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jueves, 26 de julio de 2012

Recomendaciones a la poblacion civil del Bloque Occidente Comandante Alfonso Cano FARC-EP


FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA - EJÉRCITO DEL PUEBLO

COMUNICADO
La población del departamento del Cauca históricamente ha sido víctima de injusticias, y su territorio escenario de confrontación. Nuestros ancestros, además del exterminio, sufrieron y resistieron los crueles métodos de trabajo impuestos por la corona española, y posterior a la independencia la población rural ha encarado la expropiación del territorio perpetrada por gamonales locales y terratenientes. En la mal llamada época de la violencia los latifundistas en el afán por apoderarse de las mejores tierras asesinaban los nativos y los expulsaban a lugares remotos de las cordilleras.
Guerrillero de la Columna Móvil Jacobo Arenas, junto
al avión Súper Tucano derribado. Julio 11 de 2012
Ya en la historia reciente de nuestro país, el Estado ha excluido a los sectores populares de la participación política y los ha mantenido al margen del disfrute de sus derechos económicos, sociales y culturales empleando la violencia sistemática y el terror de Estado. Frente a la respuesta del pueblo al organizarse en guerrillas, ha adelantado un sin número de estrategias de aniquilamiento: Plan Laso, Plan Colombia, Plan Patriota, Plan Victoria, Plan Consolidación y el actual Espada de Honor. No obstante todos han fracasado porque al tiempo que ha sido indiferente ante las peticiones populares, su único fin ha sido la derrota militar de las guerrillas, desconociendo que un pueblo con dignidad, cuando se le niegan las vías democráticas de participación, acude a la violencia revolucionaria como medio para hacer valer sus derechos.
El papel de las Fuerzas Armadas ha sido sostener un régimen ilegítimo, totalmente resquebrajado y en grave situación de ingobernabilidad, a fin de asegurar jugosas ganancias a los grandes empresarios criollos y a las transnacionales, a costa de los recursos naturales extraídos del suelo patrio. Los métodos empleados en su guerra total contra el pueblo no han variado en los últimos tiempos: recompensas y red de sapos, detenciones y judicializaciones arbitrarias de civiles, desapariciones, asesinatos selectivos y masacres cuya autoría es endilgada a supuestos paramilitares.
Para limpiar la imagen desacreditada por los desmanes propios de un ejército de ocupación, los militares intentan ganarse el apoyo de la población ejecutando insignificantes obras y proyectos de inversión social que le competen a otros ministerios y hacen parte de la obligación que tiene el Estado de garantizar bienestar a sus ciudadanos. Esto, además de constituir un reconocimiento de que en nuestro país la guerra tiene causas sociales, también se convierte en una forma sutil de involucrar civiles en la confrontación.
Entendemos el sufrimiento de la población caucana y en general del pueblo colombiano y lamentamos las víctimas producto del conflicto armado que venimos sufriendo desde la agresión a los campesinos de Marquetalia en 1964. Hoy más que nunca nos unimos al pueblo en su clamor de paz, de una paz democrática, en la que desaparezcan las muertes, la desolación y el sufrimiento que produce esta guerra entre hermanos.
Anhelamos una paz garante de que tampoco morirán mas pobres en las puertas de los hospitales por desatención médica; una paz que asegure techo digno para todos nuestros compatriotas; una paz que genere las condiciones para que nunca más perezcan en Colombia niños por desnutrición, para que se tenga empleo decente y se erradique el hambre. Una paz queengrandezca la patria, donde se trate con amor la madre tierra y el fruto de su vientre sea para alimentar a sus hijos, en vez de entregado a las multinacionales como hace el régimen apátrida de Santos. Es la paz con justicia social, la que estamos dispuestos a lograr junto al pueblo.
Condenamos al gobierno oligarca que encabeza Juan Manuel Santos y a la degradada Fuerza Pública que lo sustenta por su vil proceder al utilizar a los habitantes de los centros urbanos como escudos humanos para su protección, en clara violación al Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra, Articulo 58 que trata sobre las precauciones contra los efectos de los ataques en los conflictos armados.
En este contexto no deja de ser preocupante para la población del norte del Cauca el hecho que, como se da en Toribío, algunos habitantes se han manifestado a favor de la presencia de la fuerza pública en los cascos urbanos. Presencia que además de favorecer la entrada de las trasnacionales a los territorios indígenas y campesinos, constituye el blanco de las acciones guerrilleras, por lo que también a ellos les asiste responsabilidad sobre las consecuencias que en el futuro pueda ocasionar el desarrollo de la confrontación.
A los medios de comunicación los instamos a que den una versión objetiva de la realidad del conflicto en esta región sin alinearse ciegamente con las versiones oficiales.
RECOMENDACIONES A LA POBLACION CIVIL
La ofensiva militar del gobierno en campos y ciudades está llevando el conflicto armado a todo el país. La permanente utilización de la población civil como escudo por parte de la Fuerza Pública, hace que ciudadanos inocentes sean afectados en esta confrontación.

iPOR SOLUCION POLITICA AL CONFLICTO SOCIAL Y ARMADO!
BLOQUE OCCIDENTE COMANDANTE ALFONSO CANO

FARC-Ejército del Pueblo

Montañas del Cauca, julio 20 de 2012.

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Con el fin de impedir que esto continúe sucediendo, las FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA (FARC-EP), hacen las siguientes recomendaciones:
1.      La población civil debe evitar que los cuarteles militares y de policía sean ubicados cerca a sus casas de habitación o a lugares de concentración publica.
2.      La población civil debe evitar que militares y policías les utilicen sus vehículos particulares o vehículos de transporte público en servicio. Si los propietarios o conductores son obligados, es preferible bajarse y entregar las llaves del vehículo, dejarlo a responsabilidad de los militares y exigir la firma de un papel que así lo señale.
3.      La población civil debe abstenerse de abordar vehículos militares de cualquier tipo.
4.      Los vehículos civiles en las carreteras, deben conservar una distancia mínima de 500 metros respecto de vehículos y caravanas militares.
5.      La población civil debe abstenerse de servir de guía a las patrullas de la Fuerza Pública en las zonas rurales.
6.      La población civil debe abstenerse de ingresar a guarniciones militares o a cuarteles de policía. Tampoco debe dormir en ellos.
7.      En zonas de conflicto, los vehículos de prensa y de organismos humanitarios deben transitar con distintivos perfectamente visibles y a mínima velocidad.
ESTADO MAYOR CENTRAL FARC-EP
Montañas de Colombia, Agosto de 1.995

lunes, 23 de julio de 2012

Guerrillero en carta a las FF.MM.: Entre Golpes Y Lágrimas:


A las Fuerzas Militares y de Policía
Con copia conjunta para el pueblo colombiano

 – 22/07/2012 


E
l día de la inauguración del nuevo período de sesiones del Congreso de la República en Bogotá, un oficial del Ejército asignado a la seguridad en el Palacio de Nariño, se fue de bruces de un piso a otro del edificio del Capitolio Nacional, mientras conversaba distraídamente por su teléfono celular. Según afirman los noticieros, la oscuridad reinante en el sector en el que se movía el oficial, unida a la falta de una barrera de protección y, desde luego, al desconocimiento del lugar en el que prestaba su servicio el militar, fueron las causas del infortunado accidente.

La noticia, que parece un simple episodio fortuito, resulta sin embargo reveladora. De algún modo grafica la situación que atraviesan las fuerzas armadas colombianas en medio del oscuro, podrido y peligroso ambiente de descomposición política que caracteriza el régimen vigente. Al menor descuido pueden irse de cabeza y quedar absolutamente maltrechas. Servir en forma tan abnegada y sumisa a intereses tan antipatrióticos, tan sucios y tan contrarios a los intereses de la mayoría del pueblo colombiano, terminará por conducirlas al abismo.

Y si no que lo diga el , quien todavía no termina de comprender lo que le sucedió a él y a sus compañeros a manos de las comunidades indígenas del Cauca. Tal vez él no lo haya expresado ante ningún medio de comunicación, pero no hay duda de que la humillación que dice haber sentido tuvo su origen en una orden superior que le prohibió en forma terminante a él y a sus hombres responder con sus armas a las acciones de la comunidad. La situación pintaba demasiado grave y así lo entendieron en las altas esferas del gobierno. Haber empleado las armas hubiera dado origen a una masacre de dimensiones aterradoras.

A
lgo ha cambiado en el país y el mundo desde los tiempos en que el coronel Carlos Cortés Vargas ordenó a las tropas disparar contra los huelguistas concentrados en la plaza de Ciénaga en 1928. Una matanza semejante, como sin duda se habría producido sin la orden de abstenerse de hacer fuego, hubiera generado un escándalo de naturaleza mundial, que pese a toda la arrogancia del régimen terrorista, podría haberlo conducido a su caída.

El llanto adolorido del sargento García, tiene origen en su más hondo sentimiento de honor. Al menos del que le enseñan en las escuelas de formación. Siempre ha escuchado a sus superiores decir que el Ejército es el máximo poder en Colombia, que para sus integrantes eso significa una superioridad enorme sobre el resto de la población. Especialmente sobre esa inconforme y cansona que protesta por todo. A la que le enseñan a reprimir, a humillar, a aterrorizar con su fuerza. No poder haberlo podido hacer esta vez le resulta insoportable. No puede entenderlo.

Ahora pretenden compensarlo con dudosos homenajes, convencerlo de que a su manera es un auténtico héroe. A él, que sabe que las medallas por heroísmo las reciben quienes más matan enemigos. Esa no es la lección que debe aprender el sargento García y con él todo el resto de los suboficiales y tropas. La lección es otra. No es cierto que el poder del Ejército sea el que creían. Hay un poder mucho más grande, el poder de un pueblo decidido, lleno de autoridad moral, dispuesto incluso a morir por la defensa de sus nobles aspiraciones de justicia.

E
l papel cumplido por el Ejército en el pasado, se deduce de Noticias sacadas de la prensa diaria que dan cuenta de hechos como los siguientes: “La Fiscalía informó el 4 de julio que un sargento y tres soldados profesionales fueron cobijados con medida de aseguramiento por el presunto asesinato a sangre fría del labriego Carlos Daniel Martínez Ortega. El crimen fue perpetrado por miembros de la Brigada Móvil 15 del Ejército Nacional, el 9 de octubre de 2008 en la vereda Santa Catalina, municipio de San Calixto, Norte de Santander”.

“El Juzgado Noveno Penal del Circuito de Medellín, condenó a 15 años de prisión al soldado Virgilio de Jesús Castañeda Murillo, por el asesinato a sangre fía de una joven de la comuna 13 de esta ciudad. Por el mismo hecho fueron condenados a 24 meses de prisión los soldados Norman Alejandro Ríos Álvarez y Juan David Jaramillo Arenas, quienes incurrieron en el delito de encubrimiento por favorecimiento. Los hechos ocurrieron el 26 de septiembre de 2004 cuando la Cuarta Brigada del Ejército reportó la muerte en combate de Luz Stivaly Barrera Rivera”.

Son demasiados los casos a citar. Dentro de los que por lo regular sucede que la responsabilidad se queda en el personal subalterno, librándose de toda culpa los emisores de las órdenes. Cabe preguntarse si estos sargentos y soldados llorarán también por la humillación de sentirse aprendidos y sometidos a juicio. Es muy probable que no. Porque están convencidos de que obraron bien, tal y como les habían enseñado a hacerlo. Quizás lo que más duele al sargento García es que no lo dejaron defender el honor militar matando.

Ese no es el caso. El caso es que en Colombia se crecen y fortalecen las fuerzas que luchan por un cambio. Que manifiestan de múltiples formas su anhelo de paz. Que exigen que la guerra civil colombiana se termine de una vez mediante una mesa de diálogos. Unas fuerzas sociales muy poderosas, que empiezan a poner en vilo el poder político y militar del Estado corrupto. Y bien vale la pena que militares y policías comiencen a considerar si en realidad están sirviendo en el bando correcto. Si no debieran ellos mismos organizarse y marchar.

C
ontra el régimen que los envía a morir matando colombianos humildes como ellos, por supuesto. Por una solución civilizada al conflicto que desangra el país. Ya está bien de heridos, mutilados, accidentados y muertos. Ya está bien de cárcel y oprobio para tanto joven usado por sus superiores para el crimen. Allí donde Presidentes casi dementes gritan soberanía, patria y democracia, en realidad está la entrega descarada del país a los extranjeros, la subordinación de las fuerzas armadas a generales gringos, el garrote y el plomo para los de abajo. ¡Basta de engaños!

  

martes, 17 de julio de 2012

FARC: Así tumbamos el Supertucano




El avión Supetucan cuyo costo es diez millónes de dólares, valor que contrasta a la pobreza
en las regiones indígenas en el Cauca. El gobierno de Uribe compró 25 aviones de ´Lula´.




"Usted no se imagina la emoción de todos, camarada; era como si el propio Santos se hubiera estrellado de cabeza contra el piso".

Así tumbamos el Supertucano

Tomado de un correo de la Columna Jacobo Arenas fechado el 12 de julio


“…Estaba anunciado que Santos vendría a Toribío a presidir el Consejo de Seguridad. Sabíamos que más que disponer de asuntos militares, venía era a hacer propaganda a su gobierno; porque los planes de guerra ya están elaborados y en plena ejecución; los diseñan los comandantes militares y sus jefes gringos.

Estamos claros de su contenido: sacar la guerrilla, matar a sus jefes, poner fin a cualquier influencia nuestra sobre la población, correr a la gente que protesta; aquí todo el mundo sabe eso. Muchos terratenientes y empresarios tienen planes parapara el Cauca. Para ellos los indios, los negros, los mineros y campesinos son lo de menos; o se someten, o se largan, o se mueren.

Pero Santos no venía a decir esas verdades, sino a echar sus cuentos mentirosos de prosperidad; a tomarse la foto con los pobladores; a mostrarle a Uribe que su gobierno tiene el control; a comprarse a los líderes indígenas; a anunciarnos a nosotros que nos va a acabar.

Por eso los camaradas le organizaron la recepción para el 11; y nos ubicamos regados por todos esos filos. También hay mucha tropa por ahí; pero nosotros aprendimos hace tiempo a permanecer bien cerca. A pelearles si se arriman mucho; y acolarnos entre sus patrullas para golpearlos en los caseríos y sus alrededores. Son descarados, camarada; se toman los pueblos y montan ahí sus cuarteles, sus bases, sus trincheras.

Con ametralladora Punto 50 fue derribado el Supertucan.
Hay que ver cómo se la montan a la pobre gente; para ellos todos son apoyos nuestros, o milicianos. Por todas partes tienen retenes con fotos que les han tomado en actos de la comunidad en el pasado; quién sabe quién se las da. La tropa viene de verdad muy ofendida con los civiles; les preguntan rabiosos por qué no les colaboran; es fácil concluir que quieren aburrirlos para que se vayan. Más cuando la mayoría vive de sus pequeños sembrados de coca; y como ahora no pueden recogerla, sus familias están pasando física hambre.

El caso es que todo el día estuvimos dándonos plomo con el Ejército y la Policía. Y a eso de las 16 horas aparecieron los dos Supertucanos; entraron de los lados de Silvia, en dirección a Jambaló. Como el personal estaba regado, los prendieron de una vez a plomo desde distintos puntos; hasta con ametralladoras punto 50 les tiramos.

Después de pasar, uno de los aviones se regresó; seguramente con intención de arrojarlas bombas, así es siempre. Se ubicó en medio de los grupos nuestros; volvimos a dispararle hasta que se vino a tierra. Usted no se imagina la emoción de todos, camarada; era como si el propio Santos se hubiera estrellado de cabeza contra el piso.

Un comando fue enviado a registrar el área donde se vio caer. No se podía enviar más gente; estábamos peleando por todos lados. Lo encontraron. Los dos pilotos estaban muertos; había 4 ametralladoras punto 50, 4 bombas de 500 kilos de puro TNT, unos diez mil tiros para las ametralladoras.

Demasiadas cosas para un grupo pequeño; desprender y llevarse todo ese material resultaba imposible dadas las condiciones. Los muchachos cargaron con una sola de las pesadas punto 50; y el cuerpo de uno de los pilotos. Con la idea de entregarlo al otro día a alguna comisión de periodistas y Cruz Roja; para que el Ejército no pudiera negar el hecho.

Todavía estamos peleando; el Ejército se encuentra a unos mil metros del avión derribado. Lo mantenemos a raya con mortero de 90 milímetros y minas…”

Textos relacionados:
La bofetada de las FARC a Santos en Toribío
11 de julio 2012: La guerrilla de las FARC-EP derriba un avión de guerra Super Tucan y rodea prácticamente a Santos que reune su Consejo de Ministro en el municipio de Toribío.