Por Timoleón Jiménez, integrante
del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 28 de diciembre de 2012 / El 20 de diciembre de
2012 fue publicada a página entera en el diario EL TIEMPO la carta que FEDEGAN
dirigió al señor Bruno Moro en particular, y a los ganaderos colombianos y
opinión pública en general, a objeto de explicar su ausencia del foro sobre
Desarrollo Rural Integral que se cumplía en la capital del país. La misiva
tiene la virtud de expresar de manera franca el enfoque del gremio que la
suscribe, lo cual resulta un importante aporte al desbroce de las causas del
conflicto colombiano y al estudio de las fórmulas más justas para salir
definitivamente de él.
De acuerdo con la versión de FEDEGAN, la fecha de hoy, 28 de
diciembre, parece más que apropiada para representar el clamor de los santos
inocentes del campo colombiano, según el cual lo vivido por su gremio
representa un fenómeno de despojo masivo y verdadero genocidio. Es abiertamente
conocido que las tierras dedicadas a la ganadería extensiva en Colombia
sobrepasan por lo menos en diez veces las destinadas a la agricultura,
protuberante realidad ignorada en la carta y que más bien trae a la memoria la
fábula de Rafael Pombo sobre la pobre viejecita.
FEDEGAN cuenta aún con suficiente poder como para que su versión de la
historia sea incesantemente difundida por la gran prensa, influencia de la que
han carecido desde tiempos inmemoriales las grandes masas de campesinos,
indígenas y mineros secularmente violentados. Este escrito, por ejemplo, no lo 4publicaría
jamás EL TIEMPO. Pero no sólo los grandes ganaderos promovieron y financiaron
el paramilitarismo para persistir con su vieja tarea expropiadora. También lo
hicieron grandes compañías agrícolas y mineras. En vergonzante contubernio con
la fuerza pública y buena parte de la clase política.
De lo que se trata ahora es de confundir las cosas. A los grandes
ganaderos con los medianos y pequeños, a los poderosos empresarios del agro con
el campesinado pobre, a los guerrilleros revolucionarios con los paramilitares
sin entrañas, al desarrollo rural con el bienestar exclusivo de algunos, a los
diálogos de paz con la rendición incondicional de la insurgencia. Una
estrategia suficientemente conocida para evadir las responsabilidades directas
en el conflicto. Mientras FEDEGAN y los otros implicados no las reconozcan y
asuman, estaremos muy lejos de alcanzar la paz.
Con el argumento de que las FARC han destruido el campo durante más de
medio siglo, FEDEGAN rechaza de plano que asuntos como el Desarrollo Rural y la
Tierra sean negociados con nosotros. En realidad a las FARC, como lo sostuvimos
desde la primera reunión con el gobierno, no nos interesa negociar nada en la
Mesa de Conversaciones. Nunca hemos entendido la paz como el producto de un
acuerdo de intereses entre el Gobierno y los guerrilleros, sino como el resultado
del diálogo abierto con todos los sectores de la realidad nacional. Con esa
perspectiva concebimos el foro de que tratamos.
FEDEGAN ocupa apenas un peldaño más alto que la posición oficial en
torno al proceso de paz en curso. Su carta deja al descubierto que el gremio
está pensando seriamente en reconvertir su actividad tradicional, amenazada por
la lógica neoliberal de los tratados de libre comercio, a fin de ponerse a tono
con las posibilidades de la creciente demanda mundial de alimentos y biocombustibles.
Sus nuevas banderas son la gran agricultura empresarial de exportación y la
ganadería moderna y sostenible, coincidiendo con el inocuo estribillo oficial
de generar de este modo empleo y bienestar general.
Su carta pretexta que Desarrollo Rural no puede significar reparto de
tierras destinadas a la proliferación de nuevos minifundios. Se trata es de
crear condiciones para que los campesinos que tercamente aún sobreviven, puedan
asociarse libremente con la gran empresa y obtener conexión con los mercados.
Como quien dice, el burro amarrado expuesto al tigre. Su coincidencia con las
locomotoras santistas es plena, con énfasis en que la restitución de tierras
debe afectar exclusivamente a las que están en manos de narcotraficantes u
organizaciones ilegales, mientras las demás deben permanecer intocadas.
Lo que les disgusta sobremanera es que se discuta ese asunto con las
FARC. Su negativa de asistir al foro nada tenía que ver con que los acusaran
allí de paramilitares y asesinos, cuestión que daban por descontada y que los
tenía sin cuidado. Se relacionaba más bien con su desacuerdo en celebrar un
evento así, capaz de despertar un sinnúmero de reclamaciones y aspiraciones
sobre el destino del campo, completamente distintas a lo ya definido por el gobierno.
¿Para qué azuzar ante tanta gente el avispero de la inconformidad y la
peligrosa cuestión de la redistribución de la tierra?
FEDEGAN no comparte que se les haya reconocido a las FARC un carácter
deliberativo. Y mucho menos a todas esas organizaciones y personas que describe
como de izquierda radical. ¿Para qué ir a repetir ante ese público tan
refractario las propuestas que una y otra vez ha hecho al gobierno y que él no
solamente conoce sino que ya implementa? Igual a como obraron las autoridades españolas
frente al reclamo de los comuneros de José Antonio Galán, o el Frente Nacional
ante los ruegos de los colonos de las zonas agrarias, de lo que se trata ahora
es de imputar toda clase de crímenes a sus contradictores.
Y a eso se dedica FEDEGAN. A difamar con toda intensidad de las
FARC-EP, para tapar con un dedo la irresistible radiación emitida por sus
propias atrocidades. Claro que las FARC hemos apelado al uso de las armas, para
defender nuestra vida y la de los miles y miles de colombianos agredidos y
perseguidos por la violencia del Estado y sus grupos de asesinos encubiertos.
Claro que hemos golpeado a los patrocinadores del paramilitarismo, a los
sucesivos ejecutores del terror contra el pueblo colombiano. Y en ello hemos
perdido miles de vidas. Y sufrido indeciblemente.
Como los centenares de miles de compatriotas que perdieron la vida
sólo en el último cuarto de siglo a manos de la ofensiva terrorista del Estado.
Como los millones de desterrados y despojados por la misma locura que hoy se viste
de ley para culminar su obra. Si los señores de FEDEGAN adoptaron libremente la
decisión de no asistir al foro sobre Desarrollo Rural Integral, las FARC-EP,
que sí queríamos acudir, no pudimos hacerlo porque el gobierno nacional, en su
particular manera de concebir la discusión democrática y la paz, se opuso
terminantemente a ello. La única voz que al final cuenta es la suya.
La política de desarrollo rural del Presidente Santos, otro santo
inocente, al igual que todas sus demás políticas, atiende solamente los
intereses de un grupo selecto, ha sido concebida a espaldas de la mayoría de
sus destinatarios y afectados. Creemos, al igual que muchísimos colombianos,
que la voz de estos debe ser escuchada y atendida. La democracia y la paz
significan eso, un foro permanente de discusión sobre el destino del país y la
sociedad. Que se atienda y respete la opinión de la gente. Cuando eso suceda,
habrá desaparecido por fin el conflicto armado en Colombia. Es así de sencillo,
señores.
“Por medio de la presente respondo
la amable e importante misiva que hicieron pública el pasado 26 de septiembre,
comunicación que agradecemos profundamente por ver en ella una muestra del
compromiso e iniciativa colectiva de todas las personalidades que componen CCP.
De
entrada, me parece importante resaltar el carácter progresista y humanista que
ha demostrado tener CCP desde el inicio mismo del proceso de gestación que le
dio vida. La existencia de CCP demuestra la magnitud de las reservas
democráticas con las que cuenta la nación.
Valoramos
altamente el deseo de todos Uds. de aportar en la construcción de un acuerdo
nacional que traiga la paz con justicia social y una auténtica democracia a
nuestro país. Es una nueva muestra del sentimiento patriótico que caracteriza a
sus integrantes, quienes con su altruista labor, han tendido puentes y allanado
caminos para la reconciliación entre los colombianos.
Su carta llega en momentos en los
que todo el nervio de nuestra organización se apresta a participar resuelta
mente en las conversaciones de paz con el gobierno nacional, que en nuestra
opinión, han de conducir hacia la superación definitiva de los factores que
dieron origen a la expresión armada del conflicto social y político que hoy compromete
la vida de toda la nación y el futuro de nuestro pueblo. Es un compromiso de
toda la guerrillerada y como tal será asumido con toda la seriedad y la altura
que el momento requiere.
Los integrantes de las FARC – EP
compartimos con CCP la convicción de la urgente necesidad de lograr una
resolución concertada y tratada a profundidad de los diversos puntos que
resultan problemáticos para la población civil dentro del escenario de la
guerra que se desarrolla en nuestro país.
Compartimos igualmente la
preocupación no solo por la prolongación en el tiempo de esta confrontación, y
sus dolorosas consecuencias sobre la población, sino también por la degradación
que ha sufrido el conflicto con la introducción, la creación y el apoyo, a
veces abierto, a veces soterrado por parte de variados organismos del Estado a
los grupos paramilitares y las graves infracciones a la dignidad humana
cometidas por las Fuerzas militares, reconocidas pero hipócrita mente
denominadas “falsos positivos”.
Coincidimos también en que el
mayor sufrimiento a causa de esta confrontación recae sobre los dolidos hombros
de nuestro pueblo. Por eso mismo hemos insistido en que no es posible llegar a
una paz verdadera sin realizar modificaciones estructurales al injusto
andamiaje sobre el cual se erige el régimen político colombiano.
Como lo han reafirmado
públicamente nuestros voceros para el diálogo, consideramos que la discusión de
los puntos por Uds. planteados será un elemento de gran ayuda para el avance en
la mesa de conversaciones.
De nuestra parte planteamos que,
en caso de no ser posible alcanzar el fin de la confrontación en esta
oportunidad, avancemos hacia la construcción de un tratado de regularización de
la guerra, que incluya la cuestión del uso y empleo bilateral de explosivos y
de operaciones de bombardeo indiscriminado en zonas densamente pobladas; el
seguimiento a las denuncias de las víctimas; el tratamiento digno de nuestros
prisioneros en las cárceles; así como la verificación de todo el proceso y de
los acuerdos salidos del mismo, por parte de una comisión encabezada por
organismos internacionales escogidos a mutuo acuerdo entre las partes.
Eso, en consideración a que en
Colombia existe una guerra civil, inmensamente desproporcionada en medios y
combatientes, degradada, y sucia por parte del Estado, en la que nuestros
prisioneros de guerra ni siquiera son reconocidos como tales, y en consecuencia
las normas del DIH resultan insuficientes; en esa misma dirección, nos parece
cardinal poder generar un marco interno que permita trascender los estrechos
límites del DIH (el cual, desde su constitución misma, ha desconocido las
peculiaridades de los conflictos armados de orden interno).
En igual sentido, vemos con
interés también la propuesta de cese bilateral al fuego y hostilidades, y
manifestamos nuestra disposición a discutir con el gobierno nacional las
condiciones en que podría darse, teniendo como horizonte un tratado como el que
se mencionó anteriormente
Con toda franqueza, el Estado debe
reconocer que en Colombia viene empleando métodos de guerra sucia desde hace
más de 30 años (eso, en privado lo reconocen hasta los mismos altos mandos
militares); el Estado utiliza la población civil como escudo, ubicando ex –
profeso bases militares y puestos de policía en el centro de bienes protegidos,
plazas públicas y caseríos. En las FARC-EP tenemos centenares de guerrilleros
amputados, lisiados y desaparecidos, como consecuencia de las minas antipersona
y kleimor que siembra el ejército alrededor de las bases y en desarrollo de
operativos. Esta realidad, invisibilizada por todos los medios de comunicación,
hace aún mucho más oportuno su planteamiento.
Las propuestas que CCP plantea
tienen por virtud, que representan el aporte de las organizaciones populares y
los movimientos sociales a una lucha que, en nuestra opinión, es de todo el
pueblo colombiano. Y resulta importante, además, porque no vienen solas sino
que son partícipes del torrente de iniciativas surgidas de diversas organizaciones
como el MOVICE, el movimiento estudiantil, el Congreso de los Pueblos, el
COMOSOC, la Marcha Patriótica, la Minga Indígena y diversas organizaciones y
ONG’ s, quienes también se han manifestado a favor de la apertura y
profundización de los diálogos, por alcanzar la paz con justicia social, que
pretendemos adelantar y llevar a cabo.
Hemos sostenido, desde los
acuerdos de La Uribe de 1984, que es imposible el logro de la paz sin la
participación de las fuerzas vivas de nuestro país. De allí que consideremos
que las conversaciones de paz competen a todos los ciudadanos y ciudadanas,
organizaciones comunitarias, cívicas, movimientos sociales, partidos políticos,
iniciativas populares, asociaciones de víctimas, convergencias gremiales, en
conclusión: a Colombia entera.
El escenario que mejor recoge ese
espíritu participativo y democrático, debe incluir la reunión de los
principales procesos organizativos, sociales y políticos a nivel nacional y
regional, las etnias y minorías políticas, así como generar los mecanismos que
permitan la participación del pueblo en las esferas locales.
Estamos seguros que CCP como parte
de ese escenario dará un importante aporte para que el movimiento popular de
nuestro país no se quede al margen ni disperso, sino por el contrario, se
unifique en la construcción de ese espacio y propicie la apertura de una
compuerta de comunicación con la mesa de diálogo en la que el pueblo, que es
quien ha padecido con rigor la guerra, sea protagonista también en la
construcción de la paz.
Nuestro equipo de trabajo para las
conversaciones de paz está comprometido con la evaluación y puesta en discusión
de los puntos y propuestas aportadas por Uds. y así mismo invita a toda la
ciudadanía a participar de estas conversaciones que no son un conciliábulo
secreto sino que le pertenecen a todo nuestro pueblo en su conjunto.
Porque, como nos enseñara nuestro
gran maestro y paladín de la lucha por alcanzar una paz democrática en
Colombia, Jacobo Arenas: El destino de esta patria no puede ser el de una
guerra civil permanente”.
Fraternal mente,
Timoleón Jiménez.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC EP.
Timoleon Jiménez, comandante de las FARC, reapareció
en Twitter
El comandante de las FARC, Timoleón Jiménez, filtró anoche en twitter, hacia
las 8:32 p.m. información que compartiría el presidente Santos y la cúpula
militar, referida a la inminente baja de otros tres miembros del secretariado
de las FARC, el comité ejecutivo de la guerrilla colombiana.
“Santos y generales anuncian pronta baja de 3 miembros del Secretariado.
¿El diálogo es entonces para firmar la rendición? Ayayay.” Trinó Jiménez,
denunciando la eventual operación militar.
Después, en un mismo minuto, pero hoy 25 de septiembre a las 6:26 p.m. Jiménez
trinó tres veces: “Conversaremos no por miedo a la muerte, como aseguran en las
alturas. Sino por amor a la vida. Por cambios, justicia y patria para
todos...Confían en repetir otra vez la ejecución de Alfonso Cano. Invitan a
dialogar mientras planean el golpe definitivo. Así han sido siempre...La
historia universal de la infamia no ha terminado de escribirse. Santos sigue
orondo la tradición criminal de todas las oligarquías”.
Los trinos de Timoleón Jiménez confirman la dinámica de lo que serán los
primeros meses de conversaciones de paz, una escalada militar de parte y parte
que ya empezó y que buscaría fortalecer los dos puntos de partida con los que
el gobierno y la guerrilla llegan a la mesa:
1. El gobierno y la cúpula militar pensando que las FARC están lo
suficientemente debilitadas y desgastadas como para aceptar una negociación a
cambio de la vida de los comandantes guerrilleros y algunas dádivas, jurídicas,
políticas y territoriales.
2. Las FARC pensando que se mantienen invencibles militarmente y que algunos
sectores de la oligarquía estarían dispuestos a aceptar un nivel de
transformaciones políticas, sociales y económicas, aceptables para la
guerrilla.
Además de los puntos y enfoques de partida diferentes, por su puesto, la misma
agenda y su orden plantean enormes desafíos para las partes. La pretensión de
resolver el primer punto de la agenda referido a las cuestiones agraria,
territorial y de desarrollo rural, sin que por ningún lado de los acuerdos
temáticos de partida aparezca la cuestión del modelo económico y la política
minero-energética gubernamental, requerirán, sin duda, de un enorme esfuerzo en
los aspectos programáticos, metodológicos e incluso de facilitación.
Por ahora, en los prolegómenos de las convesaciones que se instalarán en Oslo,
lo que veremos cotidianamente es el recrudecimiento de la guerra y su impacto
dramático en la vida de los pobladores rurales, las organizaciones sociales y
los combatientes.
La siguiente es la relación de los trinos de Timoleón Jiménez, desde el 5 de
Septiembre hasta hoy en https://twitter.com/timochenko_farc:
25 de septiembre
Notimundo transcribe los últimos
trinos de 'Timochenko' hasta antes de las 10 de la noche del 25 de septiembre
de 2012:
“Padre de la selva Colombiana”, 2008. Obra de la
artista, pintora y guerrillera Anti Maleywa
Timoleón Jiménez: “Otra
Colombia es posible y entre todos podemos modelarla”
Transcripción de la rueda de prensa realizada por los representantes de las FARC-EP en la Habana, el 4 de septiembre de 2012
MARCO LEÓN CALARCÁ: Les hemos convocado para
darles a conocer una declaración de nuestra organización, las
FARC-Ejército del Pueblo. Los aquí presentes integramos la delegación
de las FARC que participó en el encuentro exploratorio para la paz con
el Gobierno colombiano. Los camaradas Mauricio Jaramillo, Ricardo
Téllez, Andrés París, Hermes Aguilar, Sandra Ramírez y quien les habla,
Marco León Calarcá.
Vamos a escuchar al jefe de la delegación, el comandante Mauricio Jaramillo.
MAURICIO JARAMILLO: Buenas tardes. Saludamos en
nombre de las FARC-Ejército del Pueblo, con sentimiento bolivariano de
patria grande y justicia. Me honra presentarles la intervención de
nuestro comandante, camarada Timoleón Jiménez, anunciando el cierre del
encuentro exploratorio y el inicio de la mesa de conversaciones, como
parte del arduo pero necesario camino de la construcción de la paz
estable y duradera para Colombia. La resistencia del pueblo colombiano
hace parte del torrente de lucha de los pobres del mundo por una vida
digna, producto del trabajo y en paz. En ese sentido, fluye la
solidaridad. Al agradecer su asistencia, invocamos su objetividad como
forma de contribuir al noble propósito de paz en nuestra patria. Muchas
gracias.
MARCO LEÓN CALARCÁ: Quiero decirles, además, que el
jueves 6 a las 10 de la mañana, habrá una rueda de prensa con la
delegación de las FARC en este lugar. También que al final de esta
actividad se entregarán copias de la intervención de nuestro comandante
Timoleón Jiménez, en su versión digital e impresa. Veamos entonces la
declaración.
Trascripción Stolpkin.net:NotaStolpkin.net: La siguiente transcripción, completa, es la declaración de las FARC-EP a través de su Comandante en jefe Timoleón Jiménez sobre “el anuncio oficial del inicio de conversaciones de paz con el Gobierno de Colombia”.
Comandante
Timoleón Jiménez:
Las FARC-EP deseamos hacer también del dominio público, el
anuncio oficial del inicio de conversaciones de paz con el Gobierno de
Colombia.
Timoleón Jiménez
Efectivamente, en la ciudad de la Habana, en la Cuba
revolucionaria de Fidel y el Che, en la patria socialista de José Martí,
nuestros delegados suscribieron el día 27 de agosto del presente año el
denominado Acuerdo General Para la Terminación del Conflicto y la Construcción
de una Paz Estable y Duradera.
Con él se desata de nuevo un proceso de diálogos encaminado a
la consecución de la paz en nuestra patria; una noble y legítima aspiración que
la insurgencia colombiana defiende desde hace ya medio siglo. Adjuntamos el
texto de dicho acuerdo.
Consideramos un deber insoslayable reconocer la invalorable
colaboración del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, encabezado
por el señor presidente Hugo Rafael Chávez Frías, que resultó determinante para
la conclusión de este acuerdo; así como la inmejorable actuación del Gobierno
del Reino de Noruega, que jugó un papel fundamental… (Interrupción).
Sin la preocupación y gestión del Gobierno presidido por
Comandante Raúl Castro, esta larga faena no habría llegado a tan exitoso
puerto. A todos ellos, nuestros formales y sinceros agradecimientos. Estamos
seguros que toda nuestra América aplaude su generosa actuación. No nos cabe
duda de que nuevas naciones seguirán sumándose al propósito de brindar este
nuevo esfuerzo.
Han transcurrido 10 años, desde cuando Andrés Pastrana
decidió echar en sacos rotos sus propósitos de paz, y decretar una nueva etapa
en la larga confrontación civil colombiana. Daba así cumplimiento a la
persistente amenaza de su primer Ministro de Defensa, que nos advertía,
comenzando el proceso del Caguán, que tendríamos dos años para pactar nuestra
entrega. So pena de sufrir un exterminio ejemplar, por cuenta de la arremetida
que preparaba el Estado contra nosotros. Es claro que todo fue un ardid oficial
para ganar tiempo. Cuánta muerte y destrucción; cuánto dolor y lágrimas; cuánto
luto y despojo inútiles; cuántas vidas y sonrisas cercenadas, para finalmente
concluir que la salida no es la guerra sino el diálogo civilizado. Pueda ser; y
Colombia entera debe ponerse en pie para impedirlo. Que no suceda lo mismo esta
vez; nuestra patria no merece esta guerra que declararon contra ella. Pero una
década atrás, no sólo se vino sobre Colombia y su pueblo una espantosa y
embestida militar, paramilitar, judicial, económica, política y social que hoy
parece reconocerse como vana; también cayeron sobre nosotros como aves de
presa, los propagandistas del régimen con su discurso difamatorio y venenoso.
Cuál de los más viles adjetivos no se lanzó contra quien asumiera una posición
política próxima a nuestra palabra; de qué estigma infamante no fuimos
cubiertos quienes hicimos frente a la guerra y la violencia desatada con
frenesí desde el Poder; cuál de los más horrorosos crímenes dejó de sernos imputado;
también tan denigrante envilecimiento del lenguaje terminó siendo inútil.
Volvemos a un mesa. Reconocidos como adversarios militares y
políticos; convidados y protegidos por quienes nos persiguieron; acompañados y
avalados por la Comunidad Internacional.
Definitivamente tanta manifestación de odio, carece de
sentido. Quizás para la satisfacción de quienes el Gobierno Nacional ha
reiterado una y mil veces, tanto en el escenario exploratorio como en sus
múltiples declaraciones públicas, su inamovible decisión de no permitir ninguna
de las que califica como concesiones en el terreno de la guerra. En su extraño
parecer, cualquier posibilidad de cese al fuego, tregua, armisticio o despeje,
únicamente contribuye a la creación de incentivos perversos.
Es claro para nosotros entonces que pese a las
manifestaciones oficiales de paz, los alzados llegamos a este nuevo intento de
reconciliación asediados, no sólo por el mismo embate militar desatado una
década atrás, sino compelidos abiertamente mediante su acrecentamiento a
recoger nuestras aspiraciones políticas y sociales a cambio de una miserable
rendición y entrega. Pese a tales señales, las FARC-EP guardamos la sincera
aspiración de que el régimen no intenta repetir la misma trama del pasado.
Pensamos simplemente que están en evidencia las enormes dificultades que tendrá
que afrontar este empeño, la consecución de una paz democrática y justa, merece
afrontar los más difíciles retos.
Por encimas de ellos, somos optimistas. La historia siempre
ha sido labrada por las fuerzas sociales que apuntaron al futuro. Estamos
convencidos de que la realidad nacional impondrá la voluntad de las grandes
mayorías, que creen y necesitan de la paz con justicia social.
A un lado del camino deben quedar los firmantes de fabulosos
contratos derivados de la guerra; los que encuentran en los grandes
presupuestos de Defensa un rápido camino al enriquecimiento; los que
acrecientan velozmente sus propiedades e inversiones con base en el pillaje
contra los indefensos.
A la obsesiva e indolente posición de identificar la paz
exclusivamente con la victoria; de alcanzarla mediante brutales operaciones
militares y policiales de aniquilamiento; de conquistarla con base en
devastadores bombardeos y ametrallamientos; de identificarla con la
consagración de la impunidad para la arbitrariedad de sus agentes; de tejerla
con millares de capturas masivas, allanamientos, persecuciones, desplazamientos
y toda clase de represiones contra la población colombiana que reclama sus
derechos; de asimilarla a la aceleración de la locomotora de la infamia,
resulta urgente enfrentar una concepción distinta, justa, realista y
constructiva.
Una paz fundada en la verdadera reconciliación, en el
entendimiento fraterno, en las transformaciones económicas, políticas y
sociales, necesarias para alcanzar el punto de equilibrio aceptable para todos;
en la extirpación definitiva de las razones que alimentan la confrontación
armada. Sobre tales certezas, se elaboró conjuntamente la parte introductoria
del Acuerdo General.
Un importante logro en las discusiones del encuentro
exploratorio. Se reconocen allí, entre otros hechos, incontrovertibles, que
este proceso de paz, atiende al clamor de la población en su conjunto, y por
tanto, requiere de la participación, sin distinción, de todos; que deben
respetarse los Derechos Humanos en todos los confines del territorio nacional;
que el desarrollo económico con justicia social y en armonía con el medio
ambiente es garantía de paz y progreso; que el desarrollo social con equidad y
bienestar, incluyendo las grandes mayorías, nos permitirá crecer como país; que
la ampliación de la democracia es condición para lograr bases sólidas de paz. A
pesar de ello, aún se escuchan con fuerza voces oficiales que abiertamente
persisten en la salida militar. Allá ellos. Las FARC-EP asumimos, identificados
con el pueblo de Colombia, que la introducción de esos axiomas en el Acuerdo
General, constituye el marco teórico de principios que deberá ser materializado
en los acuerdos finales sobre la agenda pactada.
Seis meses batallando por estas verdades nos permitió por fin
conseguir del Gobierno Nacional su inclusión.
Para nosotros es perfectamente claro que la llave de la paz
no reposa en el bolsillo del presidente de la república, tampoco en el
comandante de las FARC-EP; el verdadero y único depositario de tal llave es el
pueblo de este país. Es a los millones de víctimas de este régimen elitista y
violento, a los afectados por sus políticas neoliberales de desangre, a los que
sueñan con una democracia real en una patria amable, en desarrollo y en paz, a
quienes corresponde jugar en adelante su rol protagónico por una nueva
Colombia. Y a ellos, estamos dirigiéndonos los FARC con nuestro corazón en las
manos. Porque ha vuelto a abrirse la puerta de la esperanza; porque repican las
campanas llamando con fuerza a la plaza central, para que salgan de sus
veredas, de sus viejas minas, de sus comunidades y resguardos, de sus barriadas
pobres, de sus centros de trabajo, de las factorías que los consumen, de sus
talleres domésticos, de su rebusque agónico de todos los días, de sus centros
de estudio, de su confinamiento carcelario, de su incesante búsqueda de empleo,
de sus pequeñas empresas, de sus fábricas amenazadas por la quiebra, de sus culturas
ignoradas, de su nicho de desplazados, de sus escondites de amenazados, de sus
rincones de víctimas, de sus hogares destruidos.
Se trata de marchar por la paz, por la construcción entre
todos del nuevo país; se trata de cerrarles el portón a los amos violentos; de
luchar por profundas modificaciones del orden vigente.
El espacio para la lucha de millones de colombianos está
abierto. Es eso lo que significa que la paz es una cuestión de todos.
Tenemos que hacer de esta oportunidad un nuevo grito por la
independencia.
Poco más de dos siglos atrás, clamaba José Acevedo y Gómez
desde un balcón capitalino: “si dejáis escapar esta ocasión única y feliz,
mañana seréis tratados como insurgentes. Mirad las mazmorras, los grillos y las
cadenas que os esperan”.
La situación de hoy es asombrosamente semejante.
O los colombianos del montón, los secularmente humillados y
ofendidos, los oprimidos y explotados nos ponemos de pie en defensa de nuestro
territorio y sus riquezas, de nuestro trabajo, de nuestras libertades,
familias, vidas y culturas, amenazadas por completo, o terminaremos con la
marca del hierro candente en las espaldas, constreñidos por las bayonetas,
lamentado sin consuelo haber sido inferiores a nuestro compromiso con la patria
y nuestros hijos; o seguiremos sufriendo la prolongación indefinida y lacerante
del conflicto para impedir por la fuerza semejante destino.
En días recientes, alguna revista reseñaba como una
empirefollada señora de la alta sociedad, renunció de modo airado a su participación
como socia en un exclusivo club de la capital, por haber visto bailando en uno
de sus pasillos a un jovenzuelo atrevido que tenía, además, un cigarrillo en la
mano. Una “afrenta intolerable”, a su juicio.
Que la gente de la alta sociedad proceda de ese modo, en sus
clubes sociales, es un asunto de ella. Pero que no pretendan seguir obrando de
igual modo con el país entero. No puede calificarse como bochinche y ruido
innecesario, la participación general del pueblo colombiano en las discusiones
de paz. Menos cuando ha sido éste quien ha puesto la mayor cuota de sangre y
sufrimiento en el conflicto.
Llamamos por eso a Colombia entera a pronunciarse; a exigir
su participación o a asumirla en las calles y carreteras, como ha aprendido a
hacerlo por siglos. Ella también tiene su agenda.
En nuestro país se ve de todo. Vampiros sedientos de sangre
acuden hoy a los cuarteles a llenar de consejas a los miembros de las Fuerzas
Armadas a fin de lograr que se atraviesen en los esfuerzos de paz y de reconciliación.
Peligroso asunto. Pero saldrán también derrotados. Nadie como las guerrillas
para dar fe de la entereza y valor de los soldados y policías de Colombia.
Combatimos a diario en todo el territorio nacional. Ellos nos causan nuestras
bajas y son a su vez alcanzados con el fuego de nuestras armas. Saben bien que
la necesidad los ha impelido a jugarse la vida; que alimentan a sus familias
con el miedo permanente a la muerte o a la invalidez; son colombianos del
pueblo que aman la vida y se sueñan con prolongarla; que sufren necesidades si
ven a sus hijos crecer en medio de tan aciago panorama de incertidumbre social
y violencia, que junto a los suyos no pueden querer esta guerra. Habrán en su
cúpula elementos guerreristas y ambiciosos, que se prestan a los más sucios
propósitos; gente como Rito Alejo del Río o Santoyo, penetrados hasta los
tuétanos por las doctrinas imperiales de la Seguridad Nacional que convierten
en hongos a los hombres. Pero también debe haber patriotas; militares honestos
que se preguntan por qué razón las Fuerzas Armadas colombianas se encuentran al
servicio de poderosas multinacionales que saquean las riquezas del país; por
qué su papel se reduce a la intimidación, al aplastamiento de la población
inconforme con las políticas antipatrióticas de gobiernos corruptos; que se
cuestionan por su papel de garantes de un injusto orden de cosas; que se
irritan al ver como sus altos mandos dan sumisos partes a generales
extranjeros. A todos ellos, extendemos en esta hora nuestras manos abiertas en
procura de reconciliación. Otra Colombia es posible y entre todos podemos
modelarla.
Haber llegado a la Habana no fue fruto de la resistencia
indoblegable de la insurgencia colombiana. Es, sobre todo, el triunfo del
clamor nacional por la paz y la solución política. Es el resultado de cada
consigna pintada en una pared; de cada acto de masas promovido en centenares de
sitios; de esa movilización campesina, indígena y de negritudes que confluyó en
Barrancabermeja en agosto del 2011; de las arrolladoras marchas en cada
departamento y en la capital del país; de la protesta social; de la lucha
contra las fumigaciones; de los paros y huelgas contra el gran capital
transnacional; de todos esos encuentros de mujeres, de artistas, de estudiantes
y jóvenes; de Colombianos y Colombianas por la paz; del Congreso de los
Pueblos; de la Minga indígena; de la movilización de múltiples sectores; del
grito adolorido de los habitantes del Cauca y Putumayo, del Cesar, del Huila y
la Guajira, del Caquetá, los Santanderes y Arauca; de todos los rincones de
nuestra geografía patria. Semejante torrente ya no podrá detenerse, estamos
seguros que seguirá creciendo; que se llevará por delante los planes
imperiales, los aviones cazas, los tanques de guerra, los infernales desembarcos,
los batallones de combate terrestres, los brutales escuadrones antimotines, los
falsos positivos, las amenazas y los emplazamientos, el paramilitarismo, los
pedantes jurisconsultos, la falsedad mediática, la politiquería rastrera, las
políticas neoliberales.
Por nuestra parte, llegamos a la mesa de diálogos sin
rencores ni arrogancias, a plantear al Gobierno Nacional que considere
importante los de abajo; que no juzgue la como ingenuidad de sus anhelos, que
no los crea incapaces de emprender grandes empresas, que le reconozca su
derecho a tomar parte en las grandes decisiones nacionales.
Con el cerrado apoyo de enormes muchedumbres, no pensamos en
levantarnos de la mesa sin haber hecho realidad esas banderas.
¡¡¡Hemos jurado vencer y venceremos!!!
¡¡¡Viva la memoria y el ejemplo de Manuel Marulanda Vélez,
Jacobo Arenas, Efraín Guzmán, Raúl Reyes, Iván Ríos, Jorge Briceño, Alfonso
Cano, Marianita Páez, Lucero Palmera, y todas las guerreras y guerreros que
ofrendaron su sangre por la paz de Colombia!!!
La redacción de ANNCOL reproduce abajo tanto el video del discurso de
Timoleón Jiménez, máximo comandante de la guerrilla de las FARC-EP, como varios
artículos publicados hoy que resumen lo más importante de la noticia oficial el
día de hoy; el inicio de un proceso de paz entre las FARC-EP y el gobierno del
presidente Juan Manuel Santos.
También anunciamos que la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL) abre sus columnas
para que el sector popular pueda expresarse en forma libre y soberana y así ser
partícipes en un proceso de paz que debe abarcar a todo el Pueblo de Colombia.
No
nos engañemos; la paz ha tenido, tiene y tendrá enemigos en los sectores
guerreristas tradicionales en Colombia. Todos sabemos donde se encuentran y qué
clases sociales representan.
Pero
ahí están también el Departamento de Estado, el Pentágono y el Comando Sur organismos
al servicio del Imperio que han sostenido esta guerra desde hace medio siglo.
Bien resumen los carteles en todo el territorio colombiano; “Plan Colombia pone
las armas y Colombia los muertos”.
Si
hay una verdadera voluntad de paz en los sectores de la oligarquía y el Poder
Fáctico, lo veremos cuando comienza el proceso en el mes de octubre. ANNCOL por
su parte, hará todo para aportar con su única arma; el periodismo con ética y
principios, dando espacio para el debate y la “Batalla de las Ideas”.
“La paz es una noble y legítima
aspiración que la insurgencia colombiana defiende desde hace ya medio siglo
(...) Han transcurrido 10 años desde cuando Pastrana decidió echar en saco
roto sus propósitos de paz (...) es claro que todo fue un ardid oficial para
ganar tiempo, cuanta muerte y destrucción, cuanto dolor y lágrimas, cuanto
luto y despojo inútiles, cuantas vidas y sonrisas cercenadas, para finalmente
concluir que la salida no es la guerra sino el diálogo civilizado. Pueda ser
que Colombia entera debe ponerse en pie para impedir que no suceda lo mismo
esta vez, nuestra patria no merece esta guerra que declararon contra ella.
Pero una década atrás no solo se vino sobre Colombia y su pueblo una espantosa
embestida militar, paramilitar, judicial, económica, política y social,
también cayeron sobre nosotros como aves de presa los propagandistas del
régimen con su discurso difamatorio y venenoso (...) de qué estigma
infamante no fuimos cubiertos quiénes hicimos frente a la guerra y la violencia
desatada con frenesí desde el poder”
“El gobierno ha reiterado una y
mil veces su inamovible decisión de no permitir ninguna de las que califica
como 'concesiones en el terreno de la guerra', en su extraño parecer
cualquier posibilidad de cese al fuego, tregua, armisticio o despeje,
únicamente contribuye a la creación de incentivos perversos (...) pese a tales
señales las FARC-EP guardamos la sincera aspiración de que el régimen no
intenta repetir la misma trama del pasado (...)”
“La realidad nacional impondrá la
voluntad de las grandes mayorías que necesitan la paz con justicia social. A un
lado del camino deben quedar los firmantes de fabulosos contratos derivados de
la guerra, los que encuentran en los grandes presupuestos de defensa un rápido
camino al enriquecimiento, los que acrecientan velozmente sus propiedades e
inversiones con base en el pillaje contra los indefensos. A la obsesiva e
indolente posición de identificar la paz exclusivamente con la victoria, de
alcanzarla mediante brutales operaciones militares y policiales de
aniquilamiento, de conquistarla con base en devastadores bombardeos y
ametrallamientos, de identificarla con la consagración de la impunidad
para la arbitrariedad de sus agentes, de tejerla con millares de capturas
masivas, allanamientos, persecuciones, desplazamientos, y toda clase de represiones
contra la población colombiana que reclama sus derechos, de asimilarla a
la aceleración las locomotoras de la infamia, resulta urgente enfrentar una
concepción distinta, justa, realista y constructiva: una paz fundada en las
transformaciones económicas, políticas y sociales necesarias para alcanzar el
punto de equilibrio aceptable para todos, en la extirpación definitiva de
las razones que alimentan la confrontación armada.”
“Aún se escuchan con fuerza voces
oficiales que abiertamente persisten en la salida militar (...)”
“Es a los millones de víctimas de
este régimen elitista y violento, a los afectados por sus políticas
neoliberales de desangre, a los que sueñan con una democracia real en una
patria amable en desarrollo y en paz, a quiénes corresponde jugar en
adelante su rol protagónico por una nueva Colombia. A ellos estamos dirigiéndonos
las FARC con nuestro corazón en la mano. (...) Se trata de luchar por profundas
modificaciones del orden vigente.”
Timoleón Jiménez llama a la
participación popular: “(...) la participación general del pueblo colombiano en
las discusiones de paz, llamamos a Colombia entera a pronunciarse,
a exigir su participación o a asumirla en las calles y carreteras (...)”
Timoleón Jiménez acerca de los
militares: “Saben bien que la necesidad los ha impelido a jugarse la vida, que
alimentan a sus familias con el miedo permanente a la muerte o a la invalidez,
son colombianos del pueblo que aman la vida y sueñan con prolongarla, que
sufren necesidades y ven a sus hijos crecer en medio de tan aciago panorama de
incertidumbre social y violencia, no pueden querer esta guerra... habrá en su
cúpula elementos guerreristas y ambiciosos, que se prestan a los más sucios
propósitos, gentes como Rito Alejo del Río o Santoyo: penetrados hasta los
tuétanos por las doctrinas imperiales de la 'seguridad nacional' que convierten
en hongos a los hombres; pero también debe haber patriotas, militares honestos
que se preguntan por qué razón las fuerzas armadas colombianas se encuentran al
servicio de poderosas multinacionales que saquean las riquezas del país, por
qué su papel se reduce a la intimidación, al aplastamiento de la población
inconforme con las políticas antipatrióticas de gobiernos corruptos, que se
cuestionan por su papel de garantes de un injusto orden de las cosas, que se
indignan al ver comos sus altos mandos dan sumisos partes a generales
extranjeros (...)”
“Haber llegado a la Habana es el
resultado de (...) cada consigna pintada en una pared, de cada acto de masas
(...) de la movilización campesina, de las arrolladoras marchas, de la protesta
social, de la lucha contra las fumigaciones, de los paros y huelgas contra el
gran capital transnacional, de todos esos encuentros de mujeres, de artistas,
de estudiantes y jóvenes(...) Semejante torrente ya no podrá detenerse, estamos
seguros de que seguirá creciendo y se llevará por delante los planes
imperiales, los aviones cazas, los tanques de guerra, los infernales
desembarcos, los batallones de combate terrestre, los brutales escuadrones
anti motines, los 'falsos positivos, las amenazas y los emplazamientos, el
paramilitarismo, los pedantes jurisconsultos, la falsedad mediática, la
politiquería rastrera, las políticas neoliberales.”
Chávez hace un llamado para acompañar
proceso de paz que inicia en Colombia
Ivan Márquez, del Secretariado de las FARC-EP, en su reunión en noviembre de 2007 con el presidente Hugo Cávez en Caracas. Fue un otro intento para crear puentes por la paz. Pero Uribe cerró todas las puertas.
El presidente de
Venezuela escribió a través de su cuenta en Twitter, un mensaje en el que insta
a apoyar a a Colombia durante el inicio del diálogo de paz con las FARC.
El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, hizo este martes un
llamado a acompañar el proceso de diálogo que inició el Gobierno colombiano con
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para acabar con el
conflicto armado.
“Acompañemos a la hermana Colombia en sus esfuerzos por
lograr la Paz! Ya lo dijo SimónBolívar: “La Paz es mi puerto, la Paz es mi todo”,
escribió el mandatario a través de su cuenta en
Twiiter @chavezcandanga.
El mensaje lo envía luego que el presidente de Colombia,
Juan Manuel Santos, anunciara la firma del “Acuerdo General para la Terminación
del Conflicto”, entre el Gobierno y las FARC.
Santos agradeció a Venezuela por acompañarlos en este
proceso, y a Cuba y a Noruega, “pues este acuerdo no hubiese sido posible sin
ellos. Ellos actuarán como anfitriones y garantes”.
También agregó que las negociaciones de paz son una
oportunidad porque Colombia y el mundo han cambiado. ”Hoy podemos hablar
de paz porque estamos avanzando y porque el uso de la violencia es cosa del
pasado y ningún país de la región lo tolera”, añadió.
Cuba expresa que tiene un compromiso
histórico con la paz en Colombia
A través de un
comunicado de la cancillería, la nación caribeña confirmó este martes el inicio
del diálogo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC para acabar con 50
años de conflicto armado en esa nación suramericana, y se ofreció para
continuar prestando su ayuda solidaria a favor de este esfuerzo.
Cuba confirmó este martes el inicio del diálogo de paz entre
el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC) para acabar con los más de 50 años de conflicto armado, y expresó que
frente a ésto tiene un compromiso histórico con la paz de la nación
suramericana.
“La Revolución cubana tiene un compromiso histórico con la
paz en Colombia y con los esfuerzos encaminados a poner fin al conflicto
político, social y militar de ese país hermano de América Latina y el Caribe”,
reza un comunicado divulgado por la cancillería de la isla caribeña.
El Ministerio explicó que las conversaciones exploratorias
para llegar a lo que se celebrará a mediados de octubre, iniciaron este
año en La Habana desde el 23 de febrero y que en esos encuentros ambas
partes declararon que “se ha abierto un proceso de diálogo comprometido con la
paz y con la solución del conflicto histórico en Colombia”.
De acuerdo con el texto, Cuba respalda la iniciativa, “consciente
de la importancia que tiene para el pueblo colombiano y de su trascendencia
para América Latina y el Caribe”.
“El Gobierno cubano ha brindado su colaboración y apoyo para
celebrar conversaciones exploratorias conducentes a un proceso de paz, a la vez
que ha participado como garante en las deliberaciones”, expresa el comunicado
Informó que se respetó celosamente el compromiso de
confidencialidad acordado por las partes y que ha servido de garante, junto a los
“Gobiernos de Noruega y de Venezuela, para el traslado a Cuba de representantes
de las FARC-EP”.
En el documento se asegura que el Gobierno de Cuba ha hecho “esfuerzos
discretos y constructivos para ayudar a la búsqueda de una solución negociada,
respondiendo siempre a una solicitud de las partes involucradas y sin influir
en lo más mínimo en sus respectivas posiciones”.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, confirmó este
martes la firma de un acuerdo marco llamado Acuerdo General para la Terminación
del Conflicto ”que establece una hoja de ruta para llegar a un acuerdo
final que termine de una vez por todas esta violencia entre hijos de una misma
nación”. En el documento no se prevé despeje alguno de territorio ni cese de
operaciones militares.
En cadena nacional el mandatario afirmó que este acuerdo es
diferente a otros a los que se ha llegado en el pasado y destacó que el
Gobierno no hará concesiones de ningún tipo en el terreno militar, pues no se
ha establecido despeje de territorio y afirmó que las operaciones militares
continuarán con la misma o mayor efectividad.
Santos agregó que las negociaciones “se llevaron a cabo en
La Habana con el acompañamiento de Cuba y Noruega después de año y medio de
trabajos preparatorios. Se acordó la agenda del juego de un proceso que debe
ser digno y debe ser eficaz”.
El proceso establece un acuerdo dividido en tres fases: la
exploratoria, que estará enmarcada en sesiones de trabajo directas sin
intermediarios y sin interrupciones y será la implementación de todo lo
acordado con las correspondientes garantías.
En segundo término se establece proveer garantías para la
oposición política del país y que se garantice la participación ciudadana y en
tercer lugar la finalización del conflicto como tal, que se depongan las armas,
y se permita la reintegración de las FARC a la vida civil.
Santos confirma acuerdo marco de paz sin
cese de operaciones militares
El presidente colombiano
destacó que hoy Colombia puede hablar de paz porque las políticas de su
Gobierno ha creado condiciones para la reconciliación nacional.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, confirmó este
martes la firma de un acuerdo marco llamado Acuerdo General para la Terminación
del Conflicto “que establece una hoja de ruta para llegar a un acuerdo final
que termine de una vez por todas esta violencia entre hijos de una misma nación”.
En el documento no se prevé despeje alguno de territorio ni cese de operaciones
militares.
En cadena nacional el mandatario afirmó que este acuerdo es
diferente a otros a los que se ha llegado en el pasado. Destacó que el Gobierno
no hará concesiones de ningún tipo en el terreno militar, pues no se ha
establecido despeje de territorio y afirmó que las operaciones militares
continuarán con la misma o mayor efectividad.
Indicó que la solución del conflicto armado solo será
posible si se siguen tres principios: Aprender de los errores del pasado para
no repetirlos, cualquier proceso tiene que llevar al fin del conflicto y no a
su prolongación y no ceder ni un milímetro del territorio nacional.
Santos agregó que las negociaciones “se llevaron a cabo en
La Habana con el acompañamiento de Cuba y Noruega después de año y medio de
trabajos preparatorios. Se acordó la agenda del juego de un proceso que debe
ser digno y debe ser eficaz”.
Colombia ha cambiado
El Presidente expresó que las negociaciones de paz son una
oportunidad porque Colombia y el mundo han cambiado. ”Hoy podemos hablar
de paz porque estamos avanzando y porque el uso de la violencia es cosa del
pasado y ningún país de la región lo tolera”, añadió.
Resaltó que “este acuerdo no es ya la paz, ni se trata de un
acuerdo final, es una hoja de ruta que define los términos para llegar al final”.
Manifestó tener la convicción de que se está ante la
oportunidad de terminar el conflicto y afirmó que “será un camino difícil, pero
un camino que debe ser aprovechado por cualquier gobernante responsable, porque
cientos de colombianos tienen un familiar que ha sido víctima de la violencia”.
Proceso comienza en
octubre
Santos informó que el proceso de negociaciones comenzará en
Oslo (capital de Noruega) el 15 de octubre próximo y luego continuarán en La
Habana.
El mandatario colombiano agradeció a Noruega y Cuba, países
donde se llevarán acabo las conversaciones. De igual manera, agradeció a
Venezuela y Chile quienes serán acompañantes en los diálogos de paz.
Resaltó que el proceso establece un acuerdo dividido en tres
fases: la exploratoria, estará enmarcada en sesiones de trabajo directas sin
intermediarios y sin interrupciones y será la implementación de todo lo
acordado con las correspondientes garantías.
El segundo punto de este plan de Paz “es proveer garantías
para la oposición política del país y que se garantice la participación
ciudadana, no solo normas, sino que sea una realidad, que quienes disientan lo
hagan sin temor”.
El tercer punto “es la finalización del conflicto como tal,
que se depongan las armas, y se permita la reintegración de las FARC a la vida
civil junto a medidas del gobierno para el proceso de terminación del conflicto”.
“Gracias especiales a Cuba y a Noruega, pues este acuerdo no
hubiese sido posible sin ellos. Ellos actuarán como anfitriones y garantes.
Asimismo, agradecemos a las naciones de Venezuela y de Chile por su disposición
permanente y apoyar este Plan de Paz. Venezuela y Chile serán acompañantes”.
El mandatario aseguró que “vamos a seguir comunicando los
avances de este plan de Paz, manteniendo el carácter serio y discreto de las
conversaciones”.