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lunes, 8 de julio de 2013

“La gente se alza a diario contra la mentira y la violencia”: Por Gabriel Ángel, FARC-EP

Campesinos, obreros y estudiantes agrupados en Plaza Bolívar y son agredidos por ESMAD.


Unos meses atrás contemplamos las imágenes del paro decretado por los campesinos cafetaleros, a los que pronto se sumaron los productores de cacao y más tarde los paperos. Para enfrentar su lucha, el gobierno dispuso el envío de varios escuadrones del ESMAD, la fuerza policial entrenada para triturar a garrote la inconformidad. Y se vio de todo.
Cada semana se producen una o dos asonadas en distintos municipios del país, en protesta airada contra el comportamiento abusivo de la Policía o el Ejército.
Por Gabriel Ángel
La sola presencia de la policía antimotines significa una agresión contra quienes protestan. Se trata de una formación de hombres apertrechados con todo lo necesario para violentar. Significa la negación del diálogo. Cascos, escudos, corazas, garrotes, granadas de gas, armas de fuego, todo listo a manera de amenaza y con visible intención de lanzarse el  ataque.
Aparte de ellos, otros policías embarcados en tanquetas que arrojan poderosos chorros de agua y en tétricos vehículos que cumplen el papel de terroríficas celdas rodantes, completan el panorama de comprensión y respeto hacia el opositor.Por sí sola la estampa del ESMAD habla de lo que piensa el gobierno con relación a la inconformidad de los gobernados.
Por eso, unos meses atrás, como recién sucedió ahora en el Catatumbo, el enfrentamiento físico con los campesinos cafeteros resultó ser apenas la consecuencia lógica del ambiente intolerante que reina en nuestro país. Hombres humildes con las cabezas rotas y sangrantes ante las cámaras, manos mutiladas, mujeres campesinas asfixiadas por el gas.
Policías enardecidos corriendo con sus garrotes tras la gente, moliéndola a palos como si se tratara de abominables monstruos a los que se intenta aniquilar. La reacción defensiva estalla entonces con furia. Y además genera una especie de cultura de combate cuando se marcha a la protesta. Los hombres se arman de varas gruesas y largas, se cuelgan sus machetas a la cintura.
Y por eso ahora cada manifestación en Colombia se encuentra sazonada por actos violentos. Cada paro, cada huelga, cada jornada se trae sus muertos, sus heridos, sus encarcelados. Cuando tales imágenes dan vuelta al mundo gracias a la televisión internacional, el gobierno recula, llama a la cordura, y acepta conversar para buscar un arreglo.Considera que ya tiene blando al rival.
Por encima de todo el discurso oficial sobre la democracia ejemplar y los gigantes logros en materia social y económica, el tropel popular de inconformidad con la situación se impone en calles y carreteras, en pueblos y veredas, incluso en las grandes ciudades. A la violencia y la mentira oficiales les aparecieron la reacción y la verdad populares.
Y con pasos de animal grande. El Presidente de la República puede cantar en Escocia todas las maravillas que quiera sobre nuestro país, hablando en inglés por demás. Pero en lenguaje chibcha, los colombianos de abajo viven en condiciones totalmente distintas. Y le han perdido por completo el respeto las autoridades violentas. Asombra el modo como las enfrentan.
Por lo menos cada semana vienen produciéndose una o dos asonadas en distintos municipios del país, en protesta airada contra el comportamiento abusivo de la Policía o el Ejército. Por el modo como detienen la gente a su arbitrio, por la forma agresiva con que se dirigen a la población, por el desgreño de las administraciones locales, regionales o nacionales.
Si bien los noticieros de la televisión dan cuenta de muchos de estos hechos, pasan luego sobre ellos reduciéndolos a la insignificancia. Cuentan más los devaneos de Cristiano Ronaldo, el matrimonio de Shakira, las declaraciones de Falcao o la última de Lady Gagá. La alienación mediática surte su efecto, desde luego, pero no puede desbancar la realidad por completo.
Que sigue terca ahí. Y creciendo. A manera de ejemplo, hablemos de La Uribe, en el departamento del Meta, una de las zonas más militarizadas del país, y seguramente candidata a disputar el título de área rural colombiana donde más combates se presentan con las FARC, además del territorio habitado donde más bombas y metralla ha descargado la aviación en los últimos años.
En días pasados, la policía del corregimiento La Julia detuvo al Presidente de una Junta de Acción Comunal rural. A las ocho de la noche, una masa de campesinos de su vereda llegó a reclamarlo al puesto, lo cual terminó en batalla campal.Con piedras y palos, la gente enfrentó los uniformados hasta la una de la mañana. La Julia es sede de una Brigada Móvil del Ejército.
La tropa acudió en apoyo de la Policía, disparando tiros al aire y ráfagas de fusil a los pies de los enardecidos civiles. Hubo nubes de gases lacrimógenos. Los campesinos capturaron un policía y se apoderaron de su fusil. Al entregarlos, dijeron al Ejército: "No peleamos para agarrar policías, sino porque estamos cansados de que nos capturen cuando les viene en gana".
Hubo dos policías heridos y daños materiales, entre ellos tres motos averiadas por la tropa. Unos días después hubo otro revolcón. La policía capturó por sospechoso a un muchacho campesino que no portaba sus papeles y los habitantes de su vereda, tras reunirse, se presentaron al puesto y lo sacaron del encierro. También sucedió con el poblador de otra vereda.
Un desertor lo señaló como guerrillero y el Ejército lo aprehendió de inmediato. Valiéndose de la presión del desertor, el Ejército pretendía que el muchacho aceptara el cargo y se sumara al plan de reinserción. El detenido, ampliamente conocido en la zona, fue rescatado por decenas de campesinos de dos veredas, poniendo en evidencia la farsa montada contra él.
Santos puede decir en Glasgow que el hecho más importante que puede sucederle a Colombia es que le concedan a Medellín la sede de los juegos olímpicos juveniles, con lo cual da perfecta cuenta de lo que tiene en su cabeza. Nosotros creemos que sería la paz, al igual que todo ese pueblo que se cansó de tanta violencia y mentira, y se alza a la pelea contra ellas.
Montañas de Colombia, 4 de julio de 2013.


martes, 28 de mayo de 2013

La inamovible perseverancia de las FARC-EP. Por Gabriel Ángel, guerrillero de las FARC-EP

Guerrilleros de las FARC-EP en la trocha.

Tenemos todo el derecho a llamarnos revolucionarios y a ocupar el lugar que nos merecemos en la construcción del nuevo país

Por Gabriel Ángel


La ideología de las clases dominantes nunca bramó con tanta soberbia como tras la caída de la Unión Soviética. Lanza en ristre, políticos, académicos, intelectuales, militares y hasta comunistas arrepentidos se echaron encima del pensamiento revolucionario, alegando que carecía de lugar, pretendiendo ridiculizar a sus defensores y celebrando misas por su muerte intempestiva.

Absurdas elaboraciones sin el menor sustento histórico o científico pasaron a remplazar lo que llamaron con desprecio el metarelato. El fin de la historia, el choque de las civilizaciones, la ola democratizadora, sucesivamente emergieron novísimas interpretaciones de la realidad, bendecidas de inmediato por el gran capital y universalizadas con loas por los grandes medios.

Peor aún la avalancha desatada contra los revolucionarios en armas. Al tiempo que los marines norteamericanos pertrechados con el arsenal más moderno, amparados por sofisticada artillería, naves de guerra y aviones de alta tecnología destructiva, humillaban al Ejército iraquí en la Tormenta del Desierto, se nos hizo saber que nada justificaba ahora las rebeliones armadas.

Sin importar el lugar, las condiciones históricas,ni la naturaleza de las contradicciones económicas, sociales, políticas o culturales que particularizaban la situación de las distintas luchas de los oprimidos, un decreto expedido en las alturas imperiales, y aplicado de inmediato por sus cipayos en cada país, sentenciaba que sólo tenían algún sentido los medios pacíficos.

Dando por sentado, por supuesto, que en todas partes existían condiciones plenas para ejercicio de tal expresión de la lucha popular. Y partiendo de la premisa de que todas las manifestaciones, armadas y no armadas de inconformidad y rebeldía, habían tenido origen exclusivo en el interés soviético por ampliar su dominio en el mundo. Muerta la madre, había que sacrificar los hijos.

Si todas las formas de la lucha contra la explotación capitalista eran inyectadas por el comunismo ruso, si las presuntas injusticias y opresiones contra las que se alzaban los pueblos no eran más que invenciones de la propaganda subversiva promovida por Moscú, si el capitalismo era el escalón más alto e insuperable alcanzado por la humanidad, no había más remedio que rendirse.

Entre otras cosas, porque con el derrumbe del paradigma se pretendía probar la imposibilidad de una alternativa distinta. Todos los medios y discursos repitieron incesantemente que la salvación buscada no existía, como acababa de ser demostrado, pero sobre todo porque el peligro jamás había existido tampoco. El capitalismo nunca había sido un monstruo, sino una bendición bendita.

Canallas, miserables, dinosaurios despreciables y estúpidos, momias congeladas en las nieves del tiempo, piezas desechables de museo, ciegos sin lazarillo y sordos sin remedio, qué no se dijo de quienes perseveramos en la lucha contra las injusticias. La furia reunida de todos los huracanes era pequeña ante temible tsunami que se abalanzó sobre los revolucionarios y rebeldes.

Muchos cedieron, es verdad. Bebieron de la nueva fuente de la sabiduría y quedaron perplejos, anonadados por el descomunal gigantismo del poder omnímodo. Resignaron sus ideas y sus esfuerzos por transformarlo todo y construir su verdad. No merecen una palabra más que se refiera a ellos. Nosotros no, nosotros seguimos apostando a la causa y seguros de triunfar.

Desde entonces todas las iras imperiales y oligárquicas cayeron sobre nuestras humanidades, no hubo infamia que no se atribuyera a nuestra organización. Perseverar en la lucha se convirtió en estigma, patíbulos ejemplarizantes se irguieron para ejecutarnos con sevicia, los círculos del poder celebraron al unísono una y otra vez cada golpe que recibíamos. Nos volvieron malditos.

Aun así seguimos adelante. Inspirados entre otras cosas por la dignidad del pueblo de Cuba, esa nación de titanes que iluminados por las palabras del Fidel y El Che, se levantaba invencible en las narices del Imperio. Animados por la claridad diáfana del pensamiento de nuestros fundadores. Reivindicando la sangre y el honor de aquellos de los nuestros que caían en la embestida.

Pero sobre todo, conscientes de que no porque la repitieran millones de veces, la mentira institucionalizada iba a volverse cierta. Mientras el hambre y la injusticia afectaran a una inmensa mayoría de nuestros compatriotas, mientras la violencia sanguinaria del Estado continuara cercenando miles de vidas en nuestro suelo, nuestras razones al nacer se mantenían vivas.

No porque lograran imponerse por la fuerza de las armas y el miedo, se volvían válidos los argumentos del gran capital para saquear sin tregua las riquezas de nuestro país, para cortar de un tajo los derechos conquistados por los trabajadores en un siglo de luchas, para redistribuir la propiedad de la tierra a su favor mediante la generalización de la masacre y el destierro.

No porque nos llamaran de la peor manera, porque aseguraran que carecíamos de ideas y sólo nos alentaban motivaciones viles, porque sus cantos de sirena nos invitaran a la rendición al tiempo que nos arrojaban toneladas de explosivos y metralla encima, las FARC-EP íbamos a dejar de alentar a nuestro pueblo a la lucha y a arrojar la decencia a un lado del camino.

Somos revolucionarios, creemos en la posibilidad de que el pueblo colombiano reviente las cadenas con que ataron su soberanía nacional, apostamos sin dudar a que de abrirse los espacios para la expresión libre del pensamiento y el ejercicio de la actividad política, sin riesgo para la vida y la libertad, la gente honrada de nuestro país, esa gran mayoría, alcanzará los cambios necesarios.

Siempre hemos sabido que no es mediante la fuerza solitaria de las armas como vamos a conseguir el poder para nuestro pueblo. Pero sí sabemos que en las condiciones violentas y ventajistas en las que la oposición política es obligada a actuar en nuestro país, las solas vías pacíficas resultarán insuficientes. La sola historia de la UP lo demuestra.

En la particular situación que el pueblo de Colombia se ha visto obligado a vivir, el empleo revolucionario de las armas ha sido necesario para sostener la resistencia y mantener abierta la posibilidad de abrir el paso a una verdadera democracia. Ha sido la oligarquía de nuestro país, servil al imperialismo, la que ha hecho siempre la guerra. Nosotros le hacemos frente.

Que todo eso cambie es nuestra aspiración al dialogar con el gobierno en La Habana. Para alcanzar esa Mesa hemos tenido que soportar la más demencial arremetida que haya sufrido algún pueblo en toda la historia de nuestro continente. Durante 49 años continuos, miles de mujeres y de hombres hemos entregado lo mejor de nuestras vidas sin recibir un centavo a cambio.

Eso no nos confiere el derecho a considerarnos superiores a nadie. También somos conscientes de eso. Pero sin duda que tanto esfuerzo, tantas vidas regadas en el camino, tantos mártires sacrificados en la tortura y las mazmorras, nos otorga el derecho a llamarnos revolucionarios y a ocupar el lugar que nos merecemos en la construcción del nuevo país. Nadie puede negarlo.


Montañas de Colombia, 25 de mayo de 2013.

sábado, 6 de abril de 2013

Traicionar la conciencia es convertirse en escoria. Por Gabriel Ángel, FARC-EP.




Empeñarse en construir una sociedad más justa y humana es lo que verdaderamente dignifica el paso de una mujer o un hombre por este mundo.

Por Gabriel Ángel

Una linda estudiante de secundaria recibe la oferta de posar explícitamente desnuda a cambio de una buena suma de dinero. Las fotos o el video serán publicados en el exterior, sólo una casualidad muy desafortunada permitiría que alguien cercano a ella llegara a conocerlas. Se le pagará una suma considerable de dinero, con la que podrá adquirir algunas costosas prendas de moda, un móvil de última generación y hasta un PC para su exclusivo uso.

Sus padres o hermanos jamás van a saberlo. Además le ofrecen que podría vincularse a la discreta condición de chica prepago y ganar mucho más dinero en secreto. Inventar una explicación no sería tan difícil, ganó una rifa o su amiga de infancia que vive ahora en Norteamérica le envió unos dólares de regalo. A excepción del miedo invencible a lo desconocido, sólo unas sólidas convicciones morales le impedirán a la hermosa muchacha aceptar la tentadora oferta.

Pero la regla que inspira la sociedad actual la anima. Él éxito consiste en ganar la mayor cantidad de dinero posible, y la felicidad en acceder sin descanso a los bienes que nos enseñan a desear con la publicidad. El camino para ello está abierto. Consiste en emprender, esto es, en ingresar con audacia al mundo del mercado. Cada uno debe aprender a reconocer sus propias ventajas y luego a encontrar el modo de sacarles el máximo provecho frente a quienes carecen de ellas.


EL MUNDO Y LA VIDA son un juego permanente entre competidores. No se trata de lamentarse porque se carece de capital. Lo verdaderamente importante es la idea, la invención de algo que pueda satisfacer la demanda de otros. He allí el secreto de la fortuna. Mira qué tienes tú para ofrecer y lánzate sin complejos al universo de la competencia. No repares demasiado en tus prejuicios, esos no producen dinero y pueden hacer que de ti piensen cosas muy feas.

Todos los días, a toda hora, estamos escuchando esa lógica alucinante. Promueven un congreso juvenil de informática con el estribillo de un muchacho que soñaba con tener muchos amigos por la red y que halló el cómo. Ahora tiene millones de amigos, pero muchos más millones en el banco. Atrévete tú también. ¿Será que la chica de que hablamos no halla en la propuesta que le hacen una perfecta coincidencia con lo que la sociedad promueve? No puede ser tan malo.

Al fin y al cabo esa sociedad reconoce cada vez más los derechos de la gente, prostitutas, drogadictos, alcohólicos y degenerados. Libre desenvolvimiento de la personalidad. Hay bombas sexis reconocidas mundialmente que acceden incluso a altas posiciones políticas. Y que viven tapadas en plata. Igual podría pensar el que es tentado por el narcotráfico, por el saqueo de apartamentos ajenos, por cualquier forma lucrativa de violencia. Cuando se triunfa se es grande.



COMO EL EMPRESARIO que quiebra por la competencia extranjera, que sencillamente es arrollado por algún ganador, ser víctima de una desgracia en alguna orgía de drogas y sexo significa tan solo haber quedado a la vera del camino. O ser atrapado por la Policía tras haber cometido un crimen, no entraña que otros no lograrán coronar su plan y hacer mucho dinero. En la lógica del juego, unos ganan y otros pierden, lo importante es ubicarse siempre en el grupo de los que ganan.

No importa que haya sido al margen de la ley, ni valiéndose del crimen. Los dueños del poder saben retroalimentarse bien de los que llaman bandidos. Les acumulan las enormes ganancias en sus bancos, les proporcionan construcciones exclusivas y bienes de lujo. Llegado el momento, pasan a expropiarlos con sus aparatos judiciales. Ejercerán presión para la concertación de arreglos amigables en los que la libertad se comprará con la cesión de los últimos caudales.

Denunciar que un grupo cada vez más reducido de ganadores condena al creciente número de perdedores a las formas más viles de sobrevivencia, ha sido elevado a la categoría de repudiable delito. Proponer una forma alternativa de conciencia que se levante como un dique al torrente de la descomposición que alientan los dueños de los negocios y el poder, convierte a quien lo hace en blanco del estigma. Lo que no disminuye la urgente necesidad de hacerlo.


TOMAR CONCIENCIA, unirse a otros, proponer caminos distintos, empeñarse en construir una sociedad más justa y humana es lo que verdaderamente dignifica el paso de una mujer o un hombre por este mundo. Luchar por dejar de ser objetos que se venden y compran sin pensar, por evitar que prosiga la corrupción del medio ambiente natural y social, por salvar el planeta, la vida, la niñez y la decencia, constituye la esencia del pensamiento revolucionario de hoy.

Este capitalismo devastador tiene que ser destruido. Con sus enormes arsenales nucleares y poderosos ejércitos. Con sus sistemas de sojuzgamiento de unas naciones poderosas sobre otras más débiles. Con sus ideas y formas de gobierno que entronizan en el poder a los amos del negocio y se burlan de la voluntad de las grandes mayorías sometidas. Con su contracultura enajenante y la cauda de vicios que propaga.

Cada niño que perece por falta de atención a la puerta de un hospital debe la muerte al sistema. Cada jovencita violada en un callejón oscuro es consecuencia del sexo y la violencia que propagan sin límite los negocios mediáticos. El atracador baleado en la avenida por su presunta víctima es el grito de protesta de un frustrado comprador de mercancías. El padre de familia acuchillado a unos pasos de su vivienda por hurtarle un celular, es apenas un perdedor más en el juego del mercado.


LOS POLICÍAS O LOS SOLDADOS que pierden la vida en la montaña persiguiendo a la guerrilla, estaban muertos desde mucho antes. Perteneciendo al pueblo, al bando de los perdedores y humillados, creyeron que poniéndose al servicio de los amos, para aniquilar a aquellos de los suyos que liman con paciencia la cadena, iban a pertenecer por fin al gremio de los vencedores. Ignoraban que así mataban la esperanza que ellos y los suyos tenían para mantenerse con vida en el futuro.

En cambio, el guerrillero despedazado por las bombas que en la medianoche
rompieron el silencio de su campamento, no pudo ser muerto por la furia enemiga, pues desde tiempo atrás se había liberado de ella. Quien rompe en forma definitiva con el sistema de opresión, se retira de él e ingresa al fermento de una sociedad nueva en formación, pertenece a quienes siembran la vida, a quienes tejen el futuro del género humano y por tanto ya son parte de él, para siempre.

Se equivocan también quienes creen que encerrando a los revolucionarios en una celda les arrebatan la libertad. Nadie es más libre que ellos, que rompieron las cadenas de la dominación que los ataban a esa sociedad podrida. La libertad también es un asunto de conciencia. Eso no pueden comprenderlo los mercaderes ni sus bufones de feria, en tanto Simón Trinidad lo tiene bien claro. La conciencia, la nueva conciencia, ¡qué hermoso es vivir de acuerdo con ella!


Y QUÉ DESPRECIABLE ES TRAICIONARLA. Los poderosos aplauden a los traidores. Los pasan a diario por sus medios invitando a desertarse a sus antiguos compañeros. Prometiendo ilusos universos de felicidad. A solas, los desmovilizados saben que ahora son escoria, elementos desechables que sólo viven gracias a lo que recitan sumisamente ante un micrófono, miserables que se pusieron en cuatro ante los amos, del modo como quieren ellos pervertir a las muchachas de la secundaria.

Montañas de Colombia, 2 de abril de 2013.


martes, 12 de marzo de 2013

FARC y la historia de la caída de tres helicópteros de guerra: En La Habana dialogando y en Colombia combatiendo


Caracol confía y se hace vocero a los reportes de los militares en vez de cuestionar,
lo que es la obligación de un medio.


En La Habana dialogando y en Colombia combatiendo


2013-04-03 / Las Fuerzas Especiales no sólo perdieron el helicóptero que aterrizaba a las diez y quince de la noche del pasado 21 de febrero cargado con tropas suyas en Vistahermosa.

Gabriel Ángel
Por Gabriel Ángel, guerrillero de las FARC-EP, publicado en Resistencia, órgano de las FARC

Noticias recientes dieron cuenta de la caída de tres helicópteros de guerra en zonas de orden público en el territorio colombiano. En Vistahermosa, en el departamento del Meta, las fuerzas armadas reportaron la ida a tierra de un aparato por motivos que están siendo objeto de investigación. En Petrolea, Tibú, Norte de Santander, las fuertes ráfagas de viento causaron el accidente de otro, apenas unos días después. Y en el páramo de Sumapaz, en Cundinamarca, un tercer aparato resultó afectado por la furia del viento al día siguiente. En cada uno de los accidentes reportados se informó de unos pocos suboficiales, soldados o policías heridos.

Según los reportes emanados del alto mando militar o policial, parece que la mala suerte, los caprichos del tiempo o la desidia de los mecánicos militares, quizás los tres factores juntos, se han reunido intempestivamente para desgracia del personal que es trasladado en ejecución de operaciones ofensivas contra las guerrillas. La gran prensa, ni siquiera por equivocación, se atreve a insinuar que los helicópteros hayan sido derribados por la acción de los combatientes que desde tierra se ven obligados a enfrentarlos.

Es como si esa posibilidad no existiera. El gobierno colombiano y altos mandos militares, al igual que sus propagandistas pagos o gratuitos, se han encargado de posicionar en el imaginario colectivo las falsas ideas de un poder extraordinariamente invulnerable de las fuerzas armadas y una debilidad extrema en las guerrillas agonizantes. Se sostiene sin el menor recato que resulta absurdo pensar en una insurgencia del siglo XIX, y a las puertas del descalabro, propinando golpes contundentes al invencible Ejército del siglo XXI que se construyó el régimen en la última década. Se comprende la intención de tan publicitada imagen, convencer a los colombianos, incluidas las propias guerrillas, de que no hay nada que hacer frente al poder del Estado de hoy.

Guerrilleros de las FARC en la trinchera.


La única alternativa es el sometimiento. Nadie está en posibilidad de enfrentar la aplastante fuerza del poder. Solamente cabe la rendición, la aceptación de las reglas impuestas, el insoslayable futuro. Semejante afirmación, tan repetida de una y otra forma, es absolutamente falsa. Claro que se puede luchar, resistir, avanzar, golpear y herir de muerte al enemigo. Es lo que las FARC-EP estamos demostrando hoy, y lo que los poderes dominantes se empeñan en ocultar con rigurosos afán y cuidado. Que nadie se vaya a enterar, que no haya quien conozca los hechos y se atreva también a intentarlo. Que nadie vaya a gritar que el rey en realidad está desnudo.

Las ultramodernas y tecnificadas fuerzas especiales de la OMEGA no sólo perdieron el helicóptero que aterrizaba a las diez y quince de la noche del pasado 21 de febrero cargado con tropas suyas en la vereda Laureles de Vistahermosa, Meta, que se incendió por completo de inmediato, sino que otro aparato que intentaba aterrizar con él tuvo que retirarse seriamente averiado.

Varios de los soldados de élite que fueron desembarcados cerca por otros helicópteros cayeron víctimas de un campo minado instalado previamente por los muchachos del 27 Frente.

Las tropas que con apoyo de aviones bombarderos y más helicópteros intentaron remendar al día siguiente el fiasco, no consiguieron ninguno de sus objetivos, en tanto que no pudieron evitar que otro de sus aparatos de guerra tuviera que retirarse impactado desde tierra por los guerrilleros.

Así muestra la web del Ejército Nacional el suceso de Sumapaz, no el helicóptero
derribado por el fuego guerrillero sino un  helicóptero en su base


Son los hechos que jamás revela el Ejército, ni la prensa colombiana a su servicio, que los troca por extraños accidentes con un pequeño saldo de dos o tres heridos. Cabe preguntarse ahora, cuando los mandos militares gruñen exigiendo información sobre tropas suyas supuestamente desaparecidas por las FARC en zonas de orden público, de qué modo proceden con las familias de los soldados que perecen en esas condiciones. ¿Cómo explicarles que sus seres queridos jamás regresan, sin informar de las derrotas en que perecieron? No es de extrañar entonces la ola de solicitudes de baja de los miembros de las fuerzas especiales del Ejército, que prefieren ganar buen dinero sirviendo como mercenarios en otro país antes que perecer sin gloria en el suyo.


LA VERDAD ES QUE LAS TRES AERONAVES reportadas como accidentadas la última semana de febrero, se fueron a tierra como consecuencia del fuego guerrillero. Y las bajas causadas en el personal de combate también fueron ocultadas de inmediato por los mandos militares.

Fueron unidades del 33 Frente de las FARC las que impactaron seriamente el helicóptero que se vino a tierra en Tibú, por obra de las ráfagas de viento que reseña la prensa. Y el propio diario capitalino El Tiempo elaboró la misma semana un tímido informe acerca de la presencia de las FARC en el páramo de Sumapaz y los constantes combates que se presentan con las unidades del Ejército Nacional. Reconocer este tipo de situaciones resulta gravísimo para el Establecimiento ahora. Porque destruye la idea de que en La Habana las FARC se juegan la última oportunidad para rendirse.

. . . y la prensa copia hasta los títulos de los informes de las Fuerzas Militares. En la foto,
el helicóptero derribado por los guerrilleros del Frente 33 en Tibú, Norte Santander.

Y es mejor que la gente esté convencida de que la lucha de las FARC están perdidas. De eso se trata. Sobre todo si el país entero se halla a las puertas de un gran estallido social de protesta y movilización. Así lo concibieron los asesores y estrategas del régimen cuando previeron la inconformidad que podía presentarse con sus locomotoras de la prosperidad. Podrían capturar y encauzar la rebeldía contra sus políticas, conducirla a buen puerto con sus oenegés, sus angelinos y luchogarzones. Impedir a toda costa el menor nexo entre la lucha revolucionaria de las FARC-EP y las masas colombianas, arrebatar a la insurgencia y al pueblo las banderas de la lucha.

Pero la realidad está indicando otra cosa. Las FARC-EP no fuimos a La Habana a negociar nuestra desmovilización y entrega como esperaban en los balcones de Palacio.Fuimos a conquistar la paz con democracia y justicia social para Colombia. Y al mismo tiempo, calladamente, estamos demostrando nuestra enorme entereza en el campo de combate. Por su parte, el pueblo colombiano, solito, está dando muestras de su enorme independencia y madurez. No está dispuesto a dejarse manosear por el régimen. Ni por sus representantes vendidos. Tiene unos propósitos claros y está dispuesto a conseguirlos con firmeza. Quizás únicamente falta el salto a lo político, que la movilización social haga suya la idea de que con este régimen y con estos gobiernos no hay salida. Que hay que cambiar esto. Como sea.

Montañas de Colombia, 4 de marzo de 2013.




jueves, 6 de diciembre de 2012

El virus que enloquece las alturas dominantes. Por Gabriel Ángel.



Quizás la clave de su zozobra se encuentra en el espinoso asunto de la paz, de la búsqueda de la solución política al largo conflicto armado.

Por Gabriel Ángel
La enfebrecida dinámica de la política colombiana actual es el reflejo en la mentalidad social de la manera tan rápida en que se ahondan las profundas contradicciones que configuran el quehacer nacional. Las cosas mutan de modo sorprendente, despertando un agitado coro de posiciones encontradas. Lo que hasta ayer nos parecía estable y definitivo, se derrumba de repente ante nuestros ojos, poniendo al desnudo realidades impensables. Ninguna teoría sagrada se mantiene en pie, al tiempo que ningún prestigio se conserva incólume.
Los empresarios dispuestos a depredar la geografía ambiental y humana en su afán de explotación minera, renuncian de modo formal a su proyecto de desviar el río Ranchería, arguyendo que enfrentan un descenso inesperado de los precios de los recursos naturales en que fincaban pingües ganancias. Ecopetrol anuncia que no piensa invertir un solo peso en actividades exploratorias en Colombia, por cuanto el exceso de competencia ha elevado a niveles escandalosos los costos de esa actividad. La confianza inversionista espanta las inversiones de la más poderosa empresa nacional.
La hasta ayer más afamada firma de corredores de valores se derrumba intempestivamente, develando la mar de truculencias ocultas tras su respetable actividad en el mundo de los negocios, dentro de las cuales no faltan los vínculos con los más repudiados caposal borde de la extradición.El alcalde de Bogotá pasa alternativamente de príncipe a villano, según su voluntad de favorecer la privatización o la oficialización de los distintos servicios en la capital.La rama judicial entra en paro a fin de hacer cumplir la ley,bajo las agrias condenas del gobierno que termina celebrando acuerdos con ella. Estalla la inconformidad en amplios sectores de trabajadores de la justicia, renace de nuevo el paro, el Procurador amenaza mientras el Fiscal General apoya, en fin, un caos.
Recién homenajeaban al ministro de agricultura por la publicación de la vigésima edición de su tratado de Hacienda Pública, verdadera biblia de la materia en universidades de élite, cuando el mismo gobierno hizo público su proyecto de reforma tributaria, un atentado frontal contra todos los principios en materia de impuestos que expone Juan Camilo Restrepo en su obra. Uribe, quien posó fanfarrón de haber vencido con su seguridad democrática a la insurgencia, el mismo que materializó el acuerdo que posibilitó el juzgamiento de militares incursos en graves delitos por los jueces ordinarios, promueve y consigue que su entonces ministro de defensa y hoy Presidente, se apersone del restablecimiento generalizado del fuero militar, argumentando que hay que evitar que las FARC sigan arrinconando al Ejército.
Y como si fuera poco, tras ser uno de los principales responsables por la erráticas actuaciones de la diplomacia colombiana frente al litigio impulsado por Nicaragua, decide ahora marchar en San Andrés y reclamar en tono airado y vergonzante la rebeldía irracional ante al fallo de La Haya. Increíble. La dirigencia política que no se inmutó por la conversión de nuestro país en la más grande base norteamericana en Suramérica, que aprobó sin resquemores el libre comercio con las grandes potencias en desmedro de la industria  y la producción nacionales, que cuadriculó cuidadosamente la geografía nacional para entregarla por lotes a las transnacionales mineras, que puso al Ejército colombiano al mando de generales gringos, ahora se muestra hondamente herida en sus sentimientos patrióticos porque un pequeño país centroamericano les ganó limpiamente un pleito en derecho.
Resulta ahora que el gobierno de Colombia, que ha amenazado siempre a las FARC con la aplicación de los tratados y leyes internacionales, reclama enfurecido la inconveniencia y la arbitrariedad del derecho internacional. Y renuncia con gesto de dama indignada al cumplimiento del Pacto de Bogotá, uno de los pilares del sistema interamericano. Los dos grandes patriarcas del bipartidismo colombiano, Laureano Gómez, fungiendo  como canciller, y Alberto Lleras Camargo, primer Secretario General de la OEA, legaron a la oligarquía colombiana el refinado airede arquitecta de aquel sistema. Juan Manuel Santos, quien se reclama un sangre pura de esa casta privilegiada, insulta hoy su memoria.  Definitivamente las cosas están cambiando. Es Colombia, y no Venezuela o Bolivia, quien hunde traicionera la daga al panamericanismo.
Un extraño virus parece enloquecer las alturas dominantes. Al parecer el miedo a perderlo todo las mueve a obrar como elefantes en cristalería. Y quizás la clave de la zozobra se encuentra en el espinoso asunto de la paz, de la búsqueda de la solución política al largo conflicto armado. Una certeza ronda en el ánimo de los analistas más avizores. Si alguna cosa queda comprobada tras el desmedido esfuerzo de guerra de la última década, es que el aplastamiento de la insurgencia es un asunto imposible. Se la podrá frenar, contener, cada vez a un mayor costo, pero no va a ser posible vencerla. La economía del país no aguantará por mucho tiempo ese creciente gasto en vano, más cuando crece la desigualdad y la inconformidad social de manera abrumadora. El peligroso coctel de pueblo enardecido y guerrilla debe ser evitado a toda costa. Por eso el nuevo intento de salida política.
La mentira piadosa con que pretenden ganar simpatías, sugiere que las enormes sumas destinadas a la guerra podrían ser redirigidas al urgente gasto social. En realidad su mayor preocupación es alcanzar una paz lo más barata posible para los de arriba. Allá tienen sus propios problemas con la crisis financiera y la inconsistencia de su proyecto económico, no tienen el menor interés en meterse la mano al bolsillo para beneficio de campesinos, obreros, negros, indios y chusma desempleada. Se trata de conseguir la paz al tiempo que se les rebajan los impuestos a los más poderosos capitales y se grava sin piedad a la gente del común, de disminuir el gasto militar para redestinar esos recursos a la satisfacción de la creciente deuda pública, de ajustar las finanzas a los requerimientos internacionales. Armar ese rompecabezas no es fácil.
Los continuos titubeos y yerros revelan que se obra con el método pragmático del ensayo y el error. A ver qué pasa. Por eso se inician aproximaciones para conversar, al tiempo que se toma la decisión de matar al interlocutor. Muerto Cano quizás se entreguen los otros. No funcionó, habrá que ensayar la Mesa. El problema es que ésta genera enormes expectativas en el país, despierta el espíritu de quienes han creído en ello siempre. Cita a la enorme masa a la plaza. Entonces Mesa sí, pero al mismo tiempo no. Se firma en el Acuerdo General que "la construcción de la paz es asunto de la sociedad en su conjunto, que requiere de la participación de todos, sin distinción…", pero hay que oponerse luego a cualquier intento de vinculación directa de la sociedad con la Mesa. Se reconoce en el Acuerdo que "el desarrollo económico con justicia social y en armonía con el medio ambiente, es garantía de paz y progreso…", pero luego se sale a decir que no se discutirá el modelo económico.
Con su idea preconcebida en la cabeza acerca del desarrollo rural, ad portas de abrirse el debate sobre el primer tema de la Agenda acordada, el gobierno de Santos advierte públicamente, por boca de su cabeza de delegación en La Habana, que allí no va a discutirse el modelo de desarrollo rural, sino el modo en que la guerrilla va a articularse en el proyecto gubernamental para el campo. Y a nada más. Como quien dice, cuál va a ser la extensión de la tierrita que adjudicarán a cada desmovilizado y cuánto le van a prestar, o cuál es el empresario al que deberá asociarse o arrendarle su parcela. ¿Tiene eso alguna seriedad? Son ensayos que ponen de presente la mezquindad que los inspira. Y que comienzan a ser percibidos en su auténtica dimensión por el gran público.
Se acuerdala celebración de un foro a fin de recoger de la opinión nacional insumos para el debate entre las partes, pero el gobierno se niega de manera radical a admitir que la Mesa tenga contacto de algún modo con el pueblo de Colombia. Más aún, pretende imponer que ningún colombiano o extranjero pueda tener la mínima conversación con las FARC,como si la sede de la delegación en La Habana fuera en una especie de cárcel, de donde los guerrilleros confinados sólo puedan salir a sus sesiones en la Mesa y nada más. Siempre lo mismo, impedir el mínimo acercamiento entre la población indignada con las políticas oficiales y la insurgencia revolucionaria. Recién acaba de encarcelar, acusados de ello, a un buen número de intelectuales que a su juicio no son presos políticos. El gobierno colombiano cree que nadie se da cuenta de sus manipulaciones y maniobras engañosas, que nadie tiene en Colombia idea de lo que él trama para hacerlo pasar como proceso de paz.
Por eso se atreve a asegurar con voz oronda en todas partes, que no perderá nada si las conversaciones se rompen. Está errado por completo. Apenas un par de meses atrás, Santos tuvo un extraordinario repunte en las encuestas. Su deteriorada imagen se elevó a índices no imaginados por él mismo. Y todo por el anuncio de apertura de conversaciones de paz con las FARC. Por haber expresado su intención de buscar una solución distinta a la guerra para el grave conflicto colombiano. Su popularidad ha dado un verdadero salto al descenso en las últimas encuestas, y ello obedece precisamente a su actitud frente al tema que le sirvió para encumbrarse. Su desprestigio crece aceleradamente. La gente se dio cuenta de su falta de sinceridad, de sus abiertos propósitos de engañarla. Y no está dispuesta a dejarlo obrar así.
Algunas cosas elementales sirven para deducirlo. La furiosa andanada contra el discurso de las FARC en Oslo no podía menos que poner de presente la empecinada obsesión neoliberal del gobierno. Y no puede pensarse que la gente en Colombia es absolutamente ignorante en relación a los nefastos efectos que se traen consigo esas políticas. Como si fuera poco, la embestida ciega del ministro de la defensa ante el anuncio del cese unilateral de fuegos por parte de las FARC, bastó para poner al desnudo la hipocresía de la clase dominante. Desde los tiempos de Uribe, y hasta hace muy poco, todos los dirigentes oligárquicos de Colombia, y hasta los no oligárquicos que comen de su mano, exigían con arrogancia a las FARC el cese de fuegos unilateral como condición inamovible para abrir el diálogo. ¿Por qué las condenan ahora por decretarlo? No hay duda de que las cosas están cambiando muy de prisa. En el país de hoy no va a resultarles gratuito haber destapado la caja de Pandora. O se ponen serios, o tendrán mayores sorpresas. La gente está que brinca.
Montañas de Colombia, 1 de diciembre de 2012.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Carletti y Salomé, dos falsos revolucionarios


Carletti y Salomé, dos falsos revolucionarios

– 06/11/2012

Nacer en Colombia o en exterior no es lo importante. Lo que vale son las convicciones, la moral, los principios, la voluntad de sacrificarse por un pueblo.

Por Gabriel Ángel

Ahora que se ha puesto de moda hablar de extranjeros en las filas guerrilleras, me viene a la mente el recuerdo de Carletti. En realidad no puedo precisar si ese era su apellido en la vida civil, cuando ejercía como médico en algunas entidades oficiales, o si era su seudónimo en las filas de las FARC. Me inclino más por la primera opción, pues algo en mi memoria me dice que llevó un nombre distinto después de su ingreso. Era o decía ser italiano, no sé de cuál región.
Pese a superar la edad reglamentaria, pues rondaba los cuarenta cuando solicitó su admisión, su condición de médico europeo ameritaba aceptarlo. Blanco, casi uno ochenta de estatura, de cabello negro más rizado que liso y gafas, hablaba con acento extranjero y contaba historias del fascismo italiano. Oí hablar de él en el Frente 40, a finales del año 2001, cuando comenzaba a sentirse muy próxima la ruptura de los diálogos del Caguán. Luego lo conocí personalmente.
Me encontré a alguien muy distinto al imaginado. Demasiado romántico, quizás iluso, poseído por una especie de extravagancia mental que lo llevaba a considerarse iluminado. No resultaba agradable hablar con él, más bien fastidiaba, hasta el punto de hacerlo a uno pensar en evadirlo cuando lo veía acercarse. Los guerrilleros, y particularmente las muchachas, comentaban acerca de su exigencia de desnudez total cuando se trataba de realizar un examen médico general.
Pero nadie podía decir que hubiera intentado sobrepasarse. Parecía proceder con un criterio eminentemente sanitario, hasta el punto de que más que respetuoso, podía decirse que obraba con indiferencia profesional total. Algo extraño, sí, pero en realidad normal entre galenos, como lo certificaban otros médicos como Lucas o el propio Mauricio, quienes llevaban ya muchos años militando en las FARC, adentro, en la selva, sin aplicar la misma exigencia nunca.

Carletti profesaba ciertas ínfulas de Subcomandante Marcos. Fumaba, por ejemplo, una pipa enorme y gustaba usar un sombrero de paño oscuro tipo Gardel. Pese al tremendo calor que hace en el área de La Uribe y Mesetas, en el departamento del Meta, particularmente en la convergencia de los ríos Duda y Guayabero, gustaba de ponerse un saco de esos que se visten en la ciudad, y sobre él su bandolera llena de tiros de escopeta, dado que prefería esa arma al fusil.
Además posaba de escritor, preferiblemente de poeta. Cargaba consigo unos poemas impresos que aseguraba eran la obra de toda su vida. No eran muchos, ni muy largos tampoco, quizás unos veinticinco o treinta, pero según él llevaba muchísimos años puliéndolos, pues su empeño era alcanzar con ellos la perfección poética. Se los entregaba a uno para que los leyera y luego le diera una franca opinión. Nunca me parecieron gran cosa, pero cuidaba de no herirlo con mi juicio.
Al poco tiempo de su ingreso comenzó amores con una guerrillera alta, delgada y bonita, de la cual solía manifestar en confianza que lo tenía alarmado. Lo movía a tener sexo diariamente, todas las noches, lo cual casi lo escandalizaba. Jamás había conocido una mujer así, aseguraba, y tampoco era esa la costumbre en Italia. Obviamente la relación no duró mucho tiempo. Luego lo vi ennoviado con otra muchacha que también solía profesar de inclinaciones poéticas.

Se llamaba Salomé y creo que estaba en el 40, en comisión del Frente Antonio Nariño, trabajando en el taller de propaganda. Ella solía hablar de la vida desordenada, de la bohemia pura que caracterizaba el mundo de los escritores, y con ese argumento trató de aproximárseme al tiempo que me enseñaba algunos de sus versos. Eran pésimos, y además ella carecía de la altura intelectual que se arrogaba. Murmuró que yo era un tipo desagradable, que carecía de ángel.
Una mañana, pocas semanas después de roto el proceso de paz y terminado el despeje de que gozaba el área del 40 Frente, en curso el Plan Tánatos que elaboró el Ejército para supuestamente recuperar los municipios de la zona de distensión, lo encontré planteándole a un comandante que le diera permiso para irse a Bogotá, en compañía de la compañera Salomé, quien le serviría de guía, para llevar a cabo allá unas acciones militares de enorme repercusión.
Proponía utilizar un carro de su propiedad como coche bomba frente a una entidad oficial. O ingresar con un maletín repleto de explosivos a no recuerdo qué batallón, al que podía entrar porque había trabajado allá antes como médico. Decía tener todo listo para ejecutar las acciones. Sólo requería salir. Sus propuestas parecían de demente. No podía creer que hablara en serio. Desde luego que nadie lo atendió. Más bien lo invitaron a dedicarse a sus tareas médicas.

Un par de meses después, volví a encontrarlo en una vereda llamada Gaviotas. La militarización era impresionante, por todas partes circulaban enormes patrullas enemigas. Debido a sus teorías y a que se quejaba de serios quebrantos de salud, los mandos habían decidido dejarlo en la pequeña propiedad rural de un miliciano, para que le prestara alguna atención y le consiguiera sus medicinas mientras pasaba la operación. El miliciano alegaba estar desesperado con él.
No quería entender que debía permanecer encerrado en un cuarto para que nadie lo viera, sino que se salía al camino real, donde muchos lo detallaban por su aspecto y acento extranjero. Todo el tiempo estaba hablando de irse para el pueblo, a Villavicencio, a Bogotá, adonde quiera que le fuera posible marcharse para Italia, terruño al que pensaba regresar para ser enterrado, pues juraba estar afectado del mismo cáncer mortal que había matado a varios de sus parientes.
Era evidente su alto grado de desmoralización. Fácilmente se percibía que su enfermedad era imaginaria. Además lloraba por la pérdida de su inseparable mascota, un cusumbo que alguien capturó en el monte y se lo regaló tiempo atrás, y que él mismo envenenó, al darle a beber agua en la tapa de la caneca del tóxico que el campesino empleaba para matar la maleza. El miliciano temía que el tipo fuera capturado en su casa y lo denunciara a él. O que huyera hacia el Ejército.

Ya no exhibía nada del fanfarrón que contaba que en sus tiempos en el municipio de Granada, había puesto su pistola en la cabeza de un funcionario oficial, por negarse a ordenar el tratamiento médico que urgía un enfermo. Decía que por haberlo forzado, le habían dictado después una orden de captura. Tampoco lucía la jactancia con la que se ufanaba anteriormente, de haber hecho parte de Sendero Luminoso en el Perú y algunas otras guerrillas de Centroamérica.
Recuerdo haber sentido un estremecimiento de espanto, cuando alguno de los que presenciaban la escena, murmuró en voz baja que el asunto ameritaba su fusilamiento. Estaba poniendo en peligro al miliciano y su familia, además de que si se entregaba o era capturado, lo más seguro era que iba a delatar todo cuanto había conocido de la guerrilla. Incluso alguna vez había ido a atender al propio Manuel Marulanda en su campamento de la montaña. Era un peligro real.
Ninguno nos tomamos en serio la desafortunada insinuación. Además de que en las FARC es imposible arreglar un asunto de esa manera, no había condiciones para llevárselo detenido a un campamento, reunir una Asamblea de guerrilleros y convocarle un consejo revolucionario de guerra. Ahí quedó Carletti cuando lo vi por última vez, con la voz llorosa, gimiendo por su mascota, quejándose de lo triste que era morir lejos de la tierra que lo había visto nacer.
Había cosas mucho más urgentes que atender. Varios días después conocimos la noticia. Carletti había aprovechado un descuido del miliciano y se había escapado a la carretera. Encontró el modo de que algún conductor lo arrastrara hasta La Julia, donde se presentó al Ejército. Sirvió como guía de la patrulla que llegó hasta el Hospital que montaba el Bloque Oriental de las FARC en el área del Guayabero, donde entregó innumerables y costosos equipos médicos.

Allá lo habían llevado una vez en ejercicio de su función médica en la guerrilla. También les informó de todo cuanto había podido conocer en filas, incluso habló de dónde podían encontrar a Manuel Marulanda Vélez. No supimos de él más nunca. Suponemos que fue autorizado a salir del país, aunque es probable que haya ido a parar con su cáncer a alguna cárcel. Si no fue que lo sepultaron en alguna fosa común después que no les sirvió para nada.
También elementos de esa condición han llegado a nuestras filas. Es probable que desde antes hubiera sido un agente al servicio del Ejército colombiano o de la CIA. Algún tiempo después nos enteramos de que en el Frente Antonio Nariño habían descubierto una infiltrada en sus filas. Provenía del DAS, se trataba de Salomé, la compañera con la que proponía salir Carletti a consumar sus atentados. Entiendo que fue fusilada tras un consejo revolucionario de guerra.
Personajes como Carletti o Salomé jamás logran echar raíces en las FARC-EP. Vienen predispuestos a encontrarse con personas y situaciones completamente distintas. Acá se enfrentan con principios, valores, convicciones, moral, voluntad de sacrificio. Por eso fracasan y quedan a la vera del camino, mientras el conjunto de la organización avanza. Siempre ha sido así. Como dice la vieja canción, lo que importa no es dónde se nace, ni dónde se muere, sino dónde se lucha.

Montañas de Colombia, noviembre 1 de 2012.