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sábado, 22 de diciembre de 2012

Andrés París de la FARC rechaza acusaciones sobre alianzas con paramilitares


En la foto 'Jaime Nevado' (izq.) y 'Andrés París, voceros de las Farc. Foto: VerdadAbierta.com
“No tenemos alianzas con Bacrim”: vocero de las Farc

Tomado de: www.verdadabierta.com
'Andrés París', negociador de la guerrilla en los diálogos de paz con el Gobierno Nacional, rechazó los señalamientos que hacen autoridades sobre vínculos con las bandas criminales.  Entrevista de Juan Diego Restrepo E. desde La Habana.
"Yo no creo que un guerrillero de las Farc se alíe con un paramilitar y maten a los campesinos, eso no puede ser", dice 'Andrés París', miembro de la guerrilla de las Farc en la mesa de negociación con el Gobierno Nacional, al rechazar las acusaciones que hacen las autoridades colombianas.
En la entrevista, concedida a VerdadAbierta.com en La Habana, también participaron 'Camila Cienfuegos' quien se presentó como la jefe de la oficina de prensa de las Farc y 'Jaime Nevado', integrante del Frente 4 que opera en la zona del Magdalena Medio, y quien ahora hace parte del grupo de apoyo de los negociadores de la insurgencia aquí en La Habana.
Los voceros de las Farc respondieron a VerdadAbierta.com sobre las prácticas que el país les cuestiona, como el reclutamiento forzado de menores de edad, el uso de las minas antipersonal, los reiterados ataques a las poblaciones indígenas del norte del departamento del Cauca, las relaciones con las llamadas "bandas criminales emergentes" y el cobro de extorsiones a las empresas petroleras.
VA: Existe el temor de que ante un eventual acuerdo de paz, facciones de las Farc no se acojan a esas decisiones y continúen delinquiendo en algunas regiones del país. ¿Cómo se están preparando para evitar esa fragmentación?
'Andrés París´: Permítame decirle que la absorción del narcotráfico y sus costumbres por todas las capas sociales del país genera un deterioro creciente y una descomposición acentuada que cruza al conjunto de la sociedad. Por esto en las Farc-Ep enfrentamos desde ya, como requerimiento permanente, la preparación ideológica del guerrillero para que su perfil sicológico corresponda a la de un revolucionario inscrito dentro de lo que el 'Che' (Guevara) llamaba la guerrilla social.
Somos hombres y mujeres con elevadas motivaciones políticas y eso es lo que le da identidad a las Farc-Ep. Si no es suficiente la educación para evitar infracciones a nuestra ética revolucionaria se aplican reglamentos disciplinarios, como es usual en todo ejército.
VA: Sin embargo, se tiene la percepción que entre las Farc y los llamados "neoparamilitares" o "bandas criminales emergentes", conocidas como "bacrim", hay alianzas en diversas regiones del país para fines de narcotráfico, lo que evidenciaría una lumpenización de algunos frentes. ¿Ustedes que opinan de esas afirmaciones?
'Andrés París': Yo no creo que un guerrillero de las Farc se alíe con un paramilitar y maten a los campesinos, eso no puede ser. Es obvio que en algunas zonas las Farc tienen que hablar con sectores que se mueven alrededor del negocio. Se entiende que ello ocurre en áreas donde hay cultivos ilícitos, donde nosotros tenemos presencia y hacemos el cobro de algunos impuestos y regulamos algunas actividades que van dirigidos a la obtención de recursos, pero eso no configura alianzas ni significa una lumpenización; hace parte de una actividad regulada por nuestras propias normas, que obligan a los comandantes a presentar informes sobre las actividades que realicen.
Ahora bien, habría que diferenciar entre las formas organizativas y grupos de civiles que no sabemos si son de "bacrim" o no. Lo que se conoce básicamente son negocios de las Farc con comerciantes, no son alianzas con organizaciones ni compromisos con grupos paramilitares. Si hubiera una alianza, ¿qué sería del campesinado en aquellas zonas donde nosotros somos su único respaldo? Además, ese giro no se ha producido en las Farc porque parte de esas bandas están controladas por el Estado.
VA: En el fondo de todo esto están el narcotráfico y la extradición. ¿Cuál es su apreciación al respecto?
'Andrés París': Este aspecto de la problemática nacional tiene su espacio y su momento en la agenda de La Habana. Allí el país escuchará las verdades que ya flotan en el ambiente nacional. Estamos ante un fenómeno cuya responsabilidad principal está en Estados Unidos. Rechazamos por principio la extradición.
VA: ¿En qué está el proyecto político-militar de las Farc-Ep luego de 48 años de lucha armada?
'Andrés París': Luego de 48 años estamos reafirmando nuestra política de paz y búsqueda de salidas diferentes a la guerra. Con las banderas de la paz hemos logrado posicionar el mensaje revolucionario y construido la fuerza que en lo militar y en lo político propugna por la unidad del pueblo y la unidad guerrillera como parte y paso de las transformaciones democráticas, patrióticas, que reclama el país. Esperamos firmar un acuerdo general para el fin del conflicto que incorpore reformas y cambios en temas tan sustanciales como el rural y el agrario, entre otros.
VA: ¿Dónde han logrado posicionar ese discurso?
'Andrés París': Somos una fuerza con presencia territorial, política y militar y con expresiones políticas en distintas organizaciones sociales. Nosotros somos una realidad y por eso estamos sentados en una mesa.
VA: Como fuerza no se duda su existencia, pero me refiero al mensaje: ¿ustedes si creen que su mensaje revolucionario ha calado en el país?
Andrés París': Si usted me dice si entre los 46 millones de colombianos le tengo que decir que no, pero en los sectores de nuestra influencia directa, urbanos y rurales, hemos llegado y está presente.
VA: Hace varios meses el presidente Juan Manuel Santos anunció que empresa petrolera que les tributara a ustedes tendría que salir del país. Frente a ese anuncio, ¿se resintieron sus ingresos y ya no reciben plata de esas firmas?
'Andrés París': Las petroleras están pagando el impuesto de guerra, pese a las amenazas del Gobierno nacional. Eso muestra que no es cierto que las Farc-Ep estén derrotadas. Una petrolera no pagaría sin tener la seguridad de que el Ejército nos saque de la zona. La Ley 02 está vigente, menos en lo de la retención de personas.
VA: ¿Cuál es la contraprestación que reciben las petroleras por parte de ustedes?
'Andrés París': Con el impuesto lo que hacen las petroleras es asegurar la explotación de los recursos del área donde se encuentren.
VA: ¿Percibir esos pagos los invalida para hablar de política petrolera?
'Andrés París': El que paguen el impuesto no significa que nosotros nos callemos acerca de las condiciones leoninas de los contratos de explotación en el país.
VA: ¿Quién más les paga?
'Andrés París': Amigos de la paz, que creen en nuestro proceso.
VA: ¿Y qué tanto los apoya Venezuela?
'Andrés París': El día que Venezuela nos dé apoyo militar y económico el triunfo nuestro estaría a meses. Se armarían las columnas guerrilleras y en dos o tres meses estaríamos en Bogotá.
VA: Pero hay un apoyo explícito al proceso de paz…
'Andrés París': El Gobierno colombiano y las Farc-Ep hemos firmado actas y expresado públicamente agradecimiento al papel jugado por Venezuela en el actual proceso de paz. Expresamos una vez más nuestro deseo de una pronta recuperación del presidente después de la delicada operación a la que fue sometido aquí en Cuba. El apoyo de Chávez es el más importante del conjunto de países que prestan su concurso.
VA: Ustedes hablan de que no están derrotados, pero hay sectores que dicen que están sentados a la mesa por la presión que vienen ejerciendo las Fuerzas Armadas en diversas regiones del país.
'Andrés París': Esa es una versión oficial  que desestima la voluntad de las Farc-Ep por encontrar salidas políticas al conflicto social y armado. Quieren centran la matriz de opinión que llegamos derrotados y listos para la desmovilización. Ambas cosas son una quimera y un sueño febril de generales y políticos que pasan sus días montando "positivos" para matar la paz.
VA: El presidente Santos fijó como plazo máximo de las negociaciones noviembre de 2013. ¿Ustedes consideran que eso es posible?
'Andrés París': Quienes están sentados en La Habana no hemos renunciado a la soberanía política y, por tanto, cada parte continúa impulsando sus proyectos y estrategias políticas. Lo grave estará cuando se llegue el momento y sectores hoy minoritarios puedan imponer su agenda violenta y presionen para un cierre de la experiencia de La Habana. Aquellos de seguro tendrán cálculos electorales. No olvidamos la campaña de Uribe Vélez contra la zona de despeje que permitió canalizarlos para su triunfo electoral posterior y sus necrológicos ocho años de gobierno. Hay que hacer un gran esfuerzo para que los tiempos de la mesa sean coincidentes y persistentes en buscar la paz.
VA: En diversas áreas rurales del suroriente y suroccidente del país vienen denunciando que una vez se iniciaron los diálogos con el Gobierno nacional se incrementó el reclutamiento forzado de menores de edad. ¿Es eso cierto?
'Andrés París': La edad de ingreso a las Farc-Ep es 15 años. En casos excepcionales son acogidos en nuestras filas jóvenes de 13 o 14 años y son ubicados en tareas en la población civil hasta que cumplan la edad requerida. Este ingreso es voluntario, no está acompañado ni por coacción ni por seducciones económicas de ninguna especie. Nadie está obligado, nosotros somos la expresión de un pueblo y por tanto no podemos presionarlos para que ingresen a nuestras filas si no quiere. Igualmente los medios tienden a utilizar este tema como la noticia principal. Y se niegan a denunciar el ingreso de millones de niños a la miseria y la prostitución.
VA: Pero, ¿por qué continúan reclutando?
'Andrés París': Nosotros seguimos creciendo porque no hay compromiso que obligue a parar eso. Y el Estado sabe que cuando la guerrilla se prepara para el diálogo también se prepara para crecer. Y el Ejército y su inteligencia se preparan para mandarnos sus infiltrados. Muchos de esos niños, de ocho, nueve, diez, once años, los cogen en los cuarteles y los preparan para cumplir misiones bárbaras. Los enseñan a matar, a descuartizar, a prostituirse, todo para afectar a nuestra organización. Me hablaron del Cauca, que hay más de 400 niños que están siendo preparados por la Policía para infiltrarnos.
VA: Ustedes hablan de que son "la expresión de un pueblo", pero en Colombia la percepción que tiene una inmensa mayoría de ciudadanos es contraria a sus intereses.  ¿De qué pueblo hablan, dónde está ese pueblo?
'Jaime Nevado': En Colombia no se puede decir dónde está ese pueblo porque lo matan, es clandestino; es un pueblo que lucha en la clandestinidad porque no lo dejan expresarse.
'Andrés París': Podríamos decir que si no nos matan toda esa gente en el pasado (haciendo referencia a los militantes y simpatizantes de la Unión Patriótica), tendríamos más gente a nuestro alrededor.
'Jaime Nevado': Es que fueron cinco mil cuadros, que no eran de la UP, eran cuadros del Partido Comunista y la estructura fundamental de cuadros para las Farc. El Estado los mató porque sabía que esa gente movilizaba un pueblo y ese pueblo está esperando que lo movilicen. Nosotros estamos en la obligación moral y ética de luchar por ese pueblo, como revolucionarios. Eso decía el 'Che' (Guevara): El ser revolucionario es ante todo un ser ético, un ser moral.
VA: Y ante la destrucción y muerte que han generado en sus 48 años de vida insurgente, ¿dónde ha quedado esa ética y esa moral "revolucionaria" de la que habla?
'Jaime Nevado': Cuando hablo de combatir, no es tirarle claveles a alguien, es recibir y dar plomo. El enemigo es el que tiene las armas; tenemos armas porque se las quitamos a él; las que hemos comprado es con el dinero que le hemos recuperado de lo que él le ha robado al pueblo. Ahora, en una guerra hay una cantidad de cosas que no debían de ser, pero es que ninguna guerra es con flores, ni de piropos, ni de palabras. Es una guerra.
VA: En esa guerra ustedes han utilizado minas antipersona, un arma proscrita por leyes internacionales. ¿Hay algún compromiso de las Farc para erradicarlas?
'Andrés París': Las minas antipersona son usadas por la guerrilla como arma popular defensiva que busca desequilibrar la gran potencia bélica del Estado que, en uso y abuso de su fuerza, no escatima ningún recurso, arma o explosivo en contra de la guerrilla y las comunidades. Estamos proponiendo un acuerdo humanitario dentro de un tratado o armisticio que regule las acciones bélicas si es que no llegamos a un acuerdo del fin del conflicto.
VA: ¿Qué hacer mientras se logran esos acuerdos?
'Andrés París': Nosotros advertimos dos cosas: primero, esa legislación internacional, no solamente en el aspecto de las minas, está dirigida a limitar el desempeño de las organizaciones que combaten al Estado, pero buena parte de esa legislación no limita a los poderosos. Y segundo, el DIH (Derecho Internacional Humanitario) incluye una serie de aspectos que, de tenerse en cuenta, a las Farc le deberían dar el estatuto de beligerancia y no lo reconocen, nos deberían reconocer a los prisioneros nuestros como prisioneros de guerra, y no lo hacen para evitar que a los que nosotros les capturamos sean prisioneros de guerra.
Entonces, una legislación que no  nos reconoce, que no nos da derechos, tampoco nos obliga a ser tenida en cuenta por nosotros. Pero aclaramos, no quiere decir que nosotros seamos una guerrilla salvaje, que no tiene principios ni normas, pero esa las determina no las leyes internacionales sino nuestros conceptos humanitarios revolucionarios.
 
VA: Según ustedes, ¿en qué debería limitar esa legislación internacional a un Estado como el colombiano?
'Andrés París': En el caso de las minas, estamos denunciando que el Ejército colombiano usa minas. Y  nosotros nunca hemos visto una campaña que le diga al Ejército que no siembre más. Pero, paralelamente a eso, usan las bombas, que son absolutamente monstruosas, las que nos han hecho tanto daño, entonces la desproporción en el uso de la fuerza también es un principio regulado por la legislación internacional que no se aplica. Entonces no se nos puede pedir que combatamos con flores a un Ejército que se viene con todo contra nosotros para aniquilarnos. Estamos ante una guerra asimétrica.
VA: Hablan de ética, moral y conceptos humanitarios revolucionarios, pero cuando se observa lo que vienen haciendo desde hace varios años contra las poblaciones indígenas del norte del Cauca quedan muchas dudas de su compromiso con esos conceptos. ¿Por qué se empeñan en atacar los cascos urbanos de esos municipios?
'Andrés París': En la actualidad, el incremento de las acciones corresponde a los planes militares y económicos de las locomotoras que han localizado importantes recursos mineros y energéticos. Estos intereses impulsan a que el mapa militar de la confrontación sea un instrumento de las trasnacionales que requieren derrotar al movimiento guerrillero y al movimiento indígena de resistencia. Necesitan esas tierras y esos recursos, por eso impulsan la guerra al punto que es la zona más militarizada del país lo que produce las confrontaciones. Esa realidad sociológica del conflicto se asegura por la correcta política de las Farc-Ep de dialogar permanentemente con todas las comunidades, firmar y establecer acuerdos con ellas de respeto mutuo y colaboración.
'Camila Cienfuegos': Si usted mira las bases militares están metidas dentro de la población civil. Nosotros siempre atacamos los puestos de policía, que están dentro de las poblaciones, y el protocolo de Ginebra habla de eso, que las guarniciones militares deben estar lejos de la población civil.
VA: Pero recurren al empleo de armas no convencionales como las pipetas de gas, que no tienen mayor precisión y afectan las edificaciones civiles.
'Camila Cienfuegos': No todas las que caen allá son las nuestras, el Ejército tiene también armas muy potentes. Y algunos de esos daños pueden ser del Ejército.
VA: En el norte del Cauca hay una autoridad indígena legítima que las Farc, con sus violentas incursiones, persisten en desconocer.  ¿Tienen algún tipo de acercamiento con ellas?
'Andrés París': Respetamos la autoridad indígena, no sólo en el Cauca sino en todas las áreas donde hay comunidades indígenas organizadas. Nosotros entramos a conversar y hacemos convenios con ellos, y esos convenios se hacen públicos, no son secretos.
En los últimos años el mayor desarrollo de la guerrilla se ha dado en las zonas indígenas del Cauca. Si bien en otras áreas los operativos hicieron retroceder a los frentes, en Cauca, Nariño y el Valle, se han desarrollado más. Eso se debe al buen trabajo que se estableció entre las Farc y los indígenas.
VA: ¿Me puede dar ejemplos de esos convenios de los que habla?
'Andrés París': primero, nosotros nos comprometemos a no reclutar indígenas, pero siempre y cuando ellos no se conviertan en informantes del Ejército; y segundo, tenemos acuerdos sobre el uso de corredores de movilidad.

lunes, 23 de julio de 2012

Guerrillero en carta a las FF.MM.: Entre Golpes Y Lágrimas:


A las Fuerzas Militares y de Policía
Con copia conjunta para el pueblo colombiano

 – 22/07/2012 


E
l día de la inauguración del nuevo período de sesiones del Congreso de la República en Bogotá, un oficial del Ejército asignado a la seguridad en el Palacio de Nariño, se fue de bruces de un piso a otro del edificio del Capitolio Nacional, mientras conversaba distraídamente por su teléfono celular. Según afirman los noticieros, la oscuridad reinante en el sector en el que se movía el oficial, unida a la falta de una barrera de protección y, desde luego, al desconocimiento del lugar en el que prestaba su servicio el militar, fueron las causas del infortunado accidente.

La noticia, que parece un simple episodio fortuito, resulta sin embargo reveladora. De algún modo grafica la situación que atraviesan las fuerzas armadas colombianas en medio del oscuro, podrido y peligroso ambiente de descomposición política que caracteriza el régimen vigente. Al menor descuido pueden irse de cabeza y quedar absolutamente maltrechas. Servir en forma tan abnegada y sumisa a intereses tan antipatrióticos, tan sucios y tan contrarios a los intereses de la mayoría del pueblo colombiano, terminará por conducirlas al abismo.

Y si no que lo diga el , quien todavía no termina de comprender lo que le sucedió a él y a sus compañeros a manos de las comunidades indígenas del Cauca. Tal vez él no lo haya expresado ante ningún medio de comunicación, pero no hay duda de que la humillación que dice haber sentido tuvo su origen en una orden superior que le prohibió en forma terminante a él y a sus hombres responder con sus armas a las acciones de la comunidad. La situación pintaba demasiado grave y así lo entendieron en las altas esferas del gobierno. Haber empleado las armas hubiera dado origen a una masacre de dimensiones aterradoras.

A
lgo ha cambiado en el país y el mundo desde los tiempos en que el coronel Carlos Cortés Vargas ordenó a las tropas disparar contra los huelguistas concentrados en la plaza de Ciénaga en 1928. Una matanza semejante, como sin duda se habría producido sin la orden de abstenerse de hacer fuego, hubiera generado un escándalo de naturaleza mundial, que pese a toda la arrogancia del régimen terrorista, podría haberlo conducido a su caída.

El llanto adolorido del sargento García, tiene origen en su más hondo sentimiento de honor. Al menos del que le enseñan en las escuelas de formación. Siempre ha escuchado a sus superiores decir que el Ejército es el máximo poder en Colombia, que para sus integrantes eso significa una superioridad enorme sobre el resto de la población. Especialmente sobre esa inconforme y cansona que protesta por todo. A la que le enseñan a reprimir, a humillar, a aterrorizar con su fuerza. No poder haberlo podido hacer esta vez le resulta insoportable. No puede entenderlo.

Ahora pretenden compensarlo con dudosos homenajes, convencerlo de que a su manera es un auténtico héroe. A él, que sabe que las medallas por heroísmo las reciben quienes más matan enemigos. Esa no es la lección que debe aprender el sargento García y con él todo el resto de los suboficiales y tropas. La lección es otra. No es cierto que el poder del Ejército sea el que creían. Hay un poder mucho más grande, el poder de un pueblo decidido, lleno de autoridad moral, dispuesto incluso a morir por la defensa de sus nobles aspiraciones de justicia.

E
l papel cumplido por el Ejército en el pasado, se deduce de Noticias sacadas de la prensa diaria que dan cuenta de hechos como los siguientes: “La Fiscalía informó el 4 de julio que un sargento y tres soldados profesionales fueron cobijados con medida de aseguramiento por el presunto asesinato a sangre fría del labriego Carlos Daniel Martínez Ortega. El crimen fue perpetrado por miembros de la Brigada Móvil 15 del Ejército Nacional, el 9 de octubre de 2008 en la vereda Santa Catalina, municipio de San Calixto, Norte de Santander”.

“El Juzgado Noveno Penal del Circuito de Medellín, condenó a 15 años de prisión al soldado Virgilio de Jesús Castañeda Murillo, por el asesinato a sangre fía de una joven de la comuna 13 de esta ciudad. Por el mismo hecho fueron condenados a 24 meses de prisión los soldados Norman Alejandro Ríos Álvarez y Juan David Jaramillo Arenas, quienes incurrieron en el delito de encubrimiento por favorecimiento. Los hechos ocurrieron el 26 de septiembre de 2004 cuando la Cuarta Brigada del Ejército reportó la muerte en combate de Luz Stivaly Barrera Rivera”.

Son demasiados los casos a citar. Dentro de los que por lo regular sucede que la responsabilidad se queda en el personal subalterno, librándose de toda culpa los emisores de las órdenes. Cabe preguntarse si estos sargentos y soldados llorarán también por la humillación de sentirse aprendidos y sometidos a juicio. Es muy probable que no. Porque están convencidos de que obraron bien, tal y como les habían enseñado a hacerlo. Quizás lo que más duele al sargento García es que no lo dejaron defender el honor militar matando.

Ese no es el caso. El caso es que en Colombia se crecen y fortalecen las fuerzas que luchan por un cambio. Que manifiestan de múltiples formas su anhelo de paz. Que exigen que la guerra civil colombiana se termine de una vez mediante una mesa de diálogos. Unas fuerzas sociales muy poderosas, que empiezan a poner en vilo el poder político y militar del Estado corrupto. Y bien vale la pena que militares y policías comiencen a considerar si en realidad están sirviendo en el bando correcto. Si no debieran ellos mismos organizarse y marchar.

C
ontra el régimen que los envía a morir matando colombianos humildes como ellos, por supuesto. Por una solución civilizada al conflicto que desangra el país. Ya está bien de heridos, mutilados, accidentados y muertos. Ya está bien de cárcel y oprobio para tanto joven usado por sus superiores para el crimen. Allí donde Presidentes casi dementes gritan soberanía, patria y democracia, en realidad está la entrega descarada del país a los extranjeros, la subordinación de las fuerzas armadas a generales gringos, el garrote y el plomo para los de abajo. ¡Basta de engaños!

  

sábado, 23 de junio de 2012

Crónica de Iván Márquez (FARC-EP): Mancuso acusa al poder




Mancuso acusa al poder

Iván Márquez
Por Iván Márquez
Integrante del Secretariado de las FARC-EP

Caracol Noticias realizó hace poco una impactante entrevista telefónica al jefe paramilitar, Salvatore Mancuso, recluido en una prisión de los Estados Unidos, en la que expresó verdades relevantes que no debieran ser ignoradas por las autoridades judiciales del país.

Sin ocultar su miedo a Uribe Vélez, Mancuso acusa al poder. Con un dejo de tristeza, todavía desconcertado, se queja amargamente del engaño y la traición de su hermano en el crimen, ese presidente paramilitar y mafioso que gobernó a Colombia durante ocho años. En efecto, cuando los jefes paramilitares empezaron a confesar sus verdades en los tribunales, Uribe los extraditó a los Estados Unidos para silenciarlos. No quería que en aras de la verdad trascendieran los nombres de empresarios, generales y de altos dignatarios del Estado que manejaban con invisibles hilos a los Castaño, a Mancuso, a Jorge 40, y a toda esa jefatura ensangrentada, como inspiradores en la cúpula, de la estrategia paramilitar y su carga de crímenes de lesa humanidad.

El establecimiento no quiere la verdad. Su prioridad afanosa es eludir su responsabilidad jurídica y evitar que la nación en masa lo señale, le exija reparación, garantías de no repetición y lo conmine a la depuración de las instituciones. Debieran encargarle a Roy Barreras el diseño de un marco jurídico especial que difumine sus temores.

Insistió el señor Mancuso en su comparecencia radial, que es erróneo y absurdo el mensaje para los procesos de paz que se está enviando desde la administración anterior, que habla de un gobierno que no cumple la palabra empeñada, que engaña, que miente. No es justo, dice, que no se le informe al país que el camino de la paz está minado por el engaño y la traición.

Para el gobierno verdad, justicia y reparación son apenas palabras vacías que solo se conjugan con el engaño. Solamente están en prisión, y desterrados, los cabecillas paramilitares, algunos parlamentarios de poca monta de la bancada uribista, pero no aparecen por ningún lado los autores intelectuales, los diseñadores de la estrategia.

Mancuso & Uribe, dos hombres de dos lados de la misma moneda.

Uribe tuvo relaciones íntimas con el paramilitarismo. Con un poco de temblor, hay que admitirlo, Mancuso se atreve a confesar que se reunió varias veces con él. Que es cierta la denuncia de Fabio Ochoa Vasco (capo del cártel de Medellín, encarcelado en EE.UU.) sobre la financiación paramilitar de las campañas presidenciales de Uribe. Que Álvaro y su hermano Santiago Uribe manejaban a los “doce apóstoles”, el grupo paramilitar que asoló el norte de Antioquia. Que el entonces gobernador de ese Departamento, Álvaro Uribe, a través de su secretario de gobierno, Pedro Juan Moreno, utilizó a las Convivir (Cooperativas de vigilancia) como trampolín para el crecimiento y fortalecimiento del paramilitarismo.

Muy grave, desde el marco constitucional que rige a Colombia, que el ex presidente a través del senador Mario Uribe y de su consigliere José Obdulio Gaviria, haya intentado tumbar a la Corte Suprema de Justicia para montar una corte Ad hoc manipulable y de bolsillo. Típico de la conducta de los gángsteres y mafiosos.

Cuando se afirma que un paramilitar ocupó también la Vicepresidencia de la República, Dios y Francisco Santos saben que eso es verdad. Lo dice Mancuso, quien siendo cabecilla activo pasó varios días como huésped de honor, en su residencia de Bogotá: fue ese Santos, quien pidió insistentemente a Carlos Castaño crear el Bloque Capital del paramilitarismo para ayudar a contener el avance de la guerrilla. Castaño le ofreció la comandancia del Bloque y le propuso asumir como relacionista de los paramilitares...  La justicia no puede seguir actuando en forma tan desentendida. El hombre sigue como si nada, perorando en los micrófonos de RCN.

Enredados más que nunca con el paramilitarismo el

primer Santos, Francisco, Uribe y el segundo Santos,
Juan Manuel, el actual presidente en Colombia
Otra denuncia concreta de Mancuso es que el general Mario Montoya, nombrado en su momento por Uribe como comandante del ejército, era un general paramilitar. No sólo les entregaba cargamentos de armas, sino que participa con los paramilitares en acciones conjuntas, como la de la Comuna 13 de Medellín donde resultaron muertos y desaparecidos centenares de pobladores. Siempre ocurrió que cuando los peones del “sumo pontífice” paramilitar quedaban en evidencia, éste, para salvarlos, los enviaba al servicio diplomático exterior. Montoya terminó siendo embajador en República Dominicana.

Es hora que se sepa quiénes son esos integrantes del ejército que entregaron al cabecilla Carlos Castaño la información que causó el asesinato de Jaime Garzón. Quiénes fueron los generales, que como macabra “solución técnica”, recomendaron a Mancuso, para evitar el escándalo por tantas muertes en el Catatumbo, que inhumara y volviera cenizas a las víctimas en hornos crematorios.

Obreros bananeros en Ciénaga, víctimas por el paramilitarismo
que cobraba tres centavos de Chiquita por cada caja exportada.
Fueron asesinadas directiva tras directiva sindical en una guerra
ejecutada de la alianza estado-transnacional-paramilitarismo.
Según Mancuso, y no sólo él, muchos empresarios del país y multinacionales financiaron al paramilitarismo. La Chiquita, que es la razón social tras la que se esconde la misma United Fruit Company, autora de la masacre de las bananeras en 1928, y la Dole, por ejemplo, aportaron 3 centavos de dólar por cada caja de banano exportada. Como Postobón, otras empresas nacionales entregaron recursos voluntariamente a los paramilitares. Generales como Rito Alejo del Río les recomendaron contactarlos. Pero aquí no pasa nada.

Respecto al paramilitarismo, la impunidad como maleza invadió a Colombia y amenaza hundirla en las tinieblas del olvido. El ex presidente Álvaro Uribe Vélez, el paramilitar, el agazapado principal responsable de los “falsos positivos”, todo el tiempo ha obstruido la justicia y conspirado contra los tribunales que no se le subordinan. Tiene escondido en la clandestinidad a su consejero embaucador Luis Carlos Restrepo quien es requerido por la Fiscalía. Dejó atrincherado como embajador de Colombia en el Vaticano al responsable de las chuzadas telefónicas. Urdió el asilo en Panamá de la ex jefe del DAS, María del Pilar Hurtado, también ligada como sus antecesores al paramilitarismo y a muchas otras podredumbres.

Quítenles la mordaza a los jefes paramilitares extraditados a los Estados Unidos para que el país conozca la verdad verdadera. Uribe ya fatiga con su cantilena rayada de la “venganza de los criminales” cuando algún capitoste paramilitar traicionado resuelve decir la verdad.

Cada vez que sale a bailar su nombre en alguna causa criminal, emite trinos distractores, fundamentalmente contra la insurgencia, que no son trinos sino graznidos de pájaro de la violencia de los años cincuenta.

Colombia tiene derecho a salir de la horrible noche, a sacudirse de los gobiernos victimarios, a buscar alternativas políticas y sociales, a procurarse un nuevo gobierno que se distinga por el respeto a los derechos ciudadanos y que privilegie la humanidad.

Montañas de Colombia, junio 17 de 2012