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lunes, 21 de enero de 2013

El máximo órgano de las FARC asegura que la tregua unilateral impuesta por la guerrilla fue cumplida

La guerrilla retoma la acciones ofensivas después dos meses de tregua
unilateral. Santos y las FF.MM. han ejecutado bombardeos, asaltos
y todo tipo de acciones militares durante este tiempo.



En un nuevo comunicado publicado hoy lunes por el Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP, la dirección máxima de la guerrilla colombiana asegura que la tregua declarada el 20 de noviembre ha sido cumplida cabalmente por las FARC-EP.

La tregua, para ambientar el proceso del Diálogo de Paz en la Habana fue recibida por toneladas de bombas, asaltos y ataques ordenados por el presidente Santos y su ministro de defensa Juan Carlos Pinzón.

Hoy, 21 de enero 2013, sigue la guerra. Pero en declaraciones del comandante Iván Márquez, desde la Habana, el alto mando guerrillero sostiene que la guerra debe regularse ante la negativa del régimen de entrar en un cese al fuego bilateral.

A continuación ANNCOL reproduce el comunicado del Secretariado de las FARC-EP:






DECLARACIÓN PÚBLICA

Con ocasión de cumplirse la finalización del período de cese el fuego unilateral decretado por nuestra organización a partir del 20 de noviembre del año anterior.

La inmensa mayoría de la población colombiana puede dar fe de que las FARC-EP hemos cumplido en forma seria y responsable el compromiso adquirido hasta las 24 horas del día 20 de enero del año en curso. Por encima de la venenosa campaña de difamación lanzada por nuestros enemigos, en el período señalado suspendimos por completo las acciones ofensivas contra la fuerza pública, al igual que los actos de sabotaje contra la infraestructura pública y privada.

Lamentablemente este nuevo gesto unilateral de paz por parte nuestra, jamás fue correspondido por los representantes del Estado. Sus mismas declaraciones inmediatas, sus órdenes de arreciar el fuego y las constantes operaciones contra nuestras unidades propiciaron y materializaron diversos hechos de sangre que nosotros lamentamos profundamente, no sólo por los daños en vidas y tranquilidad producidos, sino porque se elevan como testarudos obstáculos a los esfuerzos de reconciliación entre los hijos de la patria.

Revisando nuestros archivos de la confrontación, constatamos que durante el mismo período un año atrás, es decir, entre el 20 de noviembre de 2011 y el 20 de enero de 2012, los 292 enfrentamientos armados presentados entre las FARC-EP y el Estado colombiano produjeron al menos 284 muertos y 278 heridos en los miembros de la fuerza pública. Realidad tan protuberantemente dolorosa, no puede ser equiparable de ninguna manera, a la situación vivida durante los dos meses que ahora terminan, pese a los patéticos esfuerzos de distintas agencias estatales y la gran prensa por torcer la fuerza de los hechos.

Nadie que tenga la cabeza en su puesto puede desconocer que durante los dos últimos meses las FARC-EP no realizamos ni un solo ataque a bases o instalaciones fijas de las fuerzas militares, ni a cuarteles o puestos de Policía. Los muertos, heridos o lisiados de la fuerza pública que se hayan presentado en este período, tuvieron lugar en combates de tipo defensivo librados por nuestra fuerza, cuando se requirió hacer frente a la inmensa arremetida ordenada de manera pública por el señor Presidente de la República.

Durante el mismo período registramos con intenso coraje revolucionario las muertes de varios camaradas guerrilleros en distintos puntos de la geografía nacional, la mayor parte de ellos como consecuencia del ejercicio brutal de los bombardeos ejecutados por la fuerza aérea. Honor y gloria a nuestros muertos. La población colombiana y la comunidad internacional están enterados de cómo la oligarquía colombiana responde a las manifestaciones de paz del pueblo de este país. Esa ha sido su constante histórica y permanece fiel a ella.

Versiones insanas surgidas del ministerio de defensa con el propósito de disimular la vocación criminal que lo anima, hablan de una subcontratación de las FARC con el Ejército de Liberación Nacional y la delincuencia común para que ellos cumplieran por nosotros diversos actos de guerra. Argumentación rebuscada para desconocer el accionar de otras fuerzas revolucionarias y la grave situación de inseguridad que se vive en el país como consecuencia de la convivencia entre la fuerza pública y las bandas criminales.

Las FARC-EP no decretamos un cese unilateral de fuegos para complacer al gobierno de Colombia ni a las fuerzas armadas que dirige con cuidadosa asesoría norteamericana. Tampoco para conmover la rancia oligarquía vinculada de lleno con el proyecto santista de las locomotoras. Sabemos que de ellos no podemos esperar nada distinto a la violencia. Lo hacemos para evidenciar la inmensa satisfacción que le reporta a la mayoría de los colombianos el alto en la confrontación.

Y para invitarlos a profundizar la lucha por la paz. Cada acontecimiento sucedido en nuestro país contribuye a precisar la responsabilidad por el grave conflicto que vivimos. A la más odiosa desigualdad del continente se suma la propensión enfermiza del régimen al empleo del terror contra quienes claman por cambios encaminados a conquistar justicia. La paz sólo podrá nacer de hondas transformaciones en la vida nacional, y únicamente el pueblo colombiano, unido y movilizado, podrá conquistarlas. Es esa la larga lucha de las FARC-EP.

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 20 de enero de 2012.




viernes, 19 de octubre de 2012

ANNCOL presenta el texto completo del discurso del comandante Iván Márquez de las FARC-EP en la instalación la mesa de diálogo en Oslo




ANNCOL presenta el texto completo del discurso del comandante Iván Márquez de las FARC-EP en la instalación la mesa de diálogo en Oslo


LA HABANA / ANNCOL / OCTUBRE 19 / Con la instalación de la mesa de diálogo en las afueras de Oslo, comenzó el proceso de paz que desarrollarán las FARC-EP y el gobierno de Colombia.
El acto público tuvo su inicio con la intervención del vocero principal del gobierno, Humberto de la Calle Lombana y prosiguió con las palabras del jefe de la delegación de las FARC-EP, Iván Márquez, integrante del Secretariado Nacional de la organización insurgente.
A continuación, damos a conocer el texto completo del discurso de las FARC-EP:


Video: http://youtu.be/mk654P-88II


Nuestro sueño, la paz con justicia social y soberanía

 “La paz que hemos querido nosotros, por la cual hemos luchado por mucho tiempo, ha sido siempre buscando que en este paísse acaben las desigualdades que son tan poderosas…”
Manuel Marulanda Vélez



Señoras y señores
Amigas y amigos de la paz de Colombia
Compatriotas

Hemos venido hasta este paralelo 60, hasta esta ciudad de Oslo desde el trópico remoto, desde el Macondo de la injusticia, el tercer país más desigual del mundo, con un sueño colectivo de paz, con un ramo de olivo en nuestras manos.

Venimos a esta Noruega septentrional a buscar la paz con justicia social para Colombia por medio del diálogo, donde el soberano, que es el pueblo, tendrá que ser el protagonista principal. En él reposa la fuerza irresistible de la paz. Ésta no depende de un acuerdo entre voceros de las partes contendientes. Quien debe trazar la ruta de la solución política es el pueblo y a él mismo le corresponderá establecer los mecanismos que han de refrendar sus aspiraciones.

Las dos delegaciones en Oslo


Tal emprendimiento estratégico no puede concebirse como un proceso contra reloj. La pretendida paz exprés que algunos promocionan, por su volátil subjetividad y por sus afanes, sólo conduciría a los precipicios de la frustración. Una paz que no aborde la solución de los problemas económicos, políticos y sociales generadores del conflicto, es una veleidad y equivaldría a sembrar de quimeras el suelo de Colombia. Necesitamos edificar la convivencia sobre bases pétreas, como los inamovibles fiordos rocosos de estas tierras, para que la paz sea estable y duradera.

No somos los guerreristas que han querido pintar algunos medios de comunicación, venimos a la mesa con propuestas y proyectos para alcanzar la paz definitiva, una paz que implique una profunda desmilitarización del Estado y reformas socioeconómicas radicales que funden la democracia, la justicia y la libertad verdaderas. Venimos aquí con el acumulado de una lucha histórica por la paz, a buscar, codo a codo con nuestro pueblo, la victoria de la solución política sobre la guerra civil que destroza a Colombia. No obstante, nuestra determinación tiene la fortaleza para enfrentar a los guerreristas que creen que con el estruendo de las bombas y de los cañones pueden doblegar la voluntad de quienes mantenemos en alto las banderas del cambio y la justicia social.


Usme, sur de Bogota, extrema pobreza para
centenares de miles colombianos
No se puede encadenar este proceso a una política enfocada exclusivamente en la obtención desaforada de ganancias para unos pocos capitalistas a los que no les importa para nada la pobreza que abate al 70% de la población. Ellos sólo piensan en el incremento de su botín, no en la reducción de la miseria. Más de 30 millones de colombianos viven en la pobreza, 12 millones en la indigencia, el 50% de la población económicamente activa, agoniza entre el desempleo y el subempleo, casi 6 millones de campesinos deambulan por las calles víctimas del desplazamiento forzoso. De 114 millones de hectáreas que tiene el país, 38 están asignadas a la exploración petrolera, 11 millones a la minería, de las 750 mil hectáreas en explotación forestal se proyecta pasar a 12 millones. La ganadería extensiva ocupa 39.2 millones. El área cultivable es de 21.5 millones de hectáreas, pero solamente 4.7 millones de ellas están dedicadas a la agricultura, guarismo en decadencia porque ya el país importa 10 millones de toneladas de alimentos al año. Más de la mitad del territorio colombiano está en función de los intereses de una economía de enclave.


En nuestra visión, colocar sobre la mesa el asunto del desarrollo agrario integral como primer punto del acuerdo general remite a asumir el análisis de uno de los aspectos centrales del conflicto. El problema de la tierra es causa histórica de la confrontación de clases en Colombia. En palabras del comandante Alfonso Cano “las FARC nacimos resistiendo a la violencia oligárquica que utiliza sistemáticamente el crimen político para liquidar a la oposición democrática y revolucionaria; también como respuesta campesina y popular a la agresión latifundista y terrateniente que inundó de sangre los campos colombianos usurpando tierras de campesinos y colonos…”

Aquello que fue causa esencial del alzamiento armado y de una heroica resistencia campesina, a lo largo del tiempo se ha agudizado. La geofagia de los latifundistas acentuó la desequilibrada e injusta estructura de la tenencia de la tierra. El coeficiente GINI en el campo alcanza el 0,89. ¡Espantosa desigualdad! Los mismos datos oficiales dan cuenta de que las fincas de más de 500 hectáreas corresponden al 0.4% de los propietarios que controlan el 61.2% de la superficie agrícola. Se trata de una acumulación por desposesión, cuya más reciente referencia habla de 8 millones de hectáreas arrebatadas a sangre y fuego a través de masacres paramilitares, fosas comunes, desapariciones y desplazamiento forzoso, crímenes de lesa humanidad, acentuados durante los 8 años de gobierno de Uribe, todos ellos componentes del terrorismo de Estado en Colombia.

Para las FARC, Ejército del Pueblo, el concepto TIERRA está indisolublemente ligado al territorio; son un todo indivisible que va más allá del aspecto meramente agrario y que toca intereses estratégicos, vitales, de toda la nación. Por eso la lucha por el territorio está en el centro de las luchas que se libran hoy en Colombia. Hablar de tierra significa para nosotros hablar del territorio como una categoría que además del subsuelo y el sobresuelo entraña relaciones socio- históricas de nuestras comunidades que llevan inmerso el sentimiento de patria, que concibe la tierra como abrigo, y el sentido del buen vivir. Al respecto debiéramos interiorizar la profunda definición del Libertador Simón Bolívar sobre qué es la patria, nuestro suelo, nuestro territorio: “Primero el suelo nativo que nada -nos dice-, él ha formado con sus elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro propio país; allí se encuentran los testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y los que nos han dado alma por la educación; los sepulcros de nuestros padres yacen allí y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos recuerda un deber, todo nos excita sentimientos tiernos y memorias deliciosas; allí fue el teatro de nuestra inocencia, de nuestros primeros amores, de nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha formado. ¿Qué títulos más sagrados al amor y a la consagración”?

Higinios Olmos, campesino en Calamar sufre doble;
la politica neoliberal y la fumigación de su yuca
Partimos de esta visión para alertar a Colombia toda: la titulación de tierras, tal como la ha diseñado el actual gobierno, es una trampa; encarna una suerte de despojo legal a través del cual se busca que el campesino, una vez con el título de propiedad en sus manos, no tenga otra salida que la de vender o arrendar a las trasnacionales y conglomerados financieros, a los que sólo les interesa el saqueo exacerbado de los recursos minero-energéticos que están debajo del suelo. Dentro de su estrategia está la utilización del suelo para extender las explotaciones forestales y las inmensas plantaciones, no para resolver el grave problema alimentario que padece nuestro pueblo, sino para producir agro-combustibles que alimentarán automóviles. En el mejor de los casos, la gente del campo quedará con una renta miserable, pero alejada del terruño y confinada en los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Al cabo de 20 o 30 años de contrato nadie se acordará del verdadero dueño de la tierra. Lo aseguramos sin vacilación: la bancarización de la tierra derivada de la titulación, acabará “tumbándole” la tierra al campesino. Nos están empujando a la extranjerización de la tierra y al desastre ambiental dinamizado brutalmente por la explotación minero-energética y forestal.La naturaleza como fuente de información genética no puede ser convertida en botín de las trasnacionales. Nos oponemos a la invasión de las semillas transgénicas y a la privatización y destrucción de nuestra biodiversidad y a la pretensión de hacer de nuestros campesinos pieza del engranaje de los agro-negocios y sus cadenas agroindustriales. Están en juego la soberanía y la vida misma.

En estos términos, la titulación no es más que la legalidad que pretende lavar el rostro ensangrentado del despojo que durante décadas ha venido ejecutando el terrorismo de Estado. Para una trasnacional es más presentable decir “tengo un título minero” a que se le sindique de haber financiado grupos paramilitares y desterrado a una población para hacer viable su proyecto extractivo. Dentro de esta dinámica en Colombia el régimen asesina no sólo con sus planes de guerra, con sus paramilitares y sicarios, sino también con sus políticas económicas que matan de hambre. Hoy hemos venido a desenmascarar a ese asesino metafísico que es el mercado, a denunciar la criminalidad del capital financiero, a sentar al neoliberalismo en el banquillo de los acusados, como verdugo de pueblos y fabricante de muerte.

No nos engañemos: la política agraria del régimen es retardataria y engañosa. La verdad pura y limpia, como dice el Libertador Simón Bolívar, es el mejor modo de persuadir. La mentira sólo conduce a la agudización del conflicto. El fin último de tales políticas, en detrimento de la soberanía y del bienestar común, es dar seguridad jurídica a los inversionistas, liberalizar el mercado de tierras y lanzar el territorio al campo de la especulación financiera y mercados de futuro. Independientemente de que exista o no la insurgencia armada, ésta política multiplicará los conflictos y la violencia.

Acumulación por desposesión y nueva espacialidad capitalista, eh ahí la fórmula del proyecto político-económico de las élites neoliberales haciendo chorrear sangre a la patria de la cabeza a los pies.

Es a esto a lo que nos resistimos. Las FARC no se oponen a una verdadera restitución y titulación de tierras. Por años hemos luchado, como pueblo en armas, por una reforma agraria eficaz y transparente, y es precisamente por ello que no se puede permitir que se implemente el despojo legal que el gobierno proyecta con su ley de tierras. Por medio de la violencia del Plan Colombia y el proyecto paramilitar, se preparó el territorio para el asalto de las trasnacionales. La ley general agraria y de desarrollo rural, es esencialmente un proyecto de reordenamiento territorial concebido para abrirle campo a la economía extractiva en contra de la economía campesina, en desmedro de la soberanía alimentaria y del mercado interno, al superponer el mapa minero-energético sobre el espacio agrícola. Ni siquiera se tiene en cuenta la promoción de una agroecología que permita una interacción amigable con la naturaleza.

Por otro lado, la restitución de tierras tiene que aludir a las tierras que les arrebataron violentamente a los campesinos, indígenas y afro descendientes, y no a baldíos distantes de sus sitios raizales de existencia, también codiciados hoy por las multinacionales. Pero resulta que este es un problema que tiene que ver con todo el pueblo colombiano y que de hecho está salpicando de conflictos todo el territorio. Hay una profunda inconformidad del país nacional con el hampa financiera que se está apropiando de la Orinoquía. Ahora han aparecido unos tales “nuevos llaneros” que de llaneros no tienen nada, como los magnates Sarmiento Angulo y Julio Mario Santodomingo (hijo), los terratenientes Eder del Valle del Cauca, el señor Efromovich, el ex vicepresidente Francisco Santos (gestor del paramilitar Bloque Capital), los hijos de Uribe Vélez, entre otros filibusteros, que ningún derecho tienen sobre esas tierras y que sólo quieren clavar sus garras en el petróleo, el oro, el coltán, el litio, explotar grandes proyectos agroindustriales y la biodiversidad de la altillanura. Abordar el asunto agrario es discutir con el país sobre estos problemas. Que hablen los verdaderos llaneros, esos de piel tostada por el sol de los bancos de sabana; esos que por siglos han convivido en armonía con los morichales y el vuelo de las garzas y de los alcaravanes; esos de pies descalzos que con su histórica bravura empuñaron las lanzas para darnos la libertad.

El pueblo tiene la palabra: Ahí está la patriótica resistencia de los trabajadores petroleros contra la canadiense Pacific-Rubiales en Puerto Gaitán, cuyo escenario de saqueo fue preparado con sangre por los paramilitares de Víctor Carranza. Diariamente el vampiro trasnacional se lleva más de 250 mil barriles de petróleo, mientras le succiona la sangre a más de 12 mil 500 trabajadores tercerizados que como esclavos tienen que trabajar 16 horas diarias por 21 días continuos por una semana de descanso. Su situación laboral es más atroz que la impuesta por los enclaves bananeros de los años 20.

Ahí está la resistencia de los pobladores del Quimbo, donde el gobierno pretende sacar a patadas a la gente que ha vivido allá más de un siglo, destruyendo así sus trayectorias culturales, de vida, y su entorno ambiental. ¿Vamos a dejar acaso que se hiera de muerte al río de la patria que es el Río Grande de la Magdalena, sólo para construir una represa que generará energía para la exportación y no para resolver la demanda interna de millones de colombianos que no tienen acceso a la energía eléctrica? Para el gobierno están primero las ganancias de la trasnacional EMGESA que la suerte de las familias que quedarán desarraigadas.

Ahí está la resistencia de los pobladores de Marmato (Caldas), gente humilde que siempre ha vivido de la explotación artesanal aurífera y que ahora la trasnacional MEDORO RESOURCES quiere borrar del mapa para convertir esa aldea en la mina de oro a cielo abierto más grande del continente. Recordemos aquí, que hasta la iglesia colombiana ha acompañado esa justa lucha en la que el sacerdote José Idárraga, líder del Comité Cívico Pro defensa de Marmato, fue acribillado por los esbirros de las trasnacionales.

Ahí está la formidable resistencia indígena y campesina en el Cauca en defensa de su territorio y de sus culturas ancestrales, y la de sus hermanos afrocolombianos, guardianes patrióticos de la soberanía del pueblo sobre el Pacífico y nuestras selvas.

Insisten las castas dominantes en destrozar el páramo de Santurbán, riqueza de biodiversidad y de aguas que sacian la sed de ciudades importantes como Bucaramanga y Cúcuta. Por la codicia del oro pretenden destruir la alta montaña y la pureza de las aguas del río Suratá. La dignidad de los hijos de José Antonio Galán, el comunero, ha movilizado la resistencia, unificando incluso al pueblo llano con el empresariado local, que ha comenzado a entender, que esta es una lucha de toda Colombia.

¿Cómo vamos a permitir que por complacer la voracidad por el oro de la ANGLO GOLD ASHANTI se le entregue a esta multinacional el 5% de nuestro territorio? El proyecto extractivo de esa empresa en La Colosa (Cajamarca) dejará una gran devastación ecológica y privará de agua a 4 millones de colombianos que dependen de sus fuentes hídricas.

La locomotora minera es como un demonio de destrucción socio-ambiental que si el pueblo no la detiene, en menos de una década convertirá a Colombia en un país inviable. Frenemos ya las locomotoras físicas del Cerrejón y de la Drummond que durante las 24 horas del día saquean nuestro carbón, asperjan polución al paso de sus interminables vagones, dejándonos, como dice el cantautor vallenato, Hernando Marín, sólo socavón y miseria. Frenemos a la BHP BILLITON, a XSTRATA y la ANGLO AMERICAN, que para extraer 600 millones de toneladas de carbón que yacen bajo el lecho del río Ranchería, pretenden desviar su curso, lo que disminuirá el caudal de sus aguas en un 40% generando devastación ambiental y destrucción irreparable al tejido social de los pueblos Wayúu.

Toma de los carriles en Cerrejon para impedir la Locomotora Neoliberal y transnacional

Qué asustadizo se ve al gobierno para defender la soberanía frente a la trasnacional BHP BILLITON que saquea en descarada actitud de lesa patria el ferroníquel de Cerro Matoso (Córdoba), y a la que sigue colmando de gabelas en detrimento de la soberanía, el bienestar social y el medio ambiente.

Hay que poner fin a esa monstruosidad que son los contratos a 20 y 30 años que privilegian los derechos del capital en menoscabo del interés común.

Y claro, se escuchan a los portavoces del gobierno y la oligarquía proclamando el crecimiento de la economía nacional y sus exportaciones. Pero no, en Colombia no hay economía nacional. Quienes exportan el petróleo, el carbón, el ferroníquel, el oro y se benefician con ello, son las multinacionales. La prosperidad, entonces es de éstas y de los gobernantes vendidos, no del país.

Este no es un espacio para resolver los problemas particulares de los guerrilleros, sino los problemas del conjunto de la sociedad; y dado que uno de los factores que más impacta negativamente a la población es la subscripción de los Tratados de Libre Comercio, éste es un tema que tendrá que abordarse indefectiblemente. Pobre Colombia obligada a competir con las trasnacionales con una infraestructura arruinada por la corrupción y la desidia.

Entonces la paz… sí. Sinceramente queremos la paz y nos identificamos con el clamor mayoritario de la nación por encontrarle una salida dialogada al conflicto abriendo espacios para la plena participación ciudadana en los debates y decisiones.

Pero la paz no significa el silencio de los fusiles, sino que abarca la transformación de la estructura del Estado y el cambio de las formas políticas, económicas y militares. Sí, la paz no es la simple desmovilización. Decía el comandante Alfonso Cano: “Desmovilizarse es sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es rendición y traición a la causa popular y al ideario revolucionario que cultivamos y luchamos por las transformaciones sociales, es una indignidad que lleva implícito un mensaje de desesperanza al pueblo que confía en nuestro compromiso y propuesta bolivariana”. Necesariamente tendremos que abocar las causas generadoras del conflicto y sanear primero el cangro de la institucionalidad. Claro, desde el punto de vista estrictamente económico, para una trasnacional es más fácil saquear los recursos naturales del país sin la resistencia popular y guerrillera. Apoyados en ejercicios sencillos de matemática, podemos afirmar que la guerra es insostenible para el Estado, por las siguientes consideraciones:

El gasto militar en Colombia es de los más altos del mundo en proporción a su Producto Interno Bruto. Este alcanza el 6.4% cuando hace 20 años estaba por el orden del 2.4%; es decir, se ha triplicado, y eso es relevante. El gasto militar actualmente oscila entre 23 y 27 billones de pesos al año, descontando que Colombia es el tercer receptor de “ayuda” militar estadounidense en el mundo y que por cuenta del Plan Colombia recibe una financiación equivalente a 700 millones de dólares al año.

Fuerzas Especiales de las FF.MM. desfilando el 20 de julio en Bogota

En Colombia hay un régimen jurídico que se acompaña con la protección militar de las inversiones. De unos 330.000 efectivos de las Fuerzas Militares, 90 mil soldados son utilizados para cuidar la infraestructura y las ganancias de las multinacionales. El enorme gasto que esto representa, aunado al costo de la tecnología empleada, pone en evidencia los límites de la sostenibilidad de la guerra. Nosotros hacemos un llamado sincero a los soldados de Colombia, a los oficiales y sub oficiales, a los altos mandos que aun sientan en su pecho el latir de la patria, a recobrar el decoro y la herencia del ideario bolivariano, que reclama a los militares emplear su espada en defensa de la soberanía y las garantías sociales. Qué bueno sería protagonizar el surgimiento de unas nuevas Fuerzas Armadas. No más sumisión a Washington, no más subordinación al Comando Sur y no más complacencia con la expansión de bases militares extranjeras en nuestro territorio.

Esa es la hoguera que arde en nuestro corazón; por eso no pueden ser más que un agravio los llamados instrumentos jurídicos de justicia transicional que apuntan a convertir a las víctimas en victimarios. Que se tenga presente, que el alzamiento armado contra la opresión es un derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo, que ha sido consagrado en el preámbulo de la declaración de los derechos humanos aprobada por la ONU en 1948, y que además es un derecho consignado en muchas constituciones de las naciones del mundo. No somos causa sino respuesta a la violencia del Estado, que es quien debe someterse a un marco jurídico para que responda por sus atrocidades y crímenes de lesa humanidad como los 300 mil muertos de la denominada época de la violencia en los años 50, que responda por los 5 mil militantes y dirigentes de la Unión Patriótica asesinados, por el paramilitarismo como estrategia contrainsurgente del Estado, por el desplazamiento de cerca de 6 millones de campesinos, por los más de 50 mil casos de desaparición forzada, por las masacres y los falsos positivos, por las torturas, por los abusos de poder que significan las detenciones masivas, por la dramática crisis social y humanitaria; en síntesis que responda por el terrorismo de Estado. Quien debe confesar la verdad y reparar a las víctimas son sus victimarios atrincherados en la espuria institucionalidad.

Somos una fuerza beligerante, una organización política revolucionaria con un proyecto de país esbozado en la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia, y nos anima la convicción de que nuestro puerto es la paz, pero no la paz de los vencidos, sino la paz con justicia social.

Tropas guerrilleras de las FARC-EP en algún lugar de Colombia

La insurgencia armada motivada en una lucha justa no podrá ser derrotada con bombarderos ni tecnologías, ni planes por muy sonoros y variados que sean sus denominaciones. La guerra de guerrillas móviles es una táctica invencible. Se equivocan aquellos que embriagados de triunfalismo hablan del fin del fin de la guerrilla, de puntos de inflexión y de derrotas estratégicas, y confunden nuestra disposición al diálogo por la paz con una inexistente manifestación de debilidad. Nos han golpeado y hemos golpeado, sí. Pero con el romancero español podemos decir: “por fortuna os vanagloriáis porque vuestras armas están bruñidas; en cambio mirad las mías, qué amelladas están, porque hieren y han sido heridas”. Así son los avatares de la guerra. El Plan Patriota del Comando Sur de los Estados Unidos ha sido derrotado y la confrontación bélica se extiende hoy con intensidad por todo el territorio nacional. No obstante en nosotros palpita un sentimiento de paz fundado en el convencimiento de que la victoria siempre estará en manos de la voluntad y la movilización de nuestro pueblo. “Este es un mensaje de decisión, decía hace poco Alfonso Cano: aquí en las FARC nadie está amilanado, ¡estamos absolutamente llenos de moral, de moral de combate!”.

Presidente Santos, fundemos la paz tomando como base los anhelos de la nación.

Convocamos a todos los sectores sociales del país, al Ejército de Liberación Nacional, ELN, a los Directorios de los partidos políticos, a Colombianas y Colombianos por la Paz, organización que liderada por Piedad Córdoba trabajó denodadamente por abrir esta senda, a la Conferencia Episcopal y a las iglesias, a la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), a la Coordinadora de Movimientos Sociales de Colombia (COMOSOCOL), a los promotores del Encuentro por la Paz de Barranca, a los indígenas, a los afro-descendientes, a los campesinos, a las organizaciones de desplazados, a la ACVC, a la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC), a las centrales obreras, a las mujeres, al movimiento juvenil colombiano, a la población LGTBI, a los académicos, a los artistas y cultores, a los comunicadores alternativos, al pueblo en general, a los migrados y exiliados, a la Marcha Patriótica, al Polo Democrático, al Congreso de los Pueblos, al Partido Comunista, al MOIR, a la Minga Indígena, a los amantes de la paz en el mundo, para que llenen de esperanza este intento de solución diplomática del conflicto.

Simón Trinidad ya manifestó desde la cárcel imperial de Florence (Colorado), donde está condenado injustamente a 60 años de presidio, su total disposición para participar en los diálogos por la paz de Colombia. En un acto de sensatez la Fiscalía colombiana ha dicho que él tiene todo el derecho a hacer parte de la delegación de las FARC en la mesa de conversaciones y el Consejo Superior de la Judicatura ofreció la tecnología y la logística para que eso sea posible. El gobierno de los Estados Unidos haría un gran aporte a la reconciliación de la familia colombiana, facilitando la participación de Simón, de cuerpo presente en esta mesa.

Finalmente queremos expresar nuestra eterna gratitud a los gobiernos y pueblos de Noruega, Cuba, Venezuela y Chile, que desplegaron sus esfuerzos mancomunados desde Escandinavia, desde el Caribe, desde la cuna de Simón Bolívar y desde el indómito Arauco de Neruda y Allende, para que el mundo pueda contemplar el prodigio de la nueva aurora boreal de la paz. También resaltamos la contribución del CICR como garante del traslado de voceros de las FARC desde agrestes regiones colombianas bajo el fuego.

Rendimos homenaje a nuestros caídos, a nuestros prisioneros de guerra, a nuestros lisiados, a la abnegación de las Milicias Bolivarianas, al Partido Comunista Clandestino y al Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, y junto a ellos al pueblo fiel que nutre y acompaña nuestra lucha.

Sin aún comenzar la discusión, no coloquemos como espada de Damocles, a pender amenazas sobre la existencia de esta mesa. Sometamos las razones de cada una de las partes contendientes al veredicto de la nación, a la veeduría ciudadana. No permitamos que los manipuladores de opinión, desvíen el rumbo de esta causa necesaria que es la reconciliación y la paz de los colombianos en condiciones de justicia y dignidad. La gran prensa no puede seguir actuando como juez inicuo frente al conflicto, porque como decía Cicerón, “un juez inicuo es peor que un verdugo”. De los esfuerzos de todos y de la solidaridad del mundo, depende el destino de Colombia. Que la oración por la paz de Jorge Eliécer Gaitán ilumine nuestro camino: “Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres del pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”.

Damos la bienvenida a este nuevo emprendimiento por la paz con justicia social. Todos, por la solución incruenta del conflicto colombiano.

¡Viva Colombia/ Viva Manuel Marulanda Vélez/ Viva la paz!

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP


domingo, 22 de julio de 2012

Comunicado FARC : “Sumar y unificar la rebeldía del pueblo colombiano por los cambios”



Campesinos e indígenas en el Cauca enfrentan a las FF.MM.





FARC-EP: “Sumar y unificar la rebeldía del pueblo colombiano por los cambios”


Así resumen el Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP en un comunicado de prensa la situación actual de Colombia. Afirman que el régimen colombiano esta rodeado de corrupción y no tiene interés de solucionar los graves problemas que el pueblo enfrentan.
ANNCOL / 2012-07-22 / Dice la guerrilla que acaba de celebrar sus 48 años de existencia que “los bochornosos episodios puestos al descubierto con la frustrada reforma a la justicia, la judicialización en Norteamérica del general Santoyo (ex jefe de seguridad del palacio presidencial bajo Uribe), la publicación del video de Romeo Langlois, la rebelión indígena y campesina del Cauca contra la ocupación militar y hasta el derribamiento del avión Supertucano al tiempo que Santos celebraba su consejo de seguridad en Toribío, suman algunos de los hechos de mayor impacto político con los que Colombia entera aterriza del mundo de ilusiones forjado largamente por la propaganda oficial”.
También comenta los actuales enfrentamientos entre el estado y el pueblo del Cauca:
“Lo que la gente del Cauca y gran parte de Colombia está exigiendo, es que cese la guerra contra ella. (…) Nadie que se precie de ser medianamente objetivo, puede desconocer en la Colombia de hoy la simbiosis fundamental que existe entre los grandes proyectos mineros, energéticos o agroindustriales y la ofensiva militar que se cumple contra los territorios ocupados por colonos, pequeños mineros, comunidades negras e indígenas”.
Hace un llamado al pueblo de “concientización, organización, protesta, resistencia y movilización activas. He allí la tarea prioritaria. Sumar y unificar la rebeldía del pueblo colombiano por los cambios”.

A  continuación ANNCOL reproduce el comunicado enviado a nuestra redacción. También lo ofrecemos en audio: https://www.box.com/s/fb9cea4031302e9822b8



Guerrilleros de las FARC-EP

DECLARACIÓN PÚBLICA
SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 22 de julio de 2012.

La situación actual del país y las tareas que demanda


Recientes acontecimientos de honda repercusión nacional, ponen en evidencia que la imagen de esa Colombia paradisíaca, que los dos últimos gobiernos se encargaron de difundir ante propios y extraños, no pasa de ser una creación mediática y virtual, inventada con el objeto de atraer el capital inversionista transnacional en crisis en otras latitudes, y animada por el deliberado propósito de enriquecer a una élite local privilegiada, en grave perjuicio de los intereses de las grandes mayorías colombianas y de nuestra existencia misma como nación soberana.

El estado de la economía


Serios analistas independientes y oficiales registran con alarma la vanidad incrustada en la afirmación de que la economía nacional disfrutaba de suficientes blindajes ante la crisis mundial. El supuesto crecimiento económico desbordado e imparable, que uribistas y santistas difundieron presuntuosa y repetidamente, comienza a dar muestras palpables de desaceleración y retroceso, alertando además sobre el peligro inminente que significa haber apostado a un proyecto de desarrollo fundado en el sector primario exportador minero y agroindustrial, cuando lo que se avizora en el horizonte es la caída en la demanda y los precios internacionales.

De profundizarse esa tendencia, la economía colombiana, ya de por sí golpeada por más de veinte años de apertura económica y enrumbada a la desindustrialización por causa de la agudización de las políticas neoliberales, arriesga ser arrollada del todo con la vigencia plena de los tratados de libre comercio con los Estados Unidos, la Unión Europea, Corea del Sur, y demás pactos ansiosamente buscados y suscritos. El beneficio de los sectores ligados al comercio de productos terminados y servicios del primer mundo, no va a compensar la ruina del empresariado nacional, la agricultura y la ganadería, y menos va a mejorar la suerte de los millones de desempleados e informales que pulularán por todo el país.

Juan Manuel Santos con la gerencia de la transnacional española TCB en Buenaventura, estrenando
el nuevo megapuerto. Durante el evento murió un bebé indígena pocos kilómetros del lugar
por falta del derecho humano de salud, medicamientos y asistencia.

El régimen impositivo de escandalosos privilegios y las extremas facilidades competitivas que los últimos gobiernos establecieron a favor del gran capital inversionista, unido a la creciente debilidad de la producción nacional, apuntan a vaciar las arcas del fisco en aumento de la perniciosa de pendencia del crédito externo. Está visto con los ejemplos de las naciones europeas hundidas hasta el cuello en la crisis financiera, que la banca internacional carece por completo de decencia. Aquí también serán los trabajadores y el pueblo despojado de la prestación de pensiones, subsidios, bienestar social, servicios como salud y educación, los que tendrán que poner la plata para pagar la deuda. Suficientes evidencias impiden ignorar esa dolorosa realidad.

La Colombia real es un país gobernado por las imposiciones de las entidades multilaterales de crédito, con un modelo de economía totalmente al servicio de los capitales transnacionales, un gobierno obsesionado por el rápido enriquecimiento de los grupos económicos que representa, unas fuerzas militares subordinadas al mando del Ejército de los Estados Unidos y una población mayoritariamente hundida en la desesperanza. No sólo representamos el país con la mayor desigualdad del continente, sino que los índices de pobreza y miseria, de desempleo e informalidad, de corrupción política y violencia nos avergüenzanante el mundo.

La coyuntura política


Por otra parte, los bochornosos episodios puestos al descubierto con la frustrada reforma a la justicia, la judicialización en Norteamérica del general Santoyo, la detención con fines de extradición del narcotraficante Camilo Torres, las elecciones del Valle, las acusaciones y captura en contra de Sigifredo López, la posesión del general Naranjo como asesor en México, la publicación del video de Romeo Langlois, la rebelión indígena y campesina del Cauca contra la ocupación militar y hasta el derribamiento del avión Supertucano al tiempo que Santos celebraba su consejo de seguridad en Toribío, suman algunos de los hechos de mayor impacto político con los que Colombia entera aterriza del mundo de ilusiones forjado largamente por la propaganda oficial.

Nada de ejemplar y respetable quedó en pie de las llamadas instituciones democráticas colombianas tras el episodio de la reforma a la justicia. Congreso de la República, Rama Ejecutiva y Poder Judicial pelaron el cobre de su mezquindad, hipocresía y corruptibilidad. Como si no hubiera sido suficiente con el mercado de intereses personales que pujó por la impunidad total a la narcoparapolítica, el saqueo de las arcas del Estado y la arbitrariedad de la burocracia uribista, el Presidente Santos, revolcado en sus propias heces, optó finalmente por violentar una vez más la Constitución del 91 en su afán por sostener un dudoso prestigio con miras a la reelección.

El Poder Mafioso Violento al servicio a la oligarquia.

La Colombia real se debate en medio del drama de su derrumbamiento económico, institucional y político, atada de pies y manos por un impresionante aparato militar, paramilitar y policial al que se suma el más descarado divertimento mediático que pretende ocultar la gravedad de lo que ocurre. Nuestra nación ni siquiera cuenta con una Constitución Política, acaban de deshojarla y pisotearla en las narices de todos. Los grandes centros del poder mundial nos condenan a ser un país atrasado y dependiente, suministrador barato de recursos naturales, mientras la oligarquía encargada de cumplir fielmente tal propósito se enzarza a dentelladas por la mejor tajada.


La pelea de Uribe y Santos


No puede entenderse de otro modo la disputa entre el ex Presidente Uribe y el actual gobierno. Ninguna diferencia ideológica los separa. Tampoco, como queda visto, ninguna práctica política. El recurso excesivo a la violencia ciega que caracteriza abiertamente al primero y que el segundo modera tan solo en el discurso, tiene su origen en sus tradicionales nexos con la mafia narco paramilitar de la que el Presidente Santos intentó vanamente deslindarse. Allí nació la furia uribista contra la ley de víctimas y restitución. Así como su frenética oposición a cualquier tipo de conversación con las FARC. En su concepción no cabe una idea política distinta a las suyas.

La contratación pública y una mayor cuota de poder alimentan el fanatismo de Uribe, del que Santos fue su mejor mentor en el pasado. La guerra declarada ni siquiera llega a una renuncia formal de su participación ministerial o a otras altas posiciones del Estado. Uribe, que en sus mandatos tejió la red de privilegios al capital transnacional, teme que Santos la rasgue un poco tras su anuncio de hacer chillar los ricos con su reforma tributaria. Por eso su ruptura resulta propicia a estas alturas. Todo seguirá como está. Además, Uribe necesita blindarse con un gobierno incondicional contra cualquier actuación judicial futura. Santos ya no le inspira confianza.



A
quí salta el otro aspecto de la farsa publicitaria sobre los éxitos de la seguridad democrática. La supuesta derrota al narcotráfico obtenida con el Plan Colombia. Los últimos gobiernos vendieron esa idea ante el mundo y ahora viene a descubrirse la escandalosa verdad. Sólo se ha conseguido un sucesivo rodaje del negocio entre unos y otros capos, al tiempo que la Policía Nacional aparece involucrada al más alto nivel jerárquico en vínculos con la red narcoparamilitar. Santoyo, el inseparable jefe de seguridad de Álvaro Uribe Vélez, y el exjefe antinarcóticos y de la Dijín general Cesar Pinzón, son apenas los primeros nombres de la larga lista.

¿A qué va Naranjo a México? ¿Acaso a servir desde más cerca a los carteles mexicanos? La DEA pretende cumplir en ese país una experiencia semejante a la fracasada en Colombia. Y por lo visto lleva a los hombres ideales para eso. Al fin el cabo a USA jamás les ha interesado poner fin al negocio, sino usarlo como pretexto para sus intervenciones políticas. El reciente intento por investir de impunidad al parlamento y altos funcionarios públicos que todo el Establecimiento apoyó en la reforma judicial, desnuda el grado de descomposición de la clase en el poder, que ahora acaba de entregar el Valle a la Unidad Nacional, contra el repudio ignorado de su población.

Álvaro Uribe Vélez teme que sus vínculos mafiosos no puedan seguir siendo disimulados como en el pasado. Pasos de animal grande lo rondan, por lo que anhela con desespero volver a repetir el embrujo mediante el cual consiguió importantes apoyos en el 2002 para acceder a la Presidencia. Por eso su obsesión fundamentalista contra las FARC y todo lo que en su parecer puedan representarlas. La resurrección de la vieja farsa de la farcpolítica que el Fiscal de su confianza emprendió contra Sigifredo López, así como su renovado odio contra la Venezuela bolivariana y revolucionaria, hacen parte de ello. Su ceguera le impide comprender que el país cambió, y que cada día más consciente del engaño de que fue víctima, sólo espera su dura caída.



Las realidades del conflicto armado


La fuerza reveladora de las imágenes captadas por la cámara de Romeo Langlois antes de ser aprehendido por las FARC en abril pasado, destapa la otra gran mentira de la seguridad democrática. La de la derrota de las FARC-EP. La insurgencia permanece presente, combativa e invencible allí donde la militarización por parte del Estado es completa, mientras las poderosas fuerzas militares y policiales conformadas y financiadas por los gringos lucen asustadizas, arrogantes sí contra la población civil de campesinos inermes, mujeres y niños. A su vez, los grandes laboratorios que reportan, resultan ser en verdad pequeños cambuches de miseria.

De no haberse producido el combate que filmó el periodista francés, el Ejército regular habría difundido mundialmente su propaganda difamatoria y calumniosa. La que sirve a los intereses norteamericanos de intervención militar en Suramérica, la que se presta para encubrir los negociados que se celebran alrededor del mercado de la guerra, la que permite que generales de la República llenen sus arcas al servicio de los grandes capos del narcotráfico, mientras despotrican en público contra las mafias y acusan a las FARC de ser el verdadero cartel. La guerra que permite a los apoyos uribistas concentrar más tierras y despojar más campesinos.

Del mismo modo, el accionar militar de las FARC en la Guajira, Norte de Santander, Meta, Antioquia, Guaviare, Nariño, Putumayo, Huila, Tolima, y en general en todo el territorio nacional, atrae especialmente la atención sobre el departamento del Cauca, pues en aquel escenario confluyen de modo particular las incidencias de la lucha armada guerrillera con las del movimiento campesino, indígena, negro y popular contra el modelo neoliberal de Santos y sus locomotoras. Nadie que se precie de ser medianamente objetivo, puede desconocer en la Colombia de hoy la simbiosis fundamental que existe entre los grandes proyectos mineros, energéticos o agroindustriales y la ofensiva militar que se cumple contra los territorios ocupados por colonos, pequeños mineros, comunidades negras e indígenas.

Lo que la gente del Cauca y gran parte de Colombia está exigiendo, es que cese la guerra contra ella. La guerra de las operaciones militares y paramilitares, de los bombardeos y ametrallamientos, de los allanamientos y capturas masivas, la guerra del despojo y el arrinconamiento. Lo que Santos y toda la oligarquía rendida de rodillas ante el gran capital sostienen en sus discursos y medios de comunicación, es que son las FARC, a quienes no vacilan en calificar con los más groseros adjetivos, quienes llegaron al Cauca a perturbar la vida de sus habitantes. Por eso proclaman que todo el mundo debe rodear la arremetida contra nosotros, al tiempo que señalan furiosos a quien se les oponga.

L
a verdad es muy distinta, son ellos los agresores, son ellos los ladrones y violentos. Así ha sido desde cuando en1965 un aristócrata Presidente nacido en Popayán y fallecido dicientemente en Rochester, Nueva York, desató la nefasta Operación Riochiquito contra los indígenas y campesinos caucanos. Que no vengan ahora con cuentos chinos. La historia de Colombia no miente, aunque intente borrársela y hasta se excluya su enseñanza de las aulas de secundaria.

Lo que Santos busca en el Cauca o la Sierra Nevada de Santa Marta, como fiel heredero de los conquistadores y encomenderos españoles, es comprar con espejitos y pequeñas migajas que halaguen la recién fomentada ambición de algunos caciques indígenas, la pasividad y el sometimiento de sus gentes ingenuas. Y a leerles el bando en que anuncia que aquellos que se opongan a su religión de prosperidad democrática, van a conocer el peso de su fuerza militar o judicial. Por eso obtiene rechiflas y repudio. Por eso las comunidades se niegan a escucharlo. Por eso les grita irritado desde lejos que el Ejército y la Policíano abandonarán jamás sus posiciones.

Barricada campesina e indígena en el departamento del Cauca.

El alentador despertar de la lucha de masas


Por encima de las patrañas políticas y politiqueras, por encima de las campañas mediáticas de embrutecimiento, por encima de la ofensiva terrorista del Estado con sus aviones bombarderos que y a comienzan a ser derribados, son cada día más los colombianos que despiertan del engaño al que estuvieron tanto tiempo sometidos, son cada vez mayores las filas de la gente decente indignada con lo que la casta gobernante está haciendo con Colombia. Por todas las esquinas de la patria se levantan las voces y los brazos de los afectados con las políticas del régimen, de las mujeres y hombres que comprenden la necesidad de la lucha, de las ciudadanas y ciudadanos que anhelan vivir en un país democrático, en paz, justo, soberano y libre de tanta inmundicia.

El decoro generalizado y furioso que obligó a Santos a recular con su reforma judicial, del mismo modo que la dignidad contundente y masiva del estudiantado que lo obligó a echar atrás su reforma de la educación superior, requieren multiplicarse de modo organizado y consciente en la actual y decisoria coyuntura. Para la reconstrucción de Colombia no resultan suficientes la inconformidad, el desprecio de su clase política, la repugnancia hacia su proyecto de país. Es necesario pronunciarse enérgicamente contra eso, con la fuerza de la expresión multitudinaria. Resulta urgente por tanto recurrir a la unificación de fuerzas con todos los sectores indignados, conformar un inatajable torrente popular que se lleve por delante la indecencia.

Con el movimiento obrero, campesino, indígena, de negritudes, de mujeres, de desempleados, de pequeños y medianos mineros, de estudiantes, de profesionales empobrecidos, pequeños y medianos empresarios, industriales y comerciantes, la academia, la intelectualidad, el profesorado, los informales y trabajadores independientes, los partidos y organizaciones de izquierda o de clara definición democrática. Con los liberales y conservadores aterrados con tanta podredumbre, hasta con los policías y militares retirados y olvidados por el régimen que los usó, con los creyentes, los cristianos, los ateos, los jóvenes, los ancianos y todas las minorías discriminadas. Concientización, organización, protesta, resistencia y movilización activas. He allí la tarea prioritaria. Sumar y unificar la rebeldía del pueblo colombiano por los cambios.

La bandera de la paz envuelve la lucha por el poder


Siendo claros de que la guerra civil colombiana enfrenta la arrogancia brutal del capital y su modelo de dominación contra las masas populares alzadas en armas contra su violencia, y conscientes de que con ella como pretexto el poder ha impuesto el despojo como tradicional medio de acumulación de la propiedad, y la represión como su forma natural de gobierno, la primera misión de ese poderoso movimiento popular unificado tiene que ser la de luchar por poner fin al conflicto armado, por presionar al ejecutivo nacional, a su clase política corrupta y a sus fuerzas militares, a aceptar el camino de una solución dialogada, pacífica y democrática.

Sin imposiciones que la hagan imposible. Y con todo el país tomando parte en ella. Basta ya del cuentecillo de la llave oculta en el bolsillo. La paz no le pertenece a la oligarquía militarista y violenta, le pertenece al pueblo que la reclama para poder vivir mejor. Una solución política necesariamente entraña profundas reformas en el campo institucional, en materia de distribución de la tierra y las riquezas, en cuestión del proyecto económico de país, del papel a desempeñar por las fuerzas armadas, de la atención social de los colombianos. Por eso las voces de estos deben ser escuchadas, respetadas y atendidas en cualquier proceso hacia la reconciliación. Y si esto no fuera posible con el actual gobierno, habrá que llevar al poder a otro que sí tenga esa disposición.

Lo cual implica el reto para el palpitante movimiento por la dignificación de la patria, de pensar con seriedad en la posibilidad de trabajar en una campaña política de claro carácter renovador. Es de importancia cardinal plantar una alternativa limpia, nueva, democrática, amplia, capaz de arrebatar de las manos el dominio del Estado a la corrupta clase dirigente actual. Un movimiento de colombianos honestos por el poder, que abra la esperanza en el oscuro panorama que le depara al país continuar bajo la égida de una u otra de las seguras alternativas que planteará la oligarquía en el 2014. Masas organizadas, unidas, con propósitos claros, son capaces de imponer finalmente sus propósitos. Es fundamental creer en ello.

Un nuevo gobierno democrático, amplio y pluralista podrá por fin soltar las amarras que nos atan a los colombianos a la horrible noche de la violencia. Posibilitar acuerdos de paz, construir unas fuerzas armadas que defiendan el interés de todos los nacionales y no los de una casta antipatriótica, materializar una existencia democrática en la que la voz de las mayorías sea quien determine el camino a emprender, enrumbar al país por un desarrollo económico basado en la producción y el trabajo de todos los colombianos, velar por la salud, la educación, el empleo y el bienestar general, sin favoritismos, entregar la tierra a quienes quieran y puedan trabajarla, y asistirlos en su actividad y crecimiento, usar las riquezas naturales para el bien de todos, rescatar nuestras culturas y solucionar en justicia los más graves problemas sociales.

Se habla ahora de otras posibles vías, como la convocatoria a un referendo que revoque los actuales poderes, o la promoción de una Asamblea Nacional Constituyente que tenga la potestad de recomponer por completo al país. Todos los recursos de la lucha popular cuentan para unificar contra el régimen. Sin perder de vista que la senda de someter en algún momento el anhelo por los cambios a la decisión de los mismos poderes establecidos, puede terminar en un simple maquillaje que relegitime el orden de cosas vigente. La Constituyente de 1991 disolvió el parlamento, y pese a ello la misma clase política contaminada volvió a controlarlo todo. El poder constituyente no puede dejarse enredar en consideraciones legalistas. Él crea, él hace, él puede.


Guerrillero de las FARC-EP.

La vigencia de nuestra lucha


Está claro que las FARC-EP no vamos a traicionar el legado de nuestros fundadores y mártires. Ni a volver la espalda a la gente humilde de nuestro país que conoce a diario el peso de la arrogancia, el despojo y el terror por parte del Estado. Así como en una mañana de mayo 48 años atrás, los heroicos campesinos de Marquetalia decidieron empuñarlas armas y soñar con la toma del poder para el pueblo, los combatientes de hoy ratificamos de nuevo que jamás entregaremos nuestros sueños tras una denigrante rendición y desarme. Solo una transformación profunda de las condiciones vigentes en nuestra patria puede posibilitar y garantizar la paz, que es la paz en la que hemos creído desde nuestro nacimiento.

Queríamos y soñábamos con un cambio por vías pacíficas y democráticas, pero nos han sido cerradas violentamente una y otra vez desde el gobierno de Guillermo León Valencia. Hoy podemos asegurar que un diálogo lejano y a espaldas del país, como lo pretende Santos, sólo terminará por intensificar más la confrontación. Nuestros sentidos permanecen atentos al avance de la rebeldía y la organización de los de abajo. Con ellos sí estaremos en todos los escenarios a los que los conduzca su accionar por la paz y los cambios. Sean cuales sean los rumbos que el destino depare al esfuerzo por democratizar a Colombia, tan inmensamente renovado y latente hoy, las FARC-EP estaremos siempre al lado de nuestro pueblo. Y venceremos con él, lo juramos.

SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 22 de julio de 2012.