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lunes, 7 de enero de 2013

«Participar en política es una bandera de nuestra lucha»: La guerrillera holandesa Alexandra Nariño

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Alexandra Nariño o Tanja Nijmeijer, su verdadero nombre, es desde hace diez años guerrillera de las FARC-EP. A su llegada a Colombia, se quedó impresionada con «la pobreza» que vio a su alrededor. Sintió vergüenza, propia y ajena. Ese fue «el puente que me llevó a investigar más a fondo las cosas» y a unirse, posteriormente, a la guerrilla. En la actualidad, es una de las caras visibles y más mediáticas de la delegación de las FARC en la mesa de diálogo en La Habana.
Por Ainara LERTXUNDI, Diario Gara
La incorporación de la guerrillera holandesa Alexandra Nariño a la mesa de diálogo entre las FARC-EP y el Gobierno colombiano generó un revuelo entre los medios que se desplazaron a Oslo a mediados de octubre. Discrepancias de última hora impidieron su presencia en la capital noruega, uniéndose días después al resto de delegados de la guerrilla en La Habana.
Sobre ella se han escrito libros y reportajes de todo tipo. Su nombre de pila, Tanja Nijmeijer, tiene cerca de 496.000 entradas en internet. Alexandra Nariño, el nombre que adoptó al entrar en la guerrilla, se reafirma en sus convicciones y resalta los valores que le ha aportado estar en contacto con «la miseria que vive el pueblo colombiano». Ha sido testigo de la muerte de Jorge Briceño o Mono Jojoy en un bombardeo y de otros ataques aéreos del Ejército. Desde la capital cubana, relata a GARA su experiencia, haciendo hincapié en la apuesta de las FARC por «la paz y por un país más equitativo».
¿Qué le ha aportado la guerrilla a nivel ideológico y personal?
A nivel ideológico, el materialismo dialéctico e histórico me ha abierto los ojos, en el sentido de que me ha hecho entender por qué el mundo está como está; uno aprende a ver la realidad desde el punto de vista de la lucha de clases, para así entender los procesos históricos. Pienso que -sin ser consciente de ello- yo tenía una mentalidad eurocentrista, tomando como punto de partida siempre la socialdemocracia europea. Ahora he cambiado esa visión; creo que todos los pueblos del mundo buscan sus propias formas de ejercer la democracia y la soberanía. En eso no puede haber lineamientos estrechos, limitaciones, ni imposiciones. Y aunque hay voces que dicen que me lavaron el cerebro, yo afirmo que he tenido la fortuna de ponerme en contacto con nuevas visiones del mundo, sobre todo aprender a mirar desde los escenarios donde abunda la miseria, las necesidades de la gente que padece hambre, falta de techo..., por ejemplo, y me he hecho a herramientas importantes que me permiten a mí misma buscar las respuestas a las miles de preguntas que volaban en mi cabeza.
A nivel personal, mi militancia me ha ayudado a comprender mucho mejor a las personas. Todavía soy crítica pero no juzgo tan rápido como lo hacía antes. Aprendí a trabajar en colectivo, pues antes creía que las tareas salían mejor si las hacía sola, ahora entiendo que no hay nada mejor que el trabajo colectivo, así no sea lo que yo tenía en mente. Aprendí a compartir, también en situaciones de escasez. Honestamente, antes me dolía por dentro tener que compartir cualquier cosa. Ahora recibo algo e instintivamente empiezo a pensar quién necesita, a quién le puedo alegrar la vida con un detalle.   
¿Cuál fue su primera impresión al llegar a Colombia?¿Cómo fueron sus comienzos en la selva?
Lo primero que me impactó fue la pobreza. Recuerdo, cuando estaba haciendo la ruta escolar con los niños del colegio donde trabajaba -niños sin otras preocupaciones que sus notas o qué ropa ponerse- vimos una familia completa de indígenas descalzos caminando por la calle; desplazados. Los niños se burlaban y gritaban: «¡Nosotros tenemos plata y ustedes no!». Sentí vergüenza ajena.
Otro recuerdo: unos hombres buscando comida en mi basura una mañana cuando estaba esperando la ruta escolar. Sentí vergüenza, esta vez no ajena. Esos días fueron de una constante curiosidad, observar ese nuevo mundo que me rodeaba, me sentía incapaz de resignarme a esa realidad. La guerrilla es la respuesta del pueblo a esa realidad, no solo de pobreza, sino también de terrorismo de Estado, que estaba todavía por descubrir. De exclusión política. La pobreza es solo el síntoma más palpable de ese Estado de exclusión de las mayorías y para mí, fue el puente que me llevó a investigar más a fondo las cosas.
Apenas conociendo algunos aspectos de la sociedad colombiana, la existencia de una guerrilla se me hizo completamente natural. Y al mismo tiempo un ejemplo de no resignación, de combatividad. Y sentí también como natural mi ingreso a la selva, como consecuencia del proceso que había vivido, no lo sentí como una decisión radical, sino lógica.
Me identifiqué con esta causa, y eso fue suficiente. Como tal asumí mi nueva vida, como algo natural, que no equivale a decir que fue algo fácil, tuve mis dificultades de adaptación, físicas, lingüísticas, culturales, de todo tipo. Me desesperaba el sonido de los grillos, que se vuelve más fuerte sobre las 16.05 de la tarde (ahora me hace falta). No conocía el machete, ni mucho menos sabía manejarlo (ahora me hace falta). Muchos obstáculos que sobrepasar. Pero aquí estoy.
¿Cómo es la vida en la guerrilla?
La vida es impredecible, por la misma dinámica de la guerra. Hoy estás aquí, mañana allá. Somos móviles, cargamos nuestra casa a la espalda como los caracoles. No nos apegamos a las cosas materiales. Por la misma dureza de la guerra, los guerrilleros no nos dejamos achicopalar por nada, en los campamentos hay un ambiente de alegría y camaradería. Trabajamos hasta las 15.00, luego nos bañamos y tenemos la hora cultural, con canto, poesía, lectura de documentos, y discusión sobre las noticias o documentos. Por la tarde, hay relación militar, donde se ventilan los problemas habidos en las últimas 24 horas. Y, una vez a la semana, reunión de partido, donde hay educación, análisis político, críticas y autocríticas. Las tareas son muy diversas: organización de masas, educación, alfabetización, cocinar, pagar guardia, pelear, hacer inteligencia, transportar alimentos, cargar leña y muchas cosas más. Nunca es monótona: hoy estás en una emboscada, mañana en entrenamiento político-militar y pasado mañana ranchando.
En estos diez años, ha sido testigo de los bombardeos del Ejército. ¿Cómo los describiría?
Estuve en el bombardeo donde asesinaron al camarada Jorge Briceño, y antes también había estado en otros bombardeos. Es difícil describirlos, lo único que puedo decir es que es una forma de atacar tan cobarde, que sales con una fuerza renovada para combatir el terrorismo de Estado. Es en esos momentos que realmente cobra sentido esa palabra: terrorismo de Estado; cuando tú te das cuenta de que ese Estado está dispuesto a hacer cualquier cosa para asesinar a sus propios ciudadanos, quienes simplemente tienen otras ideas sobre política, economía o democracia. Póngase a imaginar lo contrario, si la guerrilla tuviera aviones y bombardeara a la fuerza pública masivamente, por la noche cuando están durmiendo: ¿Qué diría el mundo? ¿Diría también que esas bombas de 500 kilos son «armas convencionales»? Pienso que todos los organismos de derechos humanos nos caerían encima, denunciando semejante crimen de guerra.
La también delegada de las FARC Sandra Ramírez ha denunciado «el menosprecio por las mujeres» por parte del enemigo, al que acusa de torturas e, incluso, mutilaciones. ¿Qué papel desempeña la mujer en la guerra? ¿Y dentro de la guerrilla?
Hay muchísimas denuncias de mujeres prisioneras de guerra en manos del régimen, desde torturas hasta violaciones por parte del Ejército y de carceleros. Es el mismo machismo tan latente en la sociedad latinoamericana que en la guerra coge unas formas espantosas y que se pueden resolver acabando la guerra o regularizándola. En la guerrilla, hombre y mujer son iguales, cualquier forma de discriminación de la mujer es fuertemente combatida. Las mujeres que estamos en la guerrilla tratamos de ser un ejemplo para la mujer colombiana, oprimida de muy diversas maneras, mostrando en la práctica que las mujeres somos parte activa en esta lucha, que es la lucha del pueblo en su conjunto, hombres y mujeres.
Sobre usted se han escribo varios libros y reportajes de todo tipo. ¿Cómo se ha sentido a lo largo de estos años siendo el foco de atención, y más ahora?
Como para mí fue un proceso tan natural, al principio me sorprendía sobremanera el asombro de mucha gente al ver una holandesa en la guerrilla colombiana. Para mí, francamente esa atención en muchos casos limita con sensacionalismo, amarillismo, todo el mundo tiene una opinión sobre mí y sobre las FARC, mucha gente sin siquiera conocer el conflicto o la situación de miseria que vive el pueblo colombiano. Son rápidos en juzgar, pero muy perezosos a la hora de estudiar las causas, las razones del alzamiento en armas del pueblo colombiano. De forma sumisa adoptan los conceptos doctrinarios «terroristas, narcotraficantes, secuestradores» sin pensar críticamente.
Tengo que decir que también hay otro lado de la medalla, hay gente que, motivada por mi ingreso, empezó a ver la importancia del internacionalismo y la lucha contra el gran capital, y eso obviamente me llena de satisfacción. 
El Gobierno colombiano y las grandes corporaciones mediáticas utilizaron en su contra y en contra de la guerrilla unos párrafos de un diario suyo incautado durante una operación del Ejército. ¿Qué aprendió de aquello? ¿Qué huellas le dejaron?
Mi diario fue un reflejo de todas mis vivencias durante los primeros años en la guerrilla. Contenía alegrías y tristezas, pensamientos críticos y ataques de rabia o de mal genio. Sacaron cinco o seis frases y con eso hicieron una gran manipulación mediática. Como si fuera un escándalo que acá hay contradicciones, problemas y defectos. ¡Somos humanos! ¿Por qué en mi diario no hablo de las cosas que tanto se le imputan a las FARC? ¿Del reclutamiento forzoso de niños, ataques a la población civil, narcotráfico....? Nadie se ha preguntado eso, y muestran como un enorme escándalo el hecho de que tengamos defectos. Lo que aprendí de todo ese episodio, fue que el Estado colombiano no escatima esfuerzos ni dinero para satanizarnos y que uno tiene que ser cuidadoso con eso, en el entendido de que la gran prensa que está al servicio de las transnacionales, respecto a nosotros no tiene intención de hacer relucir la verdad, sino el formato de tergiversaciones y desprestigio que se ha creado para combatirnos.  
Uno de los cursos que recibió en la selva fue impartido por Simón Trinidad. Las FARC han pedido al presidente estadounidense, Barack Obama, que lo indulte. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Albergan esperanzas de que pueda participar en la mesa tras la negativa de la Casa Blanca a indultarlo?
Insistimos en la participación de Simón Trinidad en la mesa, porque ha sido y es hombre de paz, con una enorme capacidad política y una firmeza ideológica que ha sido demostrada durante todos estos años. Confiamos en que el Gobierno estadounidense, tras tantos años de aportarle a la guerra en Colombia, con equipos bélicos, asesores y tecnología punta, planes militares específicos de contrainsurgencia, recapacite y haga también un aporte muy importante a la paz de este país.
Yo creo que la voluntad existe, escuchando diversas declaraciones que altos funcionarios de ese país han dado en apoyo a la paz de Colombia, pero lo complicado es que el Gobierno colombiano, que fue el que lo extraditó inventándose pruebas falsas, no conceda siquiera la gracia de una simple solicitud al Gobierno esta- dounidense en el sentido de que analicen el caso, que entre otras cosas comporta una condena por asuntos diferentes a los que se argumentaron para extraditarlo.   
¿Por qué Bogotá puso trabas a su inclusión a la mesa de diálogo?
Creo que no fueron tanto jurídicas, como dicen, sino políticas. A ellos, quienes están bajo órdenes directas de Washington, reciben ayuda militar extranjera, hacen concesiones permanentes al capital extranjero, les incomoda esta piedrita en el zapato; les da temor que tal vez mi presencia pueda despertar un sentido crítico en mucha gente, que tal vez las FARC no sean terroristas como ellos afirman. Por otra parte, ellos saben que mi presencia es reflejo de la fuerza que en los movimientos revolucionarios tienen hermosos y profundos conceptos como internacionalismo y solidaridad.
¿En qué situación se encuentra el campesinado? ¿Cómo es su contacto con las comunidades más afectadas por el conflicto?
Todos coincidimos en señalar el problema de la tierra en Colombia, su tenencia y uso desigual, su acumulación en muy pocas manos mediante el despojo violento como causa fundamental del conflicto. El 1,15% de la población posee el 52% de las tierras, tema que hay que resolver con urgencia. La concentración y despojo de la tierra ha dejado en el último cuarto de siglo cerca de 6 millones de hectáreas arrebatadas. Algunos calculan que pueden ser 8 millones; esa acumulación de tierras sigue su curso, a través del paramilitarismo desplazan a los campesinos y despojan las tierras para entregarlas a las grandes empresas multinacionales, para sacar petróleo, carbón, oro... todas las riquezas naturales que tiene Colombia.
Nosotros pensamos que esa libre entrada de los inversionistas tiene que ser controlada, que primero está la soberanía del país, la soberanía alimentaria y el bienestar de su gente. Esa concentración y despojo de la tierra hace que el campesino viva en un estado de total abandono, no tiene salud, carreteras por donde sacar sus productos, viviendas en estado deplorable, hay mucho analfabetismo. Y en su gran mayoría son ellos los que llegan a las filas de la insurgencia. El contacto nuestro con las comunidades es muy estrecho, debido a que son sus hijos, sus hermanos y hermanas quienes están en la guerrilla. La guerrilla va, habla con la población, hace que ella misma se organice, y ellos nos llegan con sus problemas, preocupaciones y conflictos.
A mí me ha tocado construir puentes con la población, se hacen todo tipo de trabajos en conjunto. Me acuerdo que una vez estábamos en una casita haciendo dos olladas grandes de sopa cuando el Ejército nos sorprendió y nos tocó salir. A las 9 de la noche llegamos cansados a un sitio. Nos acostamos hambrientos porque no habíamos comido y estábamos seguros de que no íbamos a comer hasta el día siguiente. Cuando a las 10.30 de la noche nos despertaron los compañeros de la casita, quienes habían venido con una mula a traernos la sopa. ¡Orgullosos porque nos habían encontrado y el Ejército no! Son experiencias muy bonitas que se viven con la población.     
En Oslo, el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, dijo que son las FARC las que están en deuda con las víctimas, obviando la pregunta que le hicieron sobre «el terrorismo de Estado». Por su parte, Iván Márquez ha resaltado que las FARC desean «la reconciliación de la familia colombiana». ¿Qué pasos estaría dispuesta a dar la guerrilla en ese sentido?
Nosotros siempre pensamos en las víctimas de esta guerra impuesta por el Estado. Nuestro alzamiento en armas ha sido una reacción justa, legítima, contra el terrorismo de estado. Pero también sabemos que la confrontación ha generado en la contraparte también consecuencias y hay casos de soldados de los que sus familias no tienen noticia y seguramente otro tipo de situaciones que hay que analizar. Sobre eso, las FARC-EP siempre han sido claras en decir que están dispuestas a contribuir en el esclarecimiento de los casos, de manera directa con los familiares y no con los que juegan con el dolor ajeno acusándonos de todo, sin tomar en cuenta por ejemplo que muchos soldados de los que han caído en combate jamás han sido recogidos del campo de batalla y son presentados como desaparecidos a sus familiares.
En Oslo, varios colombianos exiliados comentaron a GARA que «se debe privilegiar una paz estable y duradera sobre el castigo», mientras que el periodista francés Romèo Langlois consideró que «la solución pasa por un gran proceso de la verdad». ¿Qué significan para ustedes términos como castigo y verdad?
Las FARC-EP pensamos que es importante encontrar la verdad, sin manipulaciones mediáticas, sin la desinformación y el uso de la propaganda fascista que usan como parte de la guerra contrainsurgente. En esa búsqueda hay una responsabilidad fundamental, histórica, del Estado, la cual no se puede seguir escamoteando. Por lo demás, por siempre nuestras normas internas son claras en no permitir que la insurgencia se convierta en victimaria de su propio pueblo.
Otro de los puntos de la agenda pactada en La Habana en agosto con el Gobierno es la participación política. En la entrevista a GARA, Marco León Calarcá afirmó que si se resuelven las causas que dieron origen y alimentan el conflicto, las armas pierden vigencia. ¿Ven cerca ese día? ¿Qué garantías exigen para que no vuelva a ocurrir lo de la Unión Patriótica?
Poder participar en la política sin ser masacrado por el régimen ha sido un sueño y una bandera de nuestra lucha desde que la iniciamos. Qué tan cerca está ese día, depende de la voluntad del Estado colombiano. En la mesa hay que buscar precisamente cómo se garantiza esa participación política. Son los asuntos que esperamos se puedan conversar y solucionar. No tendría sentido luchar 48 años para entregar los fusiles y luego enfrentarnos -desarmados- al mismo terrorismo de Estado que ha reinado durante tantos años. Tienen que producirse unos cambios estructurales, políticos, económicos, sociales de fondo, ya que realmente la experiencia de la Unión Patriótica ha sido una lección histórica sobre el carácter criminal y traicionero del Estado. Las FARC no son una organización bisoña a la que la contraparte pueda llevar a la rendición o a la entrega de armas y desmovilización con simples promesas.
El director de la Policía Nacional de Colombia, José Roberto León Riaño, ha dicho que las FARC preparan «una oleada terrorista una vez finalice la tregua». ¿Cómo valoran estas declaraciones?
«Tras de ladrón, bufón», se dice en Colombia. Tras de que el Gobierno no quiere crear un ambiente de paz, mediante un cese bilateral al fuego, ni quieren acuerdos para regularizar la guerra para aliviar el sufrimiento de los colombianos, están quejándose porque «no cumplimos» o porque estamos preparando «grandes oleadas terroristas». Es difícil tomar en serio a los que lanzan este tipo de comentarios. En otras palabras: si no tienen el valor de tomar decisiones de paz, deben de tener al menos el valor de quedarse callados.
Llevan ya más de un mes dialogando en La Habana. ¿Qué ambiente se respira en la mesa y entre los delegados de ambas partes?
El ambiente es bueno, se respira respeto de ambas partes. Somos dos partes en conflicto y como tal hay contradicciones y muchos puntos de vista diferentes, y se trata de buscar soluciones a ellos. Recordemos que sobre los puntos de la Agenda propiamente no se puede esperar que existan resultados mejores que los que ya tenemos si tomamos en cuenta que son muy pocos los días que se han dedicado al estudio del primer punto referidos a políticas de desarrollo rural integral. Antes estuvimos muy centrados en resolver aspectos metodológicos y técnicos que nos servirán de mucho para abordar los temas con mayor fluidez.
¿Cuáles son sus previsiones para este año que empieza?
No quisiera ponerme a «brujear», lo único que puedo hacer es reiterar la voluntad de paz de las FARC-EP en su conjunto. Sí puedo augurar, con certeza además, que las FARC volveremos a emprender con mayor determinación, con optimismo, con mucha esperanza las jornadas de diálogo del próximo año. De hecho, nosotros estamos estudiando, elaborando propuestas, intercambiando con la gente puntos de vista para construir iniciativas que permitan que el proceso avance. Queremos la paz y queremos un país más equitativo, queremos que se valore y se respete a las grandes mayorías y su derecho a una vida digna.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La guerrillera holandesa de las FARC: “A mi me encantaría ir a Holanda y explicar a la gente el por qué de la lucha en Colombia”




“A mi me encantaría ir a Holanda y explicar a la gente el por qué de la lucha en Colombia”

Entrevista a la guerrillera holandesa Alexandra Nariño


Entrevista Dick Emanuelsson
Cámara Fabiola González, ANNCOL
Trascripción y revisión Ingrid Storgen



LA HABANA / NOVIEMBRE 2012 / El gobierno de Juan Manuel Santos no lo quiso, pero no pudo impedirlo. La guerrillera holandesa Alexandra Nariño arribó al aeropuerto de José Martí el lunes 5 de noviembre y causó gran movimiento en la prensa internacional.
Muchos de los periodistas tocaron el portón donde están albergados los integrantes de la Delegación de Paz de las FARC en la Habana, sobre todo los reporteros holandeses que han sido enviados a Cuba, casi rogando para que pudieran entrevistar a la guerrillera que ha sobrevivido asaltos de los “Comandos Junglas” o fuertes bombardeos.
Ha sido víctima ella por las mentiras y manipulaciones de los mismos medios de comunicación holandeses o de otros países que ahora con la sonrisa ancha dicen que han sido siempre defensores de ella. La hipocresía florece ahora como nunca.
Delgada y con una contextura que impresiona, si tomamos en cuenta que la mochila contiene el mismo peso y contenido como para un paracaidista, todo lo necesario para poder sobrevivir en la selva. Y subraya que no es tanto el sacrificio físico que es lo duro, sino lo psíquico.
Con la llegada de Alexandra también comenzó el terrorismo mediático. El Tiempo de ayer domingo, ya tiene la primera entrega de esa guerra psicológica que tantas veces ha sido clave para sabotear un proceso de paz en Colombia.
Titula el diario de los Santos; El lado oscuro de Tanja, la holandesa de las Farc, sacudiendo el polvo de los viejos archivos de la inteligencia militar colombiana y de la CIA, intenta cuestionar esta guerrillera que se incorporó a las filas guerrilleras para combatir un estado reconocido mundialmente por su terrorismo de estado, aniquilando a toda oposición civil y legal.


Así comienza la guerra mediática, y hasta nos robaron la foto. . .

Como si fuera poco, el diario de los Santos incluso publica una foto de ANNCOL y de este reportero, que era el único periodista en la llegada de Alexandra a la Habana, cortando la foto para quitar el sello de “ANNCOL”, dando la autoría a la agencia francesa AFP.
Con Alexandra conversamos e invitamos para que veas y escuches una internacionalista que los mismos gringos quieren tapar la boca, y ella solo se ríe sobre esa amenaza.

Dick Emanuelsson (DE):
Estamos en La Habana siguiendo las conversaciones en este Diálogo para la PAZ en Colombia. Una, entre todos los guerrilleros, alcanzó mayor fama para la prensa nacional e internacional, estamos hablando de la compañera Alexandra Nariño.
No es colombiana, es internacionalista de origen holandés y su caso es como fue el de muchas delegaciones internacionales en la década del ’30, mediados del 30, que se fueron a España como brigadistas internacionales para defender a la República española del fascismo que estaba resurgiendo en todo el continente europeo. Fascismo italiano, alemán y claro, también el fascismo español representado por el generalísimo Franco.
Integrantes de las Brigadas Internacionales que venían de todo el mundo, también
de Colombia, para luchar por la República española contra el fascismo y el general Franco.

¿Cómo te sientes, Alexandra, dejando la tierra, la selva colombiana, la montaña? Han pasado 10 años desde que tu te incorporaste a las filas guerrilleras y has sobrevivido, también de manera impresionante, a varios bombardeos de la aviación colombiana sobre campamentos guerrilleros.
Y a propósito, esta mañana leímos en el diario El Tiempo, de Santos, donde el propio presidente no habla de la paz sino que habla de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) en su aniversario 93 y que va a comprar más aviones de guerra. Más drones, aviones sin piloto y es un poco raro ya que estamos en los inicios de un proceso de paz.
Cuéntanos un poco cómo han sido estos 10 años de tu vida, cómo viviste este cambio brusco y cuáles son las razones que te impulsaron a integrarte en esa lucha.
Alexandra Nariño (AN): Yo vine a la guerrilla colombiana prácticamente por una coincidencia. Vine a Colombia a hacer una práctica para la universidad y escogí a Colombia casi por casualidad. Yo pienso que de cualquier forma, si no hubiera terminado luchando en Colombia, hubiera terminado luchando en Holanda, en España, en cualquier país del mundo. A todo el mundo le parece tan raro que una muchacha venga a Colombia y yo pienso que el mundo con sus países como tal ya no existe. Es un mundo globalizado gobernado por multinacionales, grandes corporaciones, entonces yo pienso que la lucha de los pueblos contra ese capitalismo globalizado también requiere eso. Pienso que yo no soy ninguna excepción aunque los medios quieran hacer creer que si, al irme a luchar a otro país. Creo que no importa adonde se nazca o adonde se muera, importa donde se lucha. Pienso que la consigna del CHE está hoy más vigente que nunca
DE: Se cuestionan que es una holandesa que viene a luchar a las selvas colombianas y eso es algo que también fue bastante cuestionado en la prensa holandesa.
AN: Si, yo pienso que eso corresponde a una agudización de la lucha y estoy hablando más que nada de la lucha mediática. Leyendo los diarios del Che o leyendo su biografía veo que tenemos muchas cosas en común.
DE: El Che era argentino pero se fue a luchar con Fidel y con Camilo Cienfuegos a Cuba y luego siguió su tarea internacionalista y se fue al Congo, en África y termina en Bolivia, pero sigue su lucha de forma interna en cualquier lado. Y se puede ver en todas partes como está encendida la cosa del Che.
AN: Si, pero yo pienso entre otras cosas que el Che ha sido atacado bastante. Hay páginas en Internet en contra de su lucha, o sea del Che como ejemplo de lucha revolucionaria. A lo largo también vemos que se ha convertido en algo comercial, lo cual no es justo.
Yo pienso que la lucha revolucionaria del Che es una cuestión internacionalista y los pensamientos que él tenía tan claros los llevamos todos los internacionalistas en el corazón.
El Diario de Alexandra
DE: En el primer bombardeo que tú viviste en los años 2004 ó 2005 dejaste también tu diario que luego fue manipulado y se convirtió en un arma psicológica contra el movimiento fariano. Cuéntanos un poco sobre eso, porque lo que salía en ese diario los militares empezaron inmediatamente a traducirlo.
AN: Primero que todo ese diario no fue cogido después de un bombardeo sino después de un asalto. Pero es cierto, allí quedó mi diario y yo en esa época ya tenía como dos o tres años en la guerrilla. Usted se imaginará que el proceso de una persona que viene de Holanda y que ingresa a la guerrilla colombiana no siempre es fácil, entonces yo todo lo escribía en mi diario, en holandés.
En ese diario yo digo 6 ó 7 frases negativas, de personas que no me caían bien o que hacían cosas que a mi no me gustaban. Esas 6 ó 7 frases, en todos los medios, les montaron una manipulación mediática y eso se convirtió en la punta de lanza de una gran campaña mediática. Yo pienso en esa época y recuerdo que fue para mí una época muy feliz, yo no puedo decir otra cosa.
En esa época tuve mis primeras experiencias militares, las primeras experiencias como guerrillera, no puedo decir que fue fácil, pero si, muy interesante el proceso.
DE: Si, porque algunos europeos tienen una interpretación bastante romántica de la vida guerrillera, pero la vida en la montaña no es nada fácil. Cuando uno pregunta a algunos compañeros que han ingresado a la guerrilla desde la ciudad dicen –¡Uy, eso es muy duro en verdad! Así lo aprendieron al caminar con la mochila de 20 ó 30 kilos, el fusil de 6 ó 7 kilos. Me imagino que viniendo de una vida como la de Holanda y empezar a hacer fila india allí en las trochas en la selva colombiana eso es duro ¿no?
AN: Si eso es duro, digo que la parte física es dura pero para mí no ha sido lo más duro. Yo pienso que uno con meterse en psicología y meterse en moral, con lo físico puede hacer de todo. Lo que para mí ha sido más difícil es que cometí el error de pensar que la guerrilla era perfecta. Una guerrilla campesina, comunista pero uno llega y se encuentra con pueblo. Ahí hay campesinos que llegan a la guerrilla con todos sus defectos y traen vicios de la sociedad civil y eso chocaba conmigo. Fue lo más difícil para adaptarme. Yo en esa época no tenía el entendimiento como para comprender a la gente, cómo había sido su vida antes de ingresar y para ese proceso de entendimiento he precisado varios años.
DE: Y cuando llegó la ruptura del proceso de paz, porque tú te incorporaste en San Vicente del Caguán mientras estaba el proceso con Pastrana y cuando llegó, en febrero de 2002, la ruptura de ese proceso de paz cuánto tiempo llevabas tú dentro de las filas. Y quizás hubieses tenido más tiempo para pensar en ese paso drástico.
AN: no, eso no es cierto, eso lo dicen todos los medios pero yo nunca he estado en el Caguán.
DE: yo pregunto. . .
AN: Yo nunca he estado en el Caguán, yo cuando vine por primera vez a Colombia se estaba dando el proceso de paz y escribí mi tesis sobre el proceso y sobre el gobierno y las FARC.
Luego volví a Holanda y tenía muchas ganas de conocer la zona del Caguán pero como ya estaba que se rompía decidí no ir por peligro, esas cosas que uno piensa.
Fue allí que cuando volví a Holanda, escribí mi tesis sobre las FARC que me ayudó bastante para conocer la historia, sus orígenes. Me quedé en Holanda y no estaba pensando en volver para Colombia, tenía ideas revolucionarias en la cabeza, quería luchar contra el capitalismo, el neoliberalismo, pero de alguna manera como había recibido educación política en Colombia yo no me hallaba en esa lucha política en Holanda.
No me hallaba porque, por ejemplo, nos poníamos a vender periódicos en la calle, a la gente en Holanda y eso es un poco como que no pega. La gente vive bien allá con su socialdemocracia. Entonces, pensaba que Latinoamérica es un centro de lucha en el mundo.
Colombia, dentro de ese centro de lucha tiene el movimiento más grande del mundo y ahí pensaba que me quería ir para Colombia, pero no pensaba en ingresar, ni en trabajar en la guerrilla. Pensaba “yo quiero ver como los colombianos van a hacer la revolución”. Fue allí que pensé en venir a Colombia.
En la llegada a la Habana, Cuba para integrarse con la delegación de las FARC-EP.

DE: Tu tenías un profesor en la zona cafetera, en Caldas o por allá que más tarde te diste cuenta que trabajaba en las milicias de las FARC. ¿Él te orientó bastante para que tuvieras más información, más conocimiento sobre el movimiento armado?
AN: Sí, pero yo tengo que decir en ese aspecto que aunque el no estuviera allí yo estaba buscando, de todas maneras, buscaba respuestas que no tenía. Antes de llegar a Colombia yo nunca me había interesado en política, ni por revoluciones, tenía, sí, sensibilidad social pero no iba más allá de eso. Pero cuando llego a Colombia y veo las noticias, la televisión, los ataques de la guerrilla, me empecé a interesar sobre el por qué de la intervención de la guerrilla. Empecé a hacer preguntas y las respuestas que me daba la mayoría de la gente en el colegio donde yo trabajaba no me satisfacía. Entonces, por suerte me encontré con ese personaje que sí supo darme contundentes respuestas que a mí sí, me satisfacían.
Yo me le iba acercando porque pensaba que esa persona me podía ayudar en las respuestas que yo necesito. Es una persona crítica de la realidad colombiana, no es una persona que solamente habla mal de las FARC sino que es una persona que sabe dar explicaciones sobre la existencia de la guerrilla, del porque de la lucha armada. Me ha ayudado bastante en el entendimiento.
DE: Entonces ¿en qué año te incorporaste a la lucha guerrillera?
AN: Empecé a trabajar con la milicia en Bogotá en diciembre del 2002 yo creo. Estuve unos 6 meses trabajando allí cuando después me dan la opción de quedarme estudiando en a la ciudad o que vaya al monte. Me dan un curso de 6 meses, eso habrá sido en abril de 2003 y yo dije que quería conocer el monte también. Porque entre otras cosas tenía muchas dudas todavía. Es muy difícil de un día para el otro cambiarle la visión a las cosas y no comerme el cuento de lo que dicen los medios.
Porque a usted siempre le queda un poco lavado el cerebro, entonces decía “yo quiero ir, ver como es y después, me vuelvo”.
Al llegar al monte, en abril 2003 fui comprobando que en la guerrilla había muchachos, enfermería, cursos, veía una guerrilla en pleno desarrollo, escuchaba las historias de la gente y fue cuando dije “yo aquí me quiero quedar”.
Tampoco fue de un momento a otro, pero fueron momentos claves y ahí fue cuando decidí que me quería quedar. Cuando yo decidí que me quedaría recuerdo que mucha gente me decía usted no se quede. No porque no estuvieran contentos conmigo, sino porque pensaban que para una extranjera eso sería muy difícil.

DE: Yo te escuchaba relatando que también, además de estar estudiando en la universidad, también trabajabas en Holanda como mesera. Un trabajo duro, con tacos altos, con una sonrisa hacia los clientes, o sea, un cambio demasiado brusco.
AN: Usted dice el cambio de ser mesera y profesora a ser guerrillera,
DE: Sí, claro, cambiar los tacos altos por los cauchos (botas guerrilleras).
AN: Si, pero me acuerdo esa primera época en la guerrilla, a mi me daban un machete y yo no sabía que hacer con eso. O debía lavar las botas y no sabía como hacerlo. No sabía nada, pelar un plátano o hacer un arroz pero de alguna forma el proceso fue muy natural. Mis primeras experiencias en la guerrilla, recuerdo que siempre tenía un grupo de guerrilleros al lado haciéndome preguntas. Pero el proceso fue natural no fue un choque tan brusco.
DE: ¿Y siempre te ayudaron?
AN: Claro, yo me acuerdo la primera ranchada (la cocina del campamento guerrillero), la primera vez que me tocó cocinar para toda la guerrillerada, esas son comidas para 30, 40, 50, 80 ó 120 personas. Éramos tres rancheros.
DE: Te tenías que levantar a las 3 ó 4 de la mañana.
AN: Ajá, primero me tocó que los guerrillero tuvieran que llevarme para la rancha porque yo me perdía en cualquier parte. Y después llegué a la rancha y no sabía qué tenía que hacer, entonces los otros guerrilleros rancheros me miraban y me acuerdo tanto. Me decían “usted mamita, que se viene de la ciudad y que mira todo delicada, vaya y siéntese ahí, solamente mira lo que hacemos nosotros y así vas aprendiendo”
Me acuerdo que me senté pero me sentía muy mal de verlos a ellos trabajando y yo que no sabía hacer nada. Era como inútil y me quedé dormida.
DE: Ahora tienes la rutina de ser la ranchera.
AN: Ahora soy una experta culinaria.
DE: ¿El machete lo manejas ahora como El Zorro?
AN: Si,
DE: ¿Había muchos combates? Se había roto el proceso de paz un año antes, en febrero de 2002 y en agosto del mismo año apareció el señor Uribe. El cambio entre Pastrana y Uribe que declaró guerra total contra la insurgencia ¿Se notó entonces ese cambio con el aumento de combates?
AN: Eso fue un cambio muy brusco dentro de la guerrilla, porque cuando yo ingreso todavía estábamos en un campamento estable. Estaba entre otras cosas dictando un curso de inglés, se podía en esa época, los alimentos llegaban en carros, todavía. Duramos unos meses así y cuando se declaró la guerra a la insurgencia yo me acuerdo todavía cuando empezaron los primeros bombardeos y me acuerdo cuando fue el primer asalto al campamento del “Mono Jojoy”, donde yo me encontraba.
Me acuerdo que eso fue dejar los carros a un lado, todo a un lado e irnos al monte. Eso fueron marchas, yo no conocía todavía esa vida, había hecho cursos básicos que de por si eran duros, pero vivirlo en la realidad no. Empezamos a marchar, tranquilitos nos fuimos saliendo de la zona y ahí empezó una vida completamente distinta. Combates, bombardeos, andar de un lado a otro, incluso se notó mucho la diferencia entre los bombardeos al principio y al final cuando ya fueron precisos, con una agresividad que antes no se veía.
DE: ¿El bombardeo donde murió el “Mono Jojoy” como fue? Nosotros hemos hecho entrevistas a otros guerrilleros que también estuvieron y contaban que eran bombardeos de 48 hs. bombas de media tonelada de explosivos.
AN: Si, eso fue el bombardeo más duro que yo haya vivido en la guerrilla, porque le dieron con todo. La cantidad de bombas que cayeron esa noche fue como el equivalente a la amenaza que representaba para ellos el “Mono Jojoy”; para el gobierno y para la clase gobernante. Ese bombardeo fue duro, no fueron 48 hs continuas, el primer bombardeo fue el más duro y era ya para matarlo con toda la saña del caso. Salimos, empezó el desembarco y de allí para adelante, porque nosotros no salimos de la zona, la guerrillerada empezó a pelear con los soldados que habían desembarcado y después empieza una pelea muy tenaz.
Porque los guerrilleros estábamos enardecidos por lo que había pasado y la gente peleó como nunca en medio de los bombardeos. Nosotros nos íbamos moviendo y en cada sitio hacíamos la trinchera para por la noche meternos. Ahí pasábamos la noche
DE: ¿Cómo se siente? Yo he pasado alguna vez ese sobrevuelo de helicópteros o aviones a 50 ó 100 metros y uno se siente, realmente muy temeroso, uno es reportero y no guerrillero. Me imagino lo que debe ser el miedo de la primera vez en el combate.
AN: De alguna forma, cuando uno ingresa está conciente de que lo que quiere dar es la vida para esa causa. En esos momentos no voy a decir que es una experiencia alegre, no, lo único que yo se es que siento la rabia por la forma cobarde en que ellos están llevando a cabo esa lucha. Porque uno está en la trinchera, obviamente uno no puede hacer nada, solo esconderse.
DE: Como los gringos en Vietnam bombardearon primero con los B 52, toneladas, miles de toneladas de bombas y después entraron las tropas gringas luego de hacer un desastre. Pero en la tierra misma, dicen que el militar, el soldado, es muy cobarde, pero el guerrillero conoce la zona, es la diferencia.
AN: El guerrillero conoce el monte, el ejército no, precisamente es por eso que ellos tienen que recurrir a ese tipo de métodos tan cobardes. Para mi son métodos muy cobardes esos de utilizar bombas de mil libras, soltar esas bombas por encima de las cabezas de alguna gente que no tiene con que defenderse en ese momento y después bajarse a recoger esos cuerpos. Eso es como usted dice, en Vietnam se ha dado eso y es demasiado cobarde.
DE: Todos los guerrilleros que uno entrevistan hablan de la familia, del lugar donde nacieron, las circunstancias económicas que padecieron, como fueron de niños, jóvenes hasta que crecieron y se integraron a las filas de las FARC o el ELN. Todos dicen “yo dejé mi familia biológica pero tengo una familia nueva”. ¿Tú lo sientes así también?
AN: Yo estoy de acuerdo con lo que dicen que es la segunda familia de uno, pero en realidad es algo más que eso. O sea, yo no quisiera hacer una comparación entre la familia de uno y los camaradas de las FARC. Es una relación muy diferente, uno convive 24 hs pero aparte usted vive unas experiencias muy duras, intensas, eso crea unos lazos que yo casi ni se explicar porque en la vida civil no se da ese tipo de relación.
DE: Los momentos difíciles, duros, en el combate o lo que sea, la falta de comida por ejemplo, porque están cercados por el ejército ¿Es ahí donde se sienten los lazos de hermanos?
AN: Si, los guerrilleros tienen una virtud muy grande, yo no se como hacen pero en los momentos más difíciles es donde les sale la chispa para hacer bromas, hablar de cualquier cosa para contentarlo a uno. Si uno tiene hambre, hacen cualquier chiste y uno se olvidó del hambre, eso es muy bonito del guerrillero, que no se deja achatar por nada.
DE: Como extranjera tu sabes también que el trauma de la guerra, la psicosis que tienen muchas veces los veteranos de guerra. Mira los gringos que llegaron de Vietnam, en la película 4 de Julio y que deja un ejemplo de las secuelas de la guerra, iguales los veteranos de la guerra en Afganistán, los veteranos de Iraq, llegan a EEUU y son miles los que se suicidan. Pero la impresión que uno tiene es que el guerrillero casi nunca se pone nervioso, en pánico. Yo en los 30 años como periodista en Colombia, nunca he visto que se pongan así, pero claro, en el momento debe ser también terrible porque son seres humanos.
AN: Si, hay momentos difíciles, pero es como le dije, no se como hacemos. Tal vez es la causa por lo qué hacemos, también es la camaradería, yo digo que hubiera sido muy diferente vivir toda esa experiencia sin el apoyo de la gente, sin la camaradería que hay. Yo creo que para los soldados norteamericanos que llegaron de Vietnam es difícil saber la realidad que ellos vivieron, pero por todo lo que uno leyó, vio, uno piensa que el ambiente entre ellos era muy diferente.
DE: Porque no era la guerra de ellos.
AN: No era la guerra de ellos, para nosotros si, es nuestra guerra. La estamos librando en legítima defensa en contra de una violencia que se ha desatado en contra del pueblo,
DE: Leímos, hace dos años en el periódico El Tiempo, Caracol y otros colombianos, que había aviones donde viajaba Jineth Bedoya, periodista de El Tiempo, Salud Hernández Mora, una falangista española columnista también en El tiempo, que tenía muy buenas relaciones con Castaño a quien le hizo el prólogo de un libro. También estaba tu hermana viajando y me imagino que también fue manipulada por estas señoras mientras viajaban en el avión del ejército, hablando por las emisoras, tratando de comunicarse contigo pidiendo que te entregaras para salir de la guerrilla. Uno imagina que habrás sentido rabia, impotencia escuchando ese mensaje que viene del enemigo en sus aviones y helicópteros, utilizando a tu hermana no solo contra ti, sino contra todo el movimiento armado.
AN: Yo pienso como usted, me he dado cuenta, por esas cosas que el gobierno, el ejército, la clase dominante no conocen límites éticos en la utilización de los medios para lograr los fines que quieran. De eso me di cuenta cuando pasó lo de mi hermana.
Pero claro, uno siente rabia pero yo no siento rabia con ella. Ella es mi hermana, ella me quiere, quería verme, a ella la manipularon diciéndole que yo estaba como rehén de las FARC, que yo me quería salir de allí, ella lo creyó y a partir de ahí hicieron todo el trabajo mediático.
Manipulada y engañada por una holandesa al servicio del Estado Colombiano, dos periodistas
al servicio de la inteligencia militar, entre ellas Salud Hernandez-Mora, íntima amiga y cola-
boradora de Carlos Castaño, jefe paramilitar, la hermana de Alexandra fue llevada en los aviones
de guerra de la misma Fuerza Aerea Colombiana que bombardeaba el campamento donde
se encontraba Alexandra, convirtiendose así en herramienta para los sectores guerreristas.

DE: Claro, uno es un ser humano y no quiere que sus familiares estén en esa situación terrible en un caso como ese. Bueno, ya estás aquí, en La Habana, contra viento y marea y toda la manipulación mediática de todos estos años. Siendo integrante de la comisión de las FARC qué quisieras decir al mundo. ¿Qué vengan a La Habana para saber un poco más de este movimiento que ha luchado durante 48 años para conseguir la paz? ¿Cuál será la tarea tuya acá, en este momento?
AN: Yo le quisiera decir a la gente del mundo que no se vengan todos para La Habana porque Cuba es una isla y porque de pronto se llenaría mucho –risas- Yo pienso que la gente del mundo debería coger mas conciencia sobre los problemas y la miseria en que vive el pueblo colombiano. En países donde existe libertad de expresión, la prensa se dedica a crear circos mediáticos alrededor de un acontecimiento o una persona, pero realmente dan muy poca información del trasfondo de los problemas que se viven en los diferentes países. Es muy importante que la gente sepa que es lo que se está jugando y porqué se dan ciertos procesos. Por ejemplo, por qué en Colombia hay una lucha armada. La mayoría de la gente no entiende el proceso histórico de Colombia y no entiende por que el pueblo tomó las armas.
Es importante ese detalle.
DE: ¿Sigues escribiendo tu diario?
AN: No, yo no volví a escribir, o sea, no es importante escribir sobre lo que siento o pienso, en las FARC nunca me han hecho reclamo, pero yo si me he sentido mal. Porque de alguna forma le di papaya al enemigo para que siga haciendo mala propaganda,
DE: Pero tienes una experiencia muy rica en estos 10 años, justamente como europea tienes un espacio que cualquier guerrillero campesino allí adentro no tiene. Me imagino yo, como periodista, estaría todo el día escribiendo para no perder detalles muy bonitos desde la experiencia que tienen ustedes. ¿No se te ha ocurrido la idea? Hay un libro que ha escrito el periodista Jorge Enrique Botero sobre tu vida también, pero tu autobiografía también sería muy valiosa.
AN: Pero creo que cuando yo sea una viejita de ochenta años voy a escribir mi biografía. Pero pienso que ahora hay tareas más importantes para hacer en Colombia y en el mundo también.
DE: El fiscal general de la nación colombiana, aparte la agenda ha tomado la decisión de forma atrevida de decir que cualquier integrante de las FARC que se va a otro país, inmediatamente se empieza a hacer vigente la orden de captura. ¿Te gustaría ir a Holanda a una gira por las universidades para dar charlas entre tus compatriotas, en forma relajada, de lo que ha sido tu vida en la última década?
AN: Claro, yo extraño muchísimo a mi país en los últimos años, yo escuchaba por la radio el himno de Holanda y a mi me daba nostalgia. Me encantaría ir unos quince días, entre otras cosas, como dice usted para explicarle a la gente el porqué de la lucha en Colombia, el porqué de esa situación, pero de momento no hay esa posibilidad. Y lo importante por ahora es estar aquí en La Habana y concentrarnos en el Proceso de Paz que se va a dar con el gobierno y ahí hay mucho trabajo por hacer.