por la segunda y definitiva independencia, por hacer realidad el proyecto de nuestro Libertador de establecer una patria donde el bienestar sea para las mayorías del país.

Por la solución política a la guerra y por la plataforma bolivariana por la Nueva Colombia desde campos y ciudades vamos avanzando hasta alcanzar nuestra meta, la meta que beneficia a las grandes mayorías.
http://youtu.be/5p49zbd_O2A
MOVIMIENTO BOLIVARIANO SUROCCIDENTE DE COLOMBIA 

viernes, 3 de agosto de 2012

Investigación: El poder de la tierra en Colombia


Jesús Santrich, FARC-EP.

Investigación: El poder de la tierra en Colombia

ANNCOL ofrece abajo un trabajo investigativo crítico realizado por el comandante e integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, Jesús Santrich, que en cuatro artículos, que incluye audio, analiza el tema de la tierra en Colombia.
Redacíon de ANNCOL




LA TIERRA EN COLOMBIA.

LOS VERDADEROS AUTORES DEL DESPOJO (I).

Por Jesús Santrich, integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP


La “restitución de tierras”, dentro de la llamada “revolución agraria” de Juan Manuel Santos, no es un acto humanitario y de reconciliación social, sino el procedimiento engañoso para darle marco jurídico a la desposesión violenta que se ha venido haciendo a lo largo de décadas y que se acentuó especialmente durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, del que el actual Presidente fue su Ministro de Defensa y jefe de los llamados “falsos positivos”.

El gobierno conoce perfectamente que al menos 2.428 familias de oligarcas controlan aproximadamente el 53.5 % de la tierra apta para cultivar; esto en contraste con 2.2 millones de familias campesinas que sobreviven de cualquier manera en el área restante. Y no es este grueso problema el que pretende resolver; menos cuando está claro que en dos décadas las pobrerías agrarias han sido despojadas de alrededor de 7 millones de hectáreas por los agentes del Terrorismo de Estado.

Es inocultable el objetivo de darle legalidad a lo que hasta ahora sólo fue un despojo violento y criminal, definiendo derechos de propiedad y ordenando la geografía de la misma, delimitando las zonas de reserva campesina, los territorios indígenas, los espacios de las comunidades afro-descendientes, formalizando el dominio estatal de los baldíos, para desenvolver con más rigor y eficacia la acumulación capitalista:

Organiza el mercado de tierras.

-          Favorece la incursión y consolidación de las trasnacionales en lo que respecta al acaparamiento del espacio para su depredación.
-           
-          Facilita la explotación a fondo, “dando garantías” al capital, a los inversionistas, para que accedan a las concesiones sobre los territorios, y a lo que llaman derechos de superficie.
-           
-          Proyecta con la legalización, un despojo en términos legales porque responderá a un ordenamiento que se presentará como necesidad o prioridad nacional sobre la que no se permitirá obstáculo alguno. Cuando se requiera que alguien transmita su derecho de propiedad esto tendrá que hacerse porque así lo define la ley y punto o simplemente, a las buenas o a las malas, se debe ceder la tierra en renta; algo muy “democrático” seguramente; la democratización del rentismo, que es una forma más cínica del despojo.

Así, reiteremos, se le “restituye” la propiedad a los despojados para luego obligarles al arrendamiento. Se trata de lo que los especialistas llaman “solución financiarizada de la cuestión agraria”. Pero como si fuera poco esta reprimarización y desnacionalización de la economía, cuya base es el despojo de la tierra, se reforzará el procedimiento con las pretensiones del “Proyecto de Ley General Agraria y de Desarrollo Rural”, que reordenará el territorio en función de la depredación; en fin, la dictadura de la entrega del país a las trasnacionales: por ahora, 38 millones de hectáreas para la exploración petrolera; 11 millones de hectáreas para la exploración y explotación mineras; 12 millones de hectáreas para la explotación forestal también extractiva; 39.2 millones de hectáreas para la ganadería extensiva; 3.6 millones de hectáreas de producción agrícola, cuando se tiene un área cultivable de 21.5 millones de hectáreas, de un total de 114 millones de hectáreas que tiene nuestro país.

Dibujado este panorama, la insurgencia, aparece como un factor incómodo para que las transnacionales y sus lacayos oligarcas criollos continúen el saqueo de la riqueza de los colombianos. De ahí deriva el sufrimiento de Juan Manuel por la existencia de la insurgencia, más cuando se había convencido de su propia invención que hablaba del fin del fin de la guerrilla.

La rendición de nuestras banderas no pasa de ser el delirio de un servil monigote vende-patria al que nada importa la destrucción del páramo de Santurbán ni de la gente de la que depende su riqueza hídrica; nada le importan los destrozos ambientales y sociales que produzca en el Huila la hidroeléctrica El Quimbo, nada le importa la suerte de las 500 familias que serán desplazadas de manera obligada sino el lucro que obtendrá la transnacional EMGESA; nada le importa la suerte de los cuatro millones de colombianos cuyo abastecimiento de agua depende de las fuentes de La Colosa en Cajamarca; su interés se centra en las ganancias que puedan generarle a los capitalistas los 9.000 títulos de explotación y los 20.000 que están en trámite (4 % y 20 % del territorio nacional respectivamente), dispuestos para alimentar el hambre de oro de las trasnacionales.

Negocios son negocios, así que para qué preocuparse por la pauperización creciente de los 12 mil trabajadores tercerizados en el enclave petrolero de Campo Rubiales. Lo importante es que en el balance del año 2011 la empresita duplicó sus ganancias netas.

En esta historia lo que impera es la diseminación de los enclaves extranjeros que nos succionan la sangre, la precarización laboral para nuestros hermanos trabajadores, la destrucción de nuestros bosques, la degradación de la tierra con los proyectos que aspiran a la generación de los agro-combustibles, la entrega desvergonzada de la Orinoquia y de la Amazonia, del Pacífico, del país entero…, la reprimarización, la desnacionalización, el favorecimiento al capital financiero, la mentalidad apátrida contra el bienestar popular.

¿Esta cruda realidad expresa voluntad de paz de parte del régimen?
Tags: Colombia, ANNCOL, Jesús Santrich, La tierra en Colombia, reforma agraria, la tenencia de la tierra en Colombia




La tierra en Colombia; los verdaderos autores del despojo (4-4)


Por Jesús Santrich, integrante del EMC de las FARC-EP.
Marzo 10 de 2012.
Se requiere ser muy mentiroso y sinvergüenza para afirmar, como lo ha hecho Juan Manuel Santos, que la guerrilla y otros factores armados a los que revuelve con esta para engatusar incautos, son quienes han arrebatado más de 700 mil hectáreas de tierra a los campesinos.

No es por tonto que el personaje de marras expresa semejante absurdo, pues él bien sabe cómo está configurado el asunto de la distribución, propiedad y uso de la tierra en Colombia, y sabe cómo está definido el asunto de la territorialidad.

La existencia de latifundios en poquísimas manos de oligarcas que han arrebatado la tierra a los más pobres es un antiquísimo problema estructural que subyace como una de las principales causas del conflicto político-social y armado que padece Colombia. A finales del año antepasado el camarada Alfonso Cano se refirió a la cuestión trayendo a memoria que según estudios del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y CORPOICA del año 2001, las fincas de más de 500 hectáreas correspondían al 0.4 % de los propietarios que controlan el 61.2 % de la superficie agrícola. Esa concentración desbocada e infame de la tierra viene desde años atrás y no ha cesado ni cesará por cuenta de una perorata embustera como la del Presidente. ¿Acaso Juan Manuel tiene la noticia de que entre ese 0.4 % de propietarios están las FARC?

A PRINCIPIOS DE ENERO, El Espectador citó palabras de JM Santos en las que expresaba, como ya había ocurrido en otras ocasiones, que las FARC se oponen a la Ley de Restitución de Tierras porque, gracias a ella, “les quitamos el discurso”, según el cual la tierra es para los campesinos.
Con vehemencia de culebrero presto a pescar incautos, Juan Manuel ha dicho que “de manera exitosa ejecutará la Ley” aunque tenga “enemigos de lado y lado”. Y explica que en “La izquierda radical, las Farc”, está un enemigo de la Ley, “porque les quitamos el discurso. El discurso de las Farc es ese: que la tierra es para los campesinos”. A continuación el Presidente se despacha con su carga de cinismo: “Pues sí: la tierra se la estamos entregando a los campesinos, y sobre todo a los campesinos que fueron desplazados”.
En conclusión, para un sujeto experto en crear “falsos positivos”, como Juan Manuel, resulta que son las FARC las que arrebataron la tierra y las que no quieren que se le restituya este preciado bien a los campesinos, mientras él está haciendo su “revolución agraria”. Y mucho ojo, “no una revolución a punta de fusil sino con la Constitución y las leyes. Y no es una revolución de lucha de clases. No son los ricos contra los pobres, son los legales contra los ilegales. Y es una revolución que va a respetar a todo aquel que tenga su propiedad legalmente”, Como si ya el territorio no lo hubiesen preparado a sangre y fuego, con la violencia paramilitar, antes de hacer lo que ahora se configura como un procedimiento cínico de “saneamiento”, que con leyes proyecta terminar de arrebatar a los pobres la tierra para entregarla a las trasnacionales.

EN EL COLMO DEL DESCARO JM Santos dice haber encontrado que “otro enemigo del proceso de Restitución de Tierras es la extrema derecha, es decir los paramilitares, quienes se hicieron a muchísima tierra a punta de violencia y a punta de desplazamiento”. Semejante “inocencia” causa angustia. El jefe de los “falsos positivos”, el ministro de defensa del mandatario paramilitar Álvaro Uribe Vélez, diciéndonos esto de que hay “dos extremos (las Farc y los paramilitares), paradójicamente unidos en contra de la Ley”.
Las marchas que Juan Manuel paga para aparentar que respalda a los líderes agrarios con la propagandizada Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, no son siquiera expresión de populismo, como algunos piensan, sino de insolencia si miramos en que los factores de poder que él representa son los que han practicado el despojo que caracteriza la acumulación capitalista neoliberal que han impuesto en subordinación absoluta respecto al centro hegemónico yanqui.
Yendo al grano, en vez de lanzar sofismas de distracción, el Presidente debería develar los nombres de los verdaderos latifundistas y la forma criminal como muchos de ellos se han apoderado de predios de comunidades enteras, sólo para beneficiar la voracidad de las trasnacionales. ¿Acaso no sabe él que entre los llamados “nuevos llaneros”, gente que se ha hecho a inmensas cantidades de tierra en los Llanos Orientales aparecen al lado de los holdings brasileños y argentinos, capitalistas como Luis Carlos Sarmiento o su primo “Pachito” Santos, el mismo que quería dirigir el paramilitar Bloque Capital y quería electrocutar a los estudiantes que protestaban contra la reforma neoliberal a la educación? Ahí están esos elementos apátridas lanzados a la conquista de los llanos y a la depredación de la Amazonía y la Orinoquía, sin que personajes tan dolidos por la patria como Erwin Hoyos, Darío Arizmendi, Salud Hernández, el “eximio” Néstor Morales o Doña María Jimena Duzán, entre otros, se den por enterados, Y que no crean que con este humilde comentario se les está siquiera increpando, porque ahora parece ser moda en el círculo de notables de la desinformación, auto-victimizarse endilgándole a las FARC no se qué cantidad de amenazas infundadas.

ESTA CONQUISTA DE LOS TERRITORIOS es lo que estimula el gobierno como reforma o como “revolución agraria”, con estímulos económicos gubernamentales y el respaldo militar que está puesto en marcha con los famosos planes de “consolidación”, porque es que hay que cuidarle las inversiones a las trasnacionales poniendo de guachimanes a los soldados colombianos, para que las trasnacionales puedan expandir sus agro-negocios, la extracción de agro-combustibles sembrando palma, maíz, soya, remolacha y caña azucarera, etc.
En fin…; la “revolución agraria” de los cínicos como Santos, significa la entrega sumisa a las multinacionales y conglomerados financieros, ofreciendo negocios híper-rentables, favorables a la especulación en el mercado mundial de commodities.
Hablemos claro, como son enormes las dificultades que generan a las inversiones capitalistas en el campo si no existe legalidad, titulaciones que laven la cara del despojo sangriento que han hecho hasta el momento, entonces hay que titular los predios arrebatados a los campesinos y gentes humildes desplazadas y asesinadas.
Para eso es que está destinada la Ley de Restitución de Tierras. El propósito de fondo no es resarcir a los campesinos. El fin es otorgar seguridad jurídica a los inversionistas, sobre todo si se toma en cuenta la enorme magnitud que ha logrado el mercado de tierras en el campo de la especulación financiera.

¿POR QUÉ LOS “CAMARADAS” chinos no compraron tierras en el Vichada? Aunque ellos en Colombia estén proyectando grandes inversiones en infraestructura de transporte y en proyectos de agro-negocios como la producción de soya y leguminosas, su negativa o abstención temporal se debió a la inexistencia de títulos de propiedad. Este es un ejemplo para decir que pasa a ser de gran trascendencia, no inmediatista sino estratégica para los capitalistas, la llamada restitución de tierras que permita más adelante, luego de legalizar los títulos, negociar la propiedad para quedarse con todo o lo que interese en un proceso de sobre explotación del territorio. La “restitución”, entonces, no es un acto humanitario y de reconciliación social de Juan Manuel Santos sino el procedimiento engañoso para darle marco jurídico a la desposesión violenta que se ha venido haciendo a lo largo de décadas y que se acentuó especialmente durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, del que el actual Presidente fue su Ministro de Defensa y jefe de los llamados “falsos positivos”.
Para el caso colombiano, los mismos agentes activos del despojo ahora “hacen el favor” de amortizar a las víctimas, legalizándoles la posesión para luego “colaborar” con la compra o toma en arrendamiento del terruño, por el que sin duda el pobre campesino, quiéralo o no, recibirá una miseria. Entonces, legalizar títulos, entregar tierra de manera engañosa, para de inmediato volver al ciclo del despojo envuelto en la farsa de la compra-venta, o la trampa del arrendamiento, sin que ello implique, desafortunadamente, que la presión y efectiva acción coercitiva de los perdonavidas de las trasnacionales y del régimen cese, es lo que caracteriza la “revolución agraria” de Juan Manuel.
Todo es un ardid ya conocido en otras latitudes del mundo, para acondicionar el mercado de títulos y abonar la espacialidad para que proceda la inversión transnacional sin apremios: promesas de un mejor medio de vida, garantías de rentas permanentes…; coacción contra las comunidades o personas que no consientan la depredación; tal como ahora ocurre en los municipios que se quieren inundar con la represa El Quimbo.

EN COLOMBIA YA SE HA SUFRIDO bastante la desposesión y muy próximo está el ejemplo de Brasil donde las promesas de mejores medios de vida y de posibilidad de empleos que vendrían gracias a los contratos de arrendamiento, han conllevado al abandono de los asentamientos que han sido arrendados a empresas de caña de azúcar en el llamado cinturón de la caña de azúcar en el Estado de São Paulo; entre muchos otros, también tenemos el ejemplo del establecimiento de una plantación de caña en Kampot Speu, Camboya, donde los empresarios forzaron la expulsión de los agricultores y las comunidades que tradicionalmente habitaban esas tierras.
Ahora bien, el gobierno conoce perfectamente que al menos 2.428 familias de oligarcas controlan aproximadamente el 53.5 % de la tierra apta para cultivar; esto en contraste con 2.2 millones de familias campesinas que sobreviven de cualquier manera en el área restante. Y no es este grueso problema el que pretende resolver el Presidente con su ridículo plan de “restitución” de tierras. Menos cuando está claro que en dos décadas las pobrerías agrarias han sido despojadas de alrededor de 7 millones de hectáreas por los agentes del Terrorismo de Estado. ¿Para qué, entonces, el gobierno se rasga las vestiduras, cuando sus manos están sucias de sangre y del fimo del cinismo está embadurnada su conciencia?
A nadie puede Juan Manuel Santos ocultar que en Colombia hoy se asiste a una redefinición de las políticas territoriales, todo para seguir robando y entregando a las trasnacionales nuestros recursos y nuestra soberanía. Dentro de ese esquema el plan de “restitución” hace parte del desenvolvimiento de la reprimarización de la economía ya bastante desnacionalizada, y subordinada a los intereses imperiales. Santos lo que está haciendo es darle legalidad a lo que hasta ahora sólo fue un despojo violento y criminal, definiendo derechos de propiedad y ordenando la geografía de la misma, delimitando las zonas de reserva campesina, los territorios indígenas, los espacios de las comunidades afro-descendientes, formalizando el dominio estatal de los baldíos, para desenvolver con más rigor y eficacia la acumulación capitalista:
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Organiza el mercado de tierras

-          Favorece la incursión y consolidación de las trasnacionales en lo que respecta al acaparamiento del espacio para su depredación.
-          Facilita la explotación a fondo, “dando garantías” al capital, a los inversionistas, para que accedan a las concesiones sobre los territorios, y a lo que llaman derechos de superficie.
-          Proyecta con la legalización, un despojo en términos legales porque responderá a un ordenamiento que se presentará como necesidad o prioridad nacional sobre la que no se permitirá obstáculo alguno. Cuando se requiera que alguien transmita su derecho de propiedad esto tendrá que hacerse porque así lo define la ley y punto o simplemente, a las buenas o a las malas, se debe ceder la tierra en renta; algo muy “democrático” seguramente; la democratización del rentismo, que es una forma más cínica del despojo.
-           Así, reiteremos, se le “restituye” la propiedad a los despojados para luego obligarles al arrendamiento. Se trata de lo que los especialistas llaman “solución financiarizada de la cuestión agraria”. Pero como si fuera poco esta reprimarización y desnacionalización de la economía, cuya base es el despojo de la tierra, se reforzará el procedimiento con las pretensiones del “Proyecto de Ley General Agraria y de Desarrollo Rural”, que reordenará el territorio en función de la depredación; en fin, la dictadura de la entrega del país a las trasnacionales: por ahora, 38 millones de hectáreas para la exploración petrolera; 11 millones de hectáreas para la exploración y explotación mineras; 12 millones de hectáreas para la explotación forestal también extractiva; 39.2 millones de hectáreas para la ganadería extensiva; 3.6 millones de hectáreas de producción agrícola, cuando se tiene un área cultivable de 21.5 millones de hectáreas, de un total de 114 millones de hectáreas que tiene nuestro país.
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-          DIBUJADO ESTE PANORAMA, la insurgencia, aparece como un factor incómodo para que las transnacionales y sus lacayos oligarcas criollos continúen el saqueo de la riqueza de los colombianos. De ahí deriva el sufrimiento de Juan Manuel por la existencia de la insurgencia, más cuando se había convencido de su propia invención que hablaba del fin del fin de la guerrilla.
La rendición de nuestras banderas no pasa de ser el delirio de un servil monigote vende-patria al que nada importa la destrucción del páramo de Santurbán ni de la gente de la que depende su riqueza hídrica; nada le importan los destrozos ambientales y sociales que produzca en el Huila la hidroeléctrica El Quimbo, nada le importa la suerte de las 500 familias que serán desplazadas de manera obligada sino el lucro que obtendrá la transnacional EMGESA; nada le importa la suerte de los cuatro millones de colombianos cuyo abastecimiento de agua depende de las fuentes de La Colosa en Cajamarca; su interés se centra en las ganancias que puedan generarle a los capitalistas los 9.000 títulos de explotación y los 20.000 que están en trámite (4 % y 20 % del territorio nacional respectivamente), dispuestos para alimentar el hambre de oro de las trasnacionales.
Negocios son negocios, así que para qué preocuparse por la pauperización creciente de los 12 mil trabajadores tercerizados en el enclave petrolero de Campo Rubiales. Lo importante es que en el balance del año 2011 la empresita duplicó sus ganancias netas.
Así las cosas, que no nos vengan con el cuentecito de tontos del desarrollo de la economía nacional, pues aquí en nuestro país ya no hay economía nacional sino el interés de las trasnacionales; en esta historia lo que impera es la diseminación de los enclaves extranjeros que nos succionan la sangre, la precarización laboral para nuestros hermanos trabajadores, la destrucción de nuestros bosques, la degradación de la tierra con los proyectos que aspiran a la generación de los agro-combustibles, la entrega desvergonzada de la Orinoquia y de la Amazonia, del Pacífico, del país entero…, la reprimarización, la desnacionalización, el favorecimiento al capital financiero, la mentalidad apátrida contra el bienestar popular.
¿Esta cruda realidad expresa voluntad de paz de parte del régimen? 

La tierra en Colombia (1): Los verdaderos autores del despojo (3-4)


Por Jesús Santrich, integrante del EMC de las FARC-EP.
Marzo 14 de 2012.


A sangre y fuego en Colombia se ha construido un latifundismo improductivo, que se sostiene como base de poder tanto en manos de la plutocracia tradicional, como de los sectores llegados a estas esferas por la vía del narcotráfico y otros negocios propios de la actual lumpenización de la burguesía transnacional parasitaria, que ahora no solamente combina negocios legales e ilegales que van desde la compra-venta a término de petróleo, hasta el tráfico de drogas, sino que juega sus apuestas también en el campo especulativo del mercado de la propiedad rural, donde según estudios de 2009 presentados por la SAC, para el caso colombiano, una hectárea de tierra valía cuatro veces más que en países de extensión más pequeña como Ecuador, Uruguay o Paraguay.

La sub-productividad de la tierra también es evidente si atendemos al Informe de Desarrollo Humano de la ONU, del mismo año 2009, en el que se registra que aunque se considera que 21.5 millones de hectáreas de tierra en todo el país son aptas para la agricultura, sólo se dedican al cultivo 4.9 millones de hectáreas. Entre tanto, a la ganadería extensiva se dedican 39.2 millones de hectáreas; casi el doble de lo que se requeriría, implicando que, según FEDEGAN el hato existente de 22.5 millones de bovinos, resultaba como tener un promedio de dos hectáreas de tierra por res, con el agravante de que las mejores tierras han sido sembradas de pastos destinados a sostener esos hatos.

Pero como en una sinrazón, no son los latifundistas que tienen mejores condiciones para la producción, sino los pequeños propietarios de la tierra y los aparceros quienes históricamente han abastecido alrededor del 60 % de los alimentos que se consumen en Colombia, y hasta surtieron el mercado externo de café mientras este fue producto principal en la generación de divisas.

El desmadre de la neo-liberalización de la economía fue alentado por la “apertura económica” de los años 90. El señor Cesar Gaviria debe recordarlo bien, lo mismo que toda la oligarquía que secundó ese modelo que debilitó enormemente la agroindustria al empujar a la ruina a millones de agricultores, sobre todo minifundistas. Como resultado más evidente de tal descalabro está que entre 1991 y 2005 el valor de las importaciones agrícolas creció 424%, mientras las exportaciones solo aumentaron un 66%.

La estructura agraria en Colombia, desde 1990 hasta hoy, ha sufrido una fuerte concentración de la propiedad. Los estudios de IGAC-CORPOICA de 2002, indican que las fincas con más de 500 hectáreas controlan el 61% de la superficie predial y pertenecen al 0.4% de los propietarios, lo cual se agravó a finales de la década, presentándose entre 2000 y 2009, y en especial a partir de 2005, una concentración mayor, particularmente en el 56.6% de los municipios. Los mismos estudios de IGAC-CORPOICA indican que de 14 millones de hectáreas aptas para la agricultura, solamente se están utilizando algo más de 4 millones; en contraste, se han dedicado 39 millones a pastos, para un hato de no más de 25 millones de cabezas, generándose una enorme pérdida del potencial productivo, mayor empobrecimiento de los pobladores del campo, su desplazamiento empujado ya no solamente por la violencia institucional y paramilitar, sino por problemas específicamente económicos.

Con exactitud nadie sabe cuánta tierra, en las últimas dos décadas, fue despojada a los campesinos colombianos mediante aplicación del terrorismo de Estado, pero ningún estudioso serio del problema baja la cifra de al menos 6 millones de hectáreas, generando un desplazamiento infame que ha lesionado a todo el tejido social, el cual aún no cesa.

He ahí la “Revolución Agraria” que ha venido haciendo “sin lucha de clases y sin fusiles” el señor Juan Manuel; es una verdadera contra-reforma que ha derivado en que el llamado índice de Gini referido a la concentración de la tierra en Colombia pasara en la última década de 0.8 a 0.9 % según datos del Banco Mundial citados por diversos estudiosos del tema.

Entonces, con todo esto que es solamente un asomo del problema, nos preguntamos ¿qué quiere decir Juan Manuel Santos cuando imputa a la insurgencia el despojo que las oligarquías han hecho?, o es que ¿acaso fue el comandante Manuel Marulanda quien suscribió el pacto de Chicoral de 1972? No hay que olvidar la historia: fueron dirigentes políticos y gremiales, liberales y conservadores, con el gobierno de Misael Pastrana quienes se reunieron en aquel balneario tolimense para congelar la posibilidad de una reforma agraria democrática, y proteger con ello “sus” grandes propiedades, las que acumularon despojando a los campesinos. Fueron ellos, los antecesores del despojo que hoy representan y profundizan las nuevas generaciones de la oligarquía.

Ahora, de peor manera que en el Pacto de Chicoral, los herederos de estas ratas van por el resto. Se plantean, por ejemplo, alcanzar dentro de 7 años 2.1 millones de hectáreas de palma. ¿Estaba Alfonso Cano dirigiendo Planeación Nacional cuando se decidió esta locura o cuando se pensó en reorientar los cultivos de caña de azúcar para producción de etanol? Hasta donde se sabe, de las más de 190 mil hectáreas sembradas de caña de azúcar que se dedicarán a la producción de etanol, el consorcio Ardila Lule controla al menos el 60 % de la producción del carburante. Por ningún lado se conoce que el Estado Mayor Central de las FARC tenga acciones en ese calabazo de cucarachas. Y, ¿quién decidió que se alcanzaría la siembra de un millón de hectáreas de éste cultivo en el mismo 2019? Con certeza no fue el comandante Timoleón Jiménez.

Al despojo descarado es a lo que se oponen las FARC y no a la posibilidad de una Reforma Agraria Real que acabe con los latifundios, entregue equitativamente la tierra a los campesinos y enfrente la oleada de privatizaciones y re-privatizaciones que para el caso colombiano apuntan al favorecimiento a las transnacionales.